Un hombre que vivía como un ermitaño, en una choza de chapa, entre unos matorrales, a orillas de la Laguna Negra de Trelew, adonde van los efluentes cloacales de la ciudad, fue hallado muerto ayer, a los dos días de haber fallecido, con mutilaciones en la cara, el cuello y la cabeza. 

Es por eso que su deceso fue considerado como «dudoso» y desde la Justicia ordenaron que se le hiciera la autopsia, aunque la Policía cree que los cortes que presentaba eran mordeduras de los dos zorros que convivían con él, que lo estaban empezando a comer.

El macabro hallazgo se registró alrededor de las dos de la tarde, y el que encontró el cadáver fue un conocido del occiso que habitualmente le llevaba alimentos o que le compraba el aluminio, y que llamó enseguida a la Policía. Las autoridades, hasta anoche reservaban la identidad del fallecido porque -según decían- no había certeza de cómo se llamaba, sólo se sabía fehacientemente que tenía entre 30 y 40 años y que desde que era adolescente vivía en ese lugar; en las condiciones en que encontró la muerte.

El sitio está situado a un kilómetro y medio al noreste de Trelew, a unos 400 metros campo adentro del camino que conduce al basural municipal de la ciudad.

«El cuerpo está carcomido», aseguró el ministro de Gobierno Federico Massoni, quien se acercó al lugar y habló posteriormente con la prensa. «Esta persona criaba zorros, entendemos que la muerte data de entre 24 y 48 horas, el cuerpo ya había entrado en descomposición y parece que los animales le han comido algunas de sus partes blandas», explicó el funcionario.

Dijo después que se estaban haciendo las averiguaciones a los fines de descartar «un hecho violento». «Tenemos que saber quién es y después se pondrá el cadáver a disposición de los familiares», añadió Massoni. «Lo único que tenemos hasta este momento es el nombre de pila de la persona, que nos lo facilitó alguien que tenía trato con él y que le compraba lo que comercializaba. Este hombre juntaba aluminio y luego lo vendía», acotó.

Sobre el final se le preguntó al ministro si era cierto que el occiso vivía ahí donde murió. «Sí. Tenía construida una casita muy precaria, de chapa, y según la persona a la que entrevistó la Policía, no era alguien que tuviera contacto con otras personas; vivía bastante aislado», concluyó.

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