Lenny Kravitz exploto en el Lollapalooza




Desde su aparición en escena, a Lenny Kravitz se lo ha castigado por dos cosas: su tendencia al “homenaje” a la música de otros artistas y su manera de hacer que los mensajes bienintencionados de sus letras parezcan sacados de sobrecitos de azúcar.

De todos modos, el cantante, guitarrista y compositor neoyorquino ha desarrollado una carrera que, con algunos altibajos, más de la mayoría de sus colegas quisiera tener. Desde su debut en 1989, ha metido una catarata de hits en las mentes de varias generaciones, entregado shows impecables y repartido sensualidad por medio planeta.

Todo lo anterior se materializó durante su recital en Lollapalooza, donde además pareció sacarse la frustración de su accidentada presentación en Chile: allá debió reducir la lista por problemas técnicos, acá se pasó 15 minutos de lo pactado y se superpuso a Kendrick Lamar. Desde el comienzo con “Fly Away”, la multitud se dejó llevar por las guitarras tan distorsionadas como prístinas, apoyadas en el bajo de Gail Ann Dorsey (quien tocara con David Bowie durante dos décadas). La voz de Lenny Kravitz no acusa el paso del tiempo y, encima, todos los músicos de su banda hacen coros perfectos. “Dig In” y el cover de “American Woman” (The Guess Who), cuya coda reggae desembocó en “Get Up, Stand Up” (Bob Marley & The Wailers), terminaron de ganarse al público.




Viejo lobo de escenarios, Kravitz aprovechó el momento para presentar las únicas dos canciones de Raise Vibration, su último álbum, con un discurso en el no se le pasó mencionar a la Argentina como uno de sus lugares favoritos, hablar de amor y fe, y de estar del lado correcto de la historia. Enseguida, “It’s Enough” mostró su lado más “político”, con una letra que da cuenta del odio racial en Estados Unidos. Que el cantante se moviera sensualmente quizá le haya sacado un poco de peso al mensaje, pero es como si no pudiera evitarlo. Mejor le sentaba ese comportamiento a “Low”, el otro estreno ante el público porteño, que destiló soul a la manera de Kravitz.

“¡Michael Jackson!”, gritó súbitamente el cantante antes de empezar una larga y mutante versión de “It Ain’t Over ‘Til It’s Over”. La respuesta a la invocación no fue la ovación que quizá Lenny Kravitz estaba esperando, así que se dedicó a la canción. “Can’t Get You Off My Mind” y “Believe” continuaron con el ambiente “buena onda” que transmite el músico, quien cambió la guitarra acústica por una Gibson SG para repartir los riffs de “Always on the Run”, mientras su sección de vientos arrasaba con lo que se le pusiera enfrente. Como en un chiste privado, después de confesar que siempre está corriendo, el cantante metió en la lista “Where Are We Runnin’?”, y “Again” redondeó el show antes de los bises.

“Let Love Rule”, en una versión extensísima, apenas iba por las primeras estrofas cuando en Main Stage 2 ya saltaba Kendrick Lamar. A Kravitz le importó un belín y se dedicó a lo suyo, que incluyó bajar a saludar al público durante varios minutos. “Are You Gonna Go My Way”, interpeló al final. Muchos ya habían elegido otro camino, pero el cantante neoyorquino sabe que cuenta con miles de aliados que le siguen el paso.

 

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