DeepSeek se convirtió en una herramienta recurrente para distintos grupos de hackers relacionados con China, según un análisis de la firma taiwanesa TeamT5. Los investigadores detectaron que algunos colectivos duplicaron la cantidad de operaciones después de incorporar este modelo de inteligencia artificial en diferentes etapas de sus ataques informáticos.
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La utilización de la IA se concentró principalmente en tareas de reconocimiento, generación de código malicioso y desplazamiento dentro de redes previamente comprometidas. TeamT5 identificó varios grupos que recurrieron a estas herramientas: Grimfengxi las usó para generar código destinado a exploits, Huapi atacó el sistema de correo de una empresa taiwanesa y Teleboyi recopiló más de 1.000 direcciones IP para analizar los dominios de una compañía.
DeepSeek atrajo a los atacantes por sus menores restricciones
Charles Li, analista jefe de TeamT5, explicó que DeepSeek combinó una capacidad elevada con menos barreras de ciberseguridad que otros modelos. Según el especialista, las herramientas occidentales también despertaron interés entre los atacantes, pero sus restricciones exigieron mayores esfuerzos para sortear los mecanismos de protección. Otro grupo, denominado Slime22, incluso incorporó Claude Code para simular el trabajo de un ingeniero que realizaba pruebas de seguridad.
Pese al crecimiento de estas prácticas, las investigaciones mostraron que los hackers todavía necesitaron intervención humana para completar ataques efectivos. Un caso estudiado por la firma Unit 42 analizó un intento contra más de 460 objetivos mediante un sistema basado en DeepSeek. La herramienta buscó programas vulnerables, recopiló información disponible públicamente y seleccionó posibles blancos, pero no consiguió explotar de forma autónoma las vulnerabilidades detectadas.
La automatización total todavía encontró límites
Durante esa prueba, el sistema seleccionó la plataforma de automatización n8n después de identificar más de 25.000 instalaciones expuestas en China. El agente encontró tres versiones vulnerables, pero todas exigieron autenticación y el proceso automático no consiguió avanzar. Los ataques que finalmente tuvieron éxito requirieron acciones manuales del operador, que logró extraer información y ejecutar comandos.
El debate sobre la automatización también alcanzó a Claude Code. En noviembre de 2025, Anthropic informó que un grupo respaldado por el Estado chino automatizó entre el 80% y el 90% de una campaña de espionaje contra unas 30 organizaciones, aunque pocos intentos resultaron exitosos. Los casos mostraron que la inteligencia artificial aceleró y amplió distintas etapas de los ciberataques, pero todavía no reemplazó la intervención humana en operaciones complejas.
