La posibilidad de descifrar la comunicación de murciélagos, ballenas, aves y otras especies mediante inteligencia artificial despertó un creciente interés científico. Sin embargo, un estudio publicado en la revista Current Biology advirtió que encontrar semejanzas entre sonidos no equivale a comprender su contenido ni la intención del animal que los produce.
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El trabajo, liderado por especialistas de la Universidad de Tel Aviv, determinó que vocalizaciones acústicamente parecidas pueden comunicar mensajes diferentes. También ocurre lo contrario: sonidos con estructuras muy distintas pueden expresar una misma necesidad, una dificultad que limita las clasificaciones realizadas únicamente mediante algoritmos.
Redes neuronales puestas a prueba con bebés
Para comprobar esa limitación, el equipo utilizó grabaciones de niños pequeños que todavía no hablaban, ya que los adultos podían reconocer parcialmente qué intentaban comunicar. Las vocalizaciones correspondían a tres situaciones: angustia, llamado a un progenitor específico y pedido de comida.
Los investigadores analizaron el material con un método acústico tradicional y dos redes neuronales profundas. Una estaba entrenada con sonidos de animales y la otra con habla humana adulta. Aunque los sistemas avanzados obtuvieron mejores resultados que el procedimiento clásico, todos cometieron errores al relacionar las vocalizaciones con su verdadero significado.
El comportamiento resulta clave para comprender los mensajes
Los modelos reunieron sonidos que respondían a necesidades diferentes y, al mismo tiempo, separaron vocalizaciones distintas que comunicaban una misma intención. Tampoco consiguieron reconocer el aumento progresivo de la urgencia dentro de una secuencia, una variación emocional que las personas suelen percibir de manera espontánea.
Para Yossi Yovel, uno de los autores, identificar patrones acústicos no significa necesariamente descifrar un mensaje. El equipo concluyó que la IA debe complementarse con observaciones del comportamiento, reproducción experimental de sonidos y estudios del sistema nervioso, porque comprender la comunicación exige analizar cómo cada especie recibe el estímulo y reacciona ante él.
