Una de las bandas más grandes de Latinoamérica, Angra, regresará a la Argentina este año para celebrar con su público los 30 años de "Holy Land", uno de los discos más icónicos del Power Metal.
Esta celebración será la única oportunidad de disfrutar el álbum en su totalidad con músicos llegados directamente desde Brasil para ejecutar los ritmos afrobrasileros que tanto caracteriza a este lanzamiento.
La velada será el sábado 22 de agosto en el Arena Sur y las entradas ya están a la venta en la web de Passline en este enlace.
A través de las reflexiones del guitarrista y fundador de Angra, Rafael Bittencourt, queda al descubierto cómo el paso del tiempo obliga a sanar viejos agravios, la dificultad real detrás de gestionar egos artísticos y el verdadero significado de la unión dentro de una escena musical marginada.
La gestión humana y la compleja convergencia de los egos artísticos
Para Bittencourt, el verdadero desafío de sostener un proyecto musical a lo largo de las décadas radica en la convivencia y el manejo de los recursos humanos. El músico destaca la complejidad de mantener a flote una estructura colectiva: “Pero creo que la mayor lección fue darme cuenta de que lo más difícil es la gestión de recursos humanos, la gestión de personas. Esa es la parte más difícil, porque no podés hacer una banda solo. Solo, ya no es una banda. Entonces, si necesitás gente, esa gente se une por un objetivo común. Creo que lo más difícil es comunicar, mantener, inspirar, motivar, gestionar las relaciones para que estos objetivos sean compartidos”.
Esta dificultad aumenta cuando se cruzan las aspiraciones individuales de cada integrante, exigiendo un delicado equilibrio para no naufragar: “Cada músico, cada artista, tiene sus propios objetivos individuales. Entonces, la banda, sea cual sea, necesita ser una convergencia de intereses que son personales, pero que de alguna manera se acomodan a un interés común. Y cuando ese interés común no existe, las cosas te empiezan a abrumar. Creo que esa es la parte más difícil. Hacer la música no es la parte más difícil”.
Cuando esas metas compartidas se desdibujan, afloran los conflictos y las declaraciones cruzadas, un terreno donde el guitarrista prefiere apelar a la prudencia y al resguardo de las palabras:
“Las críticas que existían eran las visiones personales de cada individuo; no hay manera de explicar esos hechos. En realidad, tienen perspectivas sobre esos hechos. Entonces, de hecho, son fragmentos de una visión sobre los hechos, y muchas veces sentí que no tenía que responder. Muchos dicen que el silencio otorga, pero creo que no es solo eso; creo que a veces una persona quiere atención, una persona está herida y quiere descargarse...”.
El reencuentro, el alivio del público y el arte como canal del duelo
Afortunadamente, el tiempo también abre la puerta a la reconciliación y a limpiar asperezas del pasado que parecían definitivas. Bittencourt recuerda el valor de sentarse a hablar para recuperar los sentimientos originales: “Tuvimos una conversación en la que realmente pudimos sanar una serie de agravios y realmente pudimos recuperar la amistad, el afecto, el respeto, la admiración, una serie de sentimientos que habían estado, digamos, ahogados durante bastante tiempo”.
Esta pacificación interna no solo beneficia a los músicos en el estudio, sino que repercute de forma directa en la comunidad que los rodea y que suele quedar atrapada en los conflictos de la banda: “Las tensiones dentro de la banda terminan generando tensiones dentro del propio público. Y el público se divide, toma partido y empieza a pelear también. Entonces, el hecho de que estas tensiones se relajen también hace que el público se relaje y se sienta más a gusto con varias cosas”.
Por otra parte, el arte se transforma en la herramienta indispensable para procesar las pérdidas físicas y transmutar el dolor en una experiencia colectiva:
“La muerte es algo que solo podés procesar a través de… la abstracción, el misterio, la religión, la espiritualidad, porque es intangible. Lo que podemos hacer es sentir que va a estar presente, que es parte de esto. [...] Se trata de poner eso en la interpretación de una manera artística y transformarlo en una gran celebración, casi un ritual, un ritual de transformar energías que estaban estancadas”.
El significado del legado y el rol social de la música
Con los años, el impacto de las canciones adquiere una dimensión diferente al observar cómo la propuesta trasciende a través de las nuevas generaciones. El músico analiza con emoción la permanencia de su obra en la vida de los fanáticos: “Nos estamos conectando con lo que esto representó para la gente. El fan era un adolescente en ese entonces, hoy va a ver este show con su hijo al lado, con su familia al lado, ya en otra etapa de la vida. Y luego está la emoción de seguir teniendo relevancia, representatividad para ese fan, esa persona”.
Este peso histórico obliga a los integrantes a pararse desde un lugar de mayor responsabilidad y compromiso: “Estamos en este momento de vernos, de saber que cada pieza acá es importante para lo que hacemos. Y de tomarnos más en serio, no en la pose del artista, sino tomar en serio lo que representamos”.
Finalmente, Bittencourt desarma las concepciones idealistas o ingenuas sobre el compañerismo en la escena pesada, bajando el concepto a tierra desde el respeto profesional y la colaboración mutua para defender el espacio ganado: “Cuando hablan de unidad, no se trata de tomarse de la mano y salir a cantar por la calle. La unidad se trata de saber la importancia del otro, tener respeto y colaborar para que el territorio exista y se fortalezca”.
Fuente:
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Todas las declaraciones citadas corresponden a la entrevista realizada a Rafael Bittencourt por el medio especializado Wikimetal en marzo de 2026.
