El aclamado proyecto solista de la icónica vocalista de Portishead, Beth Gibbons, se presentará por primera vez en Argentina en el marco de su gira sudamericana. Detrás de esta voz inconfundible se encuentra una artista de culto que cuida cada aspecto de su sonido y su vulnerabilidad emocional, incarnando en su flamante y aclamado álbum solista Lives Outgrown (producido junto a James Ford y nominado al Mercury Music Prize) una profunda reflexión sobre la mortalidad, la maternidad, la ansiedad y la transformación personal.
A lo largo de su meteórico y respetado recorrido, la artista británica dejó una marca única gracias a su cruda autenticidad y colaboraciones históricas como Out of Season con Rustin Man, la magistral Symphony of Sorrowful Songs de Górecki, su memorable participación en "Mother I Sober" de Kendrick Lamar y su versión de "Sunday Morning" para War Child. Su esperada presentación en vivo en Buenos Aires tendrá lugar el próximo 27 de mayo de 2027 en C Art Media, donde repasará lo mejor de su carrera y presentará su nuevo material.
Las entradas generales se podrán conseguir de forma online a partir del 11 de septiembre a las 12:00 pm (hora local) en Passline.
El relato sobre Portishead suele pecar de reduccionista frente a la compleja realidad de la banda. Si algo los definió desde el principio fue una postura inquebrantable ante la exposición mediática, ya que "no solo evitaban las entrevistas, sino que rehuían de tomarse fotos de prensa y evitaban tocar su música en vivo excepto cuando se sentían obligados a hacerlo". Las escasas entrevistas archivadas muestran esa profunda incomodidad. En una aparición en la televisión francesa, Beth Gibbons no llegó a pronunciar palabra antes de reírse y agitar la mano, "como si dijera: 'No, no, no, lamento mucho que tengas que traducir por mí'". Mientras la cámara la enfocaba, "se lleva la cabeza a la mano, todavía riendo y aún cubriéndose la cara de la pantalla... Es pura energía nerviosa, rebotando y retorciéndose en su asiento". Al preguntarle sobre su pasado musical, respondió simplemente: "'Canté mucho en mi habitación', admite".
Durante una emisión de 1995 del programa The New Music, la brecha entre la industria y el grupo quedó expuesta. Cuando les contaron que Dummy había sido calificado como uno de los "mejores discos para tener sexo de 1994", la reacción fue letal: "Gibbons mira incrédula hacia el frente, con los brazos cruzados. Barrow tiene la cabeza entre las manos, sacudiéndola. 'O sea, no lo veo', dice. 'Jamás podría tener sexo escuchándolo, porque me imaginaría a toda la banda en la habitación con vos'". Esta honestidad también aplicaba a su trabajo en el estudio. Según la leyenda, Geoff Barrow era "un operador de cintas horrible que no podía hacer nada bien" y él mismo confesó a Mojo que "lo único en lo que era realmente bueno en el estudio con Massive Attack era preparando té". Sin embargo, su oído cautivó a Adrian Utley al reconocer un beat y querer saber "cómo habían logrado que se repitiera de esa manera".
A la hora de grabar, la identidad sonora se apoyó en la textura de lo maltrecho. "Quizás estoy enamorado de la forma en que tocaban instrumentos rotos a propósito, incluido el teclado Fender Rhodes del cual se tomó el nombre 'Roads'", analiza el texto original. "La novedad siempre fue el objetivo, pero hicieron algo que sonaba antiguo: no antiguo en el sentido de cansado o trillado, sino en el sentido de andrajoso, erosionado y destruido". Esa estética nacía a veces del azar: "El tema principal de 'Glory Box' es un sample de 'Ike’s Rap 2' de Isaac Hayes de 1971. La forma en que suena en manos de Portishead se debe en parte a la mera casualidad: Barrow encontró una copia física del disco de Hayes que había sido dañada y deformada por el sol". Frente a la etiqueta de música ambiental que les quisieron imponer, Barrow sentenció años después que si alguien lo usaba de fondo en una cena, él querría "entrar con un bate de béisbol y hacer mierda su set de fondue".
La instrumentación del álbum construyó un paisaje irrepetible. "Mysterons" "llega como un suave envoltorio de un Fender Rhodes tintineante, toda la grandiosidad de un tema de James Bond y el rasguño de una aguja tirada de un lado a otro a través de los surcos de un LP desgastado", mientras que "Sour Times", "basada en un sample de la banda sonora de la serie de televisión Misión Imposible de la década del 60, es jazzera y ruda; ese tintineo de canción de espías es inmediatamente inconfundible". Por su parte, "Wandering Star" "se abre con un ritmo en staccato que suena como el precursor más lento y melancólico de lo que Portishead haría en 'Machine Gun' 14 años después". Sobre este tapiz sonoro, "a medida que la voz de Gibbons sube, se afina y se suaviza para facilitar la transición del arreglo de vuelta a un ritmo", logrando una textura que "crepita y estalla al igual que el vinilo de 12 pulgadas que Barrow hace girar junto a ella".
El impacto de la obra se resume en los colores de su propia portada: "Es lo suficientemente oscura como para no sentirse clínica, pero demasiado saturada como para parecerse a algo natural... Dummy fue la banda sonora perfecta para un apocalipsis que nunca sucedió: para un mundo asustado y aterrador que sigue comprometido con su propia desolación invasora".
