Luego de una muy larga espera, finalmente la banda de South Gate, Cypress Hill, regresará a la Argentina este año en el marco de su tour "Dios Bendiga".
El conjunto se estará presentando el 8 de noviembre en el Estadio Malvinas Argentinas.
Las entradas.se van a poner a la venta mañana martes 9 de junio a las 10 de la mañana únicamente en la web de EntradaUno.
El hip-hop de la vieja escuela y el rap rock construyeron su lpropia sobre la base de la honestidad callejera, el respeto por las raíces y una energía en vivo que rozaba lo peligroso. A través de diversas declaraciones cruzadas, se revela cómo el descubrimiento musical puede cambiar una vida, la importancia de mantener los roles claros para perdurar en la industria y la filosofía de experimentar constantemente para no aburrirse de uno mismo.
El motor de la inspiración, los roles claros y el antídoto contra el aburrimiento
El chip que te mete de lleno en la música suele activarse con un momento bisagra. Así lo recuerdan al repasar sus inicios en la cultura urbana: “Estábamos metidos en la escena del breaking del hip hop, pero cuando me metí en la música fue por Run DMC. Había escuchado hip-hop antes de ellos, pero realmente no me conmovía de esa manera. Cuando los vi actuar en Soul Train por primera vez... cambió mi vida por completo”. Esa pasión inicial se transformó con los años en una estructura de trabajo sólida y madura, clave para sobrevivir en el negocio: “En el primer disco no tenía confianza, no el tipo de confianza que sentía que necesitaba... Cuando empezamos, nuestros roles se definieron pronto, ¡y funcionó! Así que, si no está roto, ¿para qué arreglarlo? Nos mantuvimos en nuestros roles y eso demostró ser una combinación ganadora”.
Para no estancarse, la clave es entender el estudio como un laboratorio donde todo se puede mezclar: “¡Siempre hay música diferente que puedes intentar agarrar!... Estamos constantemente intentando inventar algo que nunca hayamos hecho antes para evitar aburrirnos de nosotros mismos”. Este desparpajo a la hora de fusionar estilos rompió varios prejuicios internos: “Definitivamente nos hizo más abiertos; después de eso, ¡estábamos listos para hacer cualquier cosa! Realmente me abrió musicalmente porque nolo pensaba dos veces a la hora de intentar experimentar con otros sonidos, solo estaba ansioso por ver qué saldría de ello”.
Esa apertura musical se ve con total claridad en el arte del sampleo, una práctica que encaran desde el respeto máximo por los creadores originales, buscando llevar esos sonidos a una escala masiva:
“Si nunca escuchaste la original y escuchás el tema de Cypress Hill, probablemente pensás que es una pista original de Cypress Hill... Ese es el tipo de respeto que tenemos por esa música antigua: queríamos hacer algo con ella, pero a lo grande. Queríamos algo que hiciera pensar incluso a los que no son fans del hip-hop: 'Ey, eso está buenísimo'”.
El poder universal de la música y la gestión del éxito frente al negocio
La música tiene una fuerza espiritual que trasciende fronteras geográficas, algo que se evidencia al analizar el impacto de géneros como el reggae y la figura de Bob Marley: “Las letras de Bob Marley eran espirituales; la única forma de que no te afecte esa música es que no tengas alma, que es lo que me encanta de ese género musical. Independientemente del entorno en el que crecieron, les hizo pensar '¿qué podría ser mejor para mi espíritu y mi alma?', y es algo hermoso. Era para los seres humanos, opulento, generalizado; no era solo una cosa de Jamaica”. Esa misma mirada inclusiva se replica abajo del escenario, buscando interpelar a cualquiera que esté dispuesto a escuchar, sin importar su origen: “Vi todos los matices de seres humanos posibles en su audiencia. Pensé que era lo más grande: realmente podíamos servir a una variedad de orígenes diferentes si decidíamos ir por ese camino... Hay una multitud ahí fuera que necesita ser entretenida a fondo, y no nos importa de qué color sean, o de qué raza o lo que sea”.
Con el éxito masivo, llega también el momento de asimilar que te convertiste en el reflejo de lo que admirabas de chico, una situación que todavía sorprende: “Es algo en lo que no pienso en mi vida diaria... pero es alucinante porque nosotros idolatrábamos a figuras icónicas. Tener el nivel para poder conocer a esos tipos es algo especial; pensar que realmente nos convertimos en las cosas que admirábamos, en nuestros ídolos”.
Sin embargo, para sostener esa posición, la madurez también implicó aprender a bajar el ego y escuchar a los engranajes de la industria que saben cómo mover las canciones:
“Nosotros hacemos la música, no la distribuimos, no la promocionamos, no la vendemos; ese es el departamento del sello... A partir de entonces, me dije: 'Ok, ya sabés, estos son profesionales'. Quizá sea mejor escuchar lo que tienen que decir, tomárselo un poco más en serio, con un poco más de atención”.
La catarsis del vivo, la canalización de la ira y la necesidad de bajar
El escenario es el lugar por excelencia para liberar tensiones y canalizar la agresividad de forma artística, sobre todo cuando se cuenta con el respaldo de una instrumentación pesada: “Cada cierto tiempo me gusta ponerme delante de una banda con guitarras y baterías y ser tan contundente con mi voz como pueda, tan agresivo, porque te da la vía para ser de esa manera”. En los años más salvajes de las giras, esa falta de profesionalismo le daba un tinte de peligro al grupo, usando la bronca como combustible para el show: “Yo era horrible en las giras en aquellos tiempos. No era tan profesional como necesitaba ser. Pero eso hacía que el grupo fuera un poco peligroso. Me subía al escenario y estaba enfadado con el mundo. Luego lo pagaba con la actuación y, cuanto más agresivo me ponía, más le gustaba a la gente”.
Con el paso de los años, descubrieron que para mantener el equilibrio es vital encontrar válvulas de escape bien lejos del ruido de las luces: “Aprendí a volver a casa, subirme a esa moto y descomprimir. Fue una de las cosas más divertidas que hice en mi vida”.
Fuentes:
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Ngaio Music.
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Powmag.
