El versátil artista francés Lewis OfMan llega al país para presentar su nuevo disco, 50KWTTS, en una noche donde fusionará el pop, el rock alternativo y la electrónica a través de guitarras distorsionadas, breakbeats, sintetizadores, cajas de ritmos y samples, consolidando el estilo ecléctico que lo llevó a colaborar con figuras como Carly Rae Jepsen, Rejjie Snow, Empress Of y Vendredi Sur Mer.
El encuentro con su público tendrá lugar el próximo 5 de noviembre en Niceto Club, ubicado en Buenos Aires. Una oportunidad única para vivir de cerca la intensidad de su música en vivo y su inconfundible propuesta.
Las entradas se pueden adquirir a través de la plataforma Venti (disponibles con todos los medios de pago), contando con una promoción especial de 6 cuotas sin interés pagando con Galicia Visa. Todo en este enlace.
El proceso creativo de Lewis Delhomme —el cerebro detrás del proyecto musical Lewis OfMan— se mueve siempre entre la intuición y el caos, buscando aquello que él mismo define como un "melodic groove" o una especie de "dreaming while dancing" (soñar bailando). A la hora de componer, el músico descubrió que las fórmulas rígidas no sirven: las ideas pueden aparecer de la nada o requerir un esfuerzo titánico.
"Por lo general, no me pongo reglas; las ideas simplemente te asaltan. Pero aquí descubrí que a veces tengo que obligarme a hacer música. Estás luchando y luchando y trabajando muy duro para encontrar lo correcto, y cuando lo encuentras, es lo más loco del mundo porque te pasaste todo el día buscando esta idea, haciendo canciones malas al azar, mierda pura. Y de repente, en un momento dices: "¡Ah! ¡Es esto!". Aquí es donde aprendí que no existe una regla general para la forma en que trabajo. A veces simplemente me llega, a veces tengo que buscarla, y a veces no pasa nada", reflexiona sobre su método.
Para mantener la frescura y no saturarse, Delhomme aprendió que lo mejor es saber retirarse a tiempo: "Nunca se pierde. Para mí, siempre es mejor hacer un poco de algo genial y luego irse. Primero, te vas muy feliz. Y luego, cuando regresas, ya no sabes nada de la canción. Tienes la base, realmente la mejor parte. Te olvidas de las canciones, lo que significa que estás sintiendo todo lo que esas canciones podrían hacerle sentir a alguien".
Sin embargo, redondear un disco completo implica lidiar con los tiempos y las dudas. A veces, un arrebato de inspiración tardía puede desordenar todo lo conseguido: "Piensas que el álbum está bien y que ya está terminado: "Esto es lo mejor que puedo hacer". Luego, un mes después, estás haciendo canciones locas. Me pasó este verano, y pensé: "Mierda, tengo que meterlas en el álbum". Pero cuando las comparas con las otras canciones, no tienen nada que ver entre sí". Y una vez reunido el material, el verdadero rompecabezas pasa por darles cohesión: "Ahora el álbum ya está en marcha. Tengo todas las canciones. Lo que no tengo es el orden, la lista de temas. Es la parte más difícil, en cierto modo. Tienes que dar los toques finales a cada canción. Cada tema necesita tener la misma vibra; necesitas sentir que provienen del mismo álbum".
De la residencia en Barcelona a la búsqueda de libertad
Ese impulso por encontrarse a sí mismo artísticamente encontró un punto de inflexión en una ciudad que al principio no figuraba en sus planes. Invitado casi por casualidad a realizar una residencia artística, su paso por el hotel Casa Bonay en Barcelona lo cambió todo: "Originalmente me invitaron a hacer una residencia. Antes de eso no tenía idea de cómo era Barcelona. Para mí, era una ciudad a la que mis amigos iban durante el verano. No sabía si debía ir, pero al final dije: "Bueno, vamos" ".
Aislarse ahí durante una semana para experimentar con música de archivo y librerías de sonido —inspirado en colecciones como la KPM 1000 Series— le devolvió un sentido de independencia que creía perdido: "Este hermoso hotel llamado Casa Bonay me invitó a ir por una semana; a cambio tenía que producir algo. El primer día estaba solo y no sabía qué hacer. En ese momento era un gran fanático, no de la música de bandas sonoras, sino de la música de catálogos de librería. Hay algo llamado KPM 1000 Series y hay muchísimo material, es una locura. Así que intenté hacer lo mismo. Tenía mi teclado, hice cuatro canciones y grabamos un vinilo muy lindo. Sentí tanta libertad ahí... Tanto es así que me dije: "Muy bien, tengo que venir aquí a hacer mi álbum" ".
Esa bocanada de aire fresco lo llevó a tomar una decisión drástica: cortar amarras con proyectos ajenos para apostar de lleno por su propia música. "Durante el verano, justo antes de venir ahí, hice dos canciones, y pensé: "Hombre, tengo que hacer un álbum empezando con estos dos temas". Fue solo el comienzo de sentir libertad en lo que hago. Antes de eso, estaba produciendo música para otros artistas, o estaba en vivo sobre el escenario con bandas, pero no era yo haciendo lo mío. Así que dejé todas esas cosas y me vine a Barcelona".
La trastienda de la industria y el caos moderno
Claro que pasar de la intimidad del estudio a la gestión profesional de una carrera artística arrastra un costado áspero y burocrático que el músico no tardó en sufrir: "En realidad, acabo de firmar con un sello para mi nuevo álbum. Antes de eso, éramos solo mi mánager y yo. Era interesante, pero consumía demasiada energía. Tenía que negociar yo mismo mis contratos, tenía que llamar al tipo que alquilaba el estudio para grabar mis videos, toda esa clase de cosas. Y por supuesto, me iba de vacaciones o algo así y recibía una llamada de alguien diciendo: "¡Te olvidaste de pagarme!". Y yo pensaba: "¡Ahhh! ¡No sé cómo hacer esto!" ".
Ese choque entre el arte y el dinero genera un desgaste emocional profundo, donde la presión por no fallar se vuelve asfixiante: "Te sientes tan muerto por dentro. La cuestión es que has estado haciendo el álbum solo en tu habitación con un amigo, eso era todo lo que conocías. Y de repente hay mucho dinero involucrado porque tienes que pagarle a este tipo, pagarle al otro. El dinero entra en juego y hay tanto estrés, tantas responsabilidades. No puedes cagarla".
A pesar de los dolores de cabeza corporativos y de los inevitables contratiempos técnicos en directo —como aquella vez en que su laptop colapsó en pleno show—, el artista aprendió a templar los nervios: "Eso te enseña a mantener la calma en una crisis. Porque estas cosas siempre me pasan a mí. Nunca es fluido ni fácil. Siempre es pura mierda. Ni siquiera te conté de la vez que mi laptop se congeló durante un show. Fue una pesadilla, pero fue una locura porque el público estaba totalmente conmigo, todos se reían. Fue un momento increíble; fue la primera vez que me di cuenta de que realmente tengo mi propio público". En cuanto al ecosistema actual del streaming, prefiere ver el vaso medio lleno: "Hoy en día está bien, porque Spotify ya es una plataforma de streaming vieja. Más o menos saben lo que hacen. Se han adaptado, aunque en un momento estaban completamente perdidos".
Por el contrario, su vínculo con las redes sociales y la cultura digital contemporánea es de absoluto escepticismo. Lejos de buscar la validación del algoritmo o la vida de influencer, prefiere mantener la distancia: "Es gracioso porque hoy en día no las uso. Empieza a ser un poco raro. Al principio, cuando estaba empezando mi proyecto, pensaba: "Ok, tengo que subir otra foto mía, tengo que hacer una sesión de fotos". Después pensaba: "Qué cosa más rara hacer esto de subir una foto mía". Así que ahora solo intento publicar mi música. Pero creo que la cuestión es simplemente no preocuparse demasiado por todo eso y hacer lo tuyo. Estaría aterrado si fuera un influencer y tuviera mi vida basada en eso".
