Entradas Pixies en Argentina Movistar Arena 2027: cuándo y dónde comprarlas

Una experiencia musical imperdible para reencontrarse con la historia de un género fundamental y vivir una noche que promete ser inolvidable.

Jueves, 27 de agosto de 2026 a las 14 28

Por Cristopher Martínez

Jueves, 27 de agosto de 2026 a las 14:28

El icónico proyecto de rock alternativo liderado por Black Francis, Pixies, se presentará nuevamente en Argentina. Detrás de este nombre se encuentra una de las bandas más influyentes y fundamentales de la historia del rock, que cambió las reglas del juego desde finales de los 80 con un sonido capaz de pasar de la calma al caos en cuestión de segundos, mezclando melodías pop con oscuridad, energía y distorsión.

A lo largo de sus 40 años de carrera conformado por discos fundamentales como Surfer Rosa, Doolittle, Bossanova y su flamante material The Night the Zombies Came, los norteamericanos enamoraron a toda una generación de fanáticos en todo el planeta. Su esperada presentación en vivo tendrá lugar el próximo 4 de abril de 2027 en el Movistar Arena, donde repasarán esos grandes hits que definieron un género y se reencontrarán con su público argentino.

Las entradas se podrán conseguir de forma online a través de la preventa exclusiva con Galicia Visa el lunes 31/08 a las 10 hs y en venta general a partir del martes 01/09 a las 10 hs (con la posibilidad de abonar en 6 cuotas sin interés con Galicia Visa) en en este enlace.

 

Riffs de película, solos con humor y la mística intacta: Pixies repasa cuatro décadas de puro rock

Hablar de Pixies es hablar de una de las columnas vertebrales del rock alternativo. Con cuatro décadas de trayectoria sobre las espaldas, la banda sigue encontrando el equilibrio entre el peso de su historia y la necesidad vital de reinventarse. En una charla centrada en la guitarra, el proceso creativo y el valor del tiempo, Joey Santiago desglosa cómo se mantiene viva la llama.

Entre maquetas guardadas, la química en el estudio y el amor por los pedales

El motor creativo de Pixies no se detiene, aunque la dinámica actual de la industria imponga sus propios ritmos. La banda ya cuenta con material inédito en el tintero desde hace más de un año junto a su productor habitual: "Grabamos algunas maquetas hace más de un año con Tom [Dalgety, quien también produjo, mezcló e ingenió The Night the Zombies Came]", señala Santiago. Sobre el desafío de llevar esas composiciones al escenario antes de editarlas, reconoce el vértigo que genera en la actualidad: "Es como si fuera demasiado arriesgado para nosotros probar las canciones nuevas como solíamos hacer en aquellos días para ver cómo funcionan... Pero depende de nosotros ser valientes y simplemente hacerlo".

En el estudio, la libertad de experimentación alcanzó un punto de madurez donde el humor y el juego técnico van de la mano. Al repasar el proceso de su trabajo discográfico más reciente, explica: "En The Night the Zombies Came, el último, nos estuvimos rindiendo a la risa con algunas cosas. En realidad, solo estaba tonteando con la guitarra para gran parte de los solos —para muchas cosas, de hecho—, lo cual es sorprendente para mí. Pero fue el primer álbum en el que realmente me sentí libre". Esta soltura se tradujo en la búsqueda de texturas muy particulares para ciertos temas: "Bromeábamos con las partes. Hablábamos de conseguir un personaje para la canción 'Chicken' y de jugar con cómo sonaría una gallina. Pero no fue deliberado, no iba a hacer técnicas de armónicos imitando el cacareo... Iba a ser algo mucho más sutil".

Esa búsqueda conceptual en la guitarra siempre estuvo atravesada por una fuerte carga cinematográfica: "Me gusta cuando la música logra eso: la música del Spaghetti Western, especialmente cualquiera de las cosas de Ennio Morricone. Ves a 'ese tipo', ¿sabés? Definitivamente apunto a eso".

A la hora de llevar ese sonido a la práctica, Santiago se define más como un artesano de los efectos que como un coleccionista obsesivo de instrumentos vintage: "En este momento hay cinco —no, seis— guitarras acá. Y hay más arriba. Ojalá fuera más un coleccionista de instrumentos antiguos, pero ahora son tan caros y nunca fui ese tipo de persona. A mí lo que más me gusta es conseguir pedales y accesorios, eso es lo mío. Ya tengo mis guitarras favoritas, así que estoy cubierto con eso".

Su vínculo con el instrumento comenzó casi por accidente, fascinado por la presencia estética de una guitarra familiar: "La primera guitarra que tuve fue la de mi hermano, que estaba colgada en la pared, y me apoderé de ella. Durante mucho tiempo pensé que era solo una pieza decorativa, es un instrumento hermoso, hasta que la bajé y empecé a tocarla. Pasaron unos años solo mirándola, me fascinaba. Y cuando la tomé fue como: '¡Dios mío, esto se puede tocar! Suena bien'. Fue todo un tema intentar descifrarla... De chico, fue algo bueno para aprender. Cuando conseguí esa, pensé que ya estaba en el camino correcto".

El mapa del directo: memoria muscular, estadios históricos y 40 años de historia

Llevar un catálogo tan vasto al escenario requiere un esfuerzo físico y logístico de precisión. Al enfrentarse a canciones que no interpretan con frecuencia, la reconstrucción del tema pasa por una búsqueda anatómica en el mástil: "Obtengo las notas, obviamente, cuando las repaso. Y después descifrás en qué parte del mástil de la guitarra están, porque hay muchas formas de tocar una misma nota. Así que cuando volvió a mi mente fue como: '¡Ah, finalmente, acá era donde estaba!'".

Para los shows con repertorios conceptuales o repasos cronológicos, el factor técnico determina el ritmo del concierto: "Que las canciones vayan en orden es un buen recurso para el show, pero ¡hombre!, hay un montón de cambios de guitarra en el camino. Si tuviéramos que escribir una lista de temas agrupada por nosotros, juntaríamos una guitarra en una sección y otra guitarra en otra sección".

Entre los temas que más disfruta interpretar en vivo, destaca joyas ocultas y aperturas potentes: "Me gusta tocar 'Space [(I Believe In)]' de Trompe le Monde, simplemente porque es una introducción de rock bien potente. Y después, de Bossa Nova, 'Dig for Fire', una combinación de que me gusta lo que estoy tocando y simplemente porque al público le encanta. Casi nunca la tocamos, esa es una de las razones por las que me gusta interpretarla".

La dinámica con la audiencia sigue siendo un motor fundamental en las giras mundiales. Aunque la presencia de tecnología es inevitable en los recintos, la banda registra una convivencia respetuosa: "Son bastante respetuosos. Miran el show... Pero cuando empieza 'Where Is My Mind?', todo el mundo saca el teléfono". Esa fidelidad se traduce en fanáticos que los siguen sin descanso a través de diferentes continentes: "Sabemos que hay gente que va a shows consecutivos. Si están adelante de todo y tienen el pelo violeta, los reconocemos. Hay un chico —creo que va a ir a Japón, puede que incluso esté en Australia— que es ciclista y va a nuestros shows, así que lo veo ir a fechas consecutivas".

La elección de recintos singulares también alimenta la energía de la banda en el escenario. Ante la perspectiva de tocar en lugares históricos o atípicos como la prisión de Fremantle, comenta entre risas: "Me traerá recuerdos de mis años adolescentes... No, nunca estuve en prisión [risas]. Sí, va a ser emocionante. Habrá una vibra especial ahí, seguro. Porque cuando tocamos en una plaza de toros en España fue como '¡Oh, wow!'. Absorbemos totalmente la atmósfera, por supuesto, para eso está la arquitectura".

Al mirar hacia atrás y evaluar el camino recorrido, el hito de haber encabezado el Festival de Reading en 1990 permanece como un hito imborrable en la memoria colectiva del grupo: "Diría que cuando encabezamos el Festival de Reading y tuvimos el honor de hacerlo, ese fue un momento de locura. Había bandas que tocaron antes que nosotros [como The Cramps o Inspiral Carpets] que también eran grandiosas".

Con cuatro décadas de trayectoria, la perspectiva sobre la longevidad del grupo se mantiene humilde, recordando los primeros pasos en la escena independiente: "Va a sonar trillado, pero simplemente fuimos paso a paso. Queríamos suficientes canciones para el primer show y nos tomamos el tiempo: 'Bueno, tenemos 20 minutos. Podemos ser la banda de apertura, podemos ser el primer grupo en tocar un miércoles a la noche o algo así'. Y ya teníamos algunas de las canciones listas, así que tomamos nuestros mejores 20 minutos y los presentamos. Y después... ¡Dios! No, ni se nos pasó por la cabeza que íbamos a estar acá 40 años después, no lo creo. Sí, es una locura".

Las más leídas

Últimas noticias