El legendario guitarrista de los Rolling Stones, Ronnie Wood, llega al país para brindar una de las fechas más importantes del año en el Movistar Arena y en el Teatro Metropolitano, en una noche donde repasará su trayectoria de seis décadas y presentará su nueva etapa —impulsada por su flamante álbum de estudio con los Rolling Stones (Foreign Tongues) y su antología Fearless, además de colaboraciones con figuras como Chrissie Hynde—, consolidando el sonido inconfundible que marcó la historia del rock global.
El encuentro con su público tendrá lugar el próximo 6 de noviembre en Buenos Aires y el 8 de noviembre en Rosario, completando la jornada de Buenos Aires con la presencia de la cantante irlandesa Imelda May como artista invitada. Una oportunidad única para vivir de cerca la intensidad de su música en vivo y su legendaria propuesta solista bajo el nombre de "Ronnie Wood & His Ammo Band".
Las entradas para Buenos Aires se podrán adquirir a través de la plataforma oficial del Movistar Arena en este enlace contando con una promoción especial de 6 cuotas sin interés pagando con tarjetas Santander Visa. Para Rosario, los tickets estarán disponibles únicamente a través de Turbo Entrada en este enlace.
El arte, el tiempo y las cicatrices: la íntima mirada de Ronnie Wood sin arrepentimientos
Lejos de la pose o las etiquetas que impone la sociedad, la vida se transita sin mirar los números ni lamentar el pasado. "No hay arrepentimientos. Tenés que pasar por ello para llegar al otro lado." Bajo esa premisa, las vivencias personales de Ronnie Wood, el legendario guitarrista de los Rolling Stones, se construyen a base de constancia, hábitos difíciles de romper y una dedicación absoluta al arte como un refugio privado, ese lugar donde "rara vez pasa un día sin que haga una pintura o un dibujo." Lejos de ser un capricho, la creación artística funciona como un bálsamo constante: "El arte es simplemente algo que siempre he hecho; algo sumamente consolador y que hago por mi cuenta."
Ese mismo pulso firme se traslada a los momentos más oscuros, como cuando debió enfrentar el cáncer en dos oportunidades. Lejos del dramatismo, la respuesta inicial fue pura pragmática: "Definitivamente entré ahí con una actitud positiva. Pensé: 'Muy bien, tengo cáncer, vamos a sacarlo'." Esa actitud dio frutos y el alivio llegó recientemente, permitiéndole afirmar que "superé el cáncer dos veces, lo eché fuera y aquí estoy. Me dieron el alta médica hace apenas unos meses." Del mismo modo, el peso de los años se disuelve al entender que el almanaque es una convención artificial: "¡No, no podés hablar de esas cosas! No te importen los números. Es solo un número. Ya sabés, el tiempo en realidad no existe. Somos solo nosotros, los humanos, los que le hemos puesto una etiqueta al tiempo."
Detrás de cada aparente golpe de suerte se esconde una trastienda de disciplina implacable que viene desde la infancia, impulsada por un entorno familiar donde dibujar y tocar música era tan natural como respirar, gracias a unos padres que, en una pequeña casa municipal, les cedieron la parte de atrás como un taller creativo, con unos hermanos que "lo hacían algo tan natural como estar sentado por ahí dibujando y tocando." Ese oficio invisible se perfeccionó con los años: "Incluso siendo adolescente, me quedaba hasta altas horas de la madrugada practicando, sacando un pequeño solo con la guitarra... Hacés que parezca que te tropezaste con un sonido por casualidad, pero hay muchísimo trabajo detrás." Esa misma persistencia fue necesaria para sortear las batallas cotidianas más difíciles, como dejar los cigarrillos, un proceso en el que reconoció que "fumar habría sido definitivamente lo más difícil de dejar. Las buenas viejas pastillas Champix ayudaron." Al final, despojados de las cuentas y las culpas, solo queda el trabajo duro y las ganas de seguir creando.
