Jamiroquai en Argentina: la gran sorpresa de la transmisión en vivo de su show desde el Hipódromo de San Isidro

El mítico grupo británico llega al país para celebrar sus 30 años de música y se confirmó que el show se podrá ver en directo por streaming.

Domingo, 06 de septiembre de 2026 a las 21 02

Por Cristopher Martínez

Domingo, 06 de septiembre de 2026 a las 21:02


El esperado regreso de Jamiroquai a la Argentina se confirma como uno de los acontecimientos musicales más importantes del año, con la gran noticia de que el show se transmitirá en vivo a través de Flow para que nadie se pierda la celebración desde cualquier lugar. La emblemática banda liderada por Jay Kay pisará suelo argentino el próximo 17 de septiembre en el Hipódromo de San Isidro, en el marco de los festejos por los 30 años de su indiscutible clásico "Virtual Insanity". Las entradas ya se encuentran a la venta de forma exclusiva en la web de AllAccess con precios que van desde los $95.000 para campo general hasta los $320.000 para el sector PIT, sumando opciones de plateas y campo delantero.

Esta visita tan esperada encuentra a la agrupación celebrando tres décadas de trayectoria, demostrando el inagotable impacto cultural de su obra más famosa y el reciente furor por el revival del videoclip en las redes sociales.

El concierto en el Hipódromo de San Isidro promete ser una noche inolvidable de funk y acid jazz, combinando los grandes éxitos de su carrera con el despliegue escénico que caracteriza al grupo británico. Gracias a la transmisión exclusiva de Flow, los fanáticos que no puedan asistir presencialmente o deseen revivir cada detalle podrán disfrutar del espectáculo en directo, coronando un festejo histórico que une a distintas generaciones de seguidores alrededor de su música.

 

 

Jay Kay: Visualización, control y la resistencia del Jazz Funk

Para el hombre detrás de Jamiroquai, el éxito fue el resultado de una apuesta total y una capacidad casi mística de visualización. "Tenía sueños vívidos de estar frente a mil personas cantando con todo mi corazón. Incluso cuando surgió el nombre Jamiroquai, podía escucharlo como una introducción antes de salir al escenario", confiesa en Zane Lowe (Apple Music 1). Esa claridad lo llevó a ser un "cliente difícil" para la industria, manteniéndose estricto con su identidad sonora frente a las presiones del mercado. Para Jay Kay, la integridad es innegociable: "No me des la mano si creo que sos un vendido y que lo que hacés es una mierda", disparó en una entrevista para Maxim, defendiendo su lugar como uno de los pocos que mantuvo vivo el Jazz Funk con ventas que superan los 20 millones de discos.

Esa misma rigurosidad se traslada a la producción técnica y visual de su obra. El cantante admite ser un fanático del control porque entiende las reglas del juego financiero: "Soy el que devuelve los anticipos; las compañías discográficas son extractoras de beneficios y nunca olvido que no somos amigos", explica en Esquire. Esta mentalidad lo llevó a construir su propio estudio y a involucrarse activamente detrás de cámara en sus videos, consciente de que, mientras otros pasan al siguiente proyecto, él debe "vivir con ese resultado por el resto de su vida".

Cicatrices de batalla y la búsqueda de un refugio orgánico

Detrás de la imagen de éxito, Jay Kay arrastra la memoria de una juventud marcada por la falta de techo y la lucha constante. "Dormía debajo de escaleras, en parques, entregaba pizzas... la gente ve los autos y se olvida de toda esa mierda", recuerda en Esquire. Esa dureza forjó una visión del mundo bastante sombría, donde se siente oprimido por un entorno que define como cruel y frío. Como respuesta a esa hostilidad y a la desconfianza que le generan los políticos —a quienes define como una "sarta de tonterías"—, el músico decidió invertir en su propio ecosistema: una casa con comida orgánica, peces y huerta propia. "La vida se trata de algo más que trabajar todo el tiempo", sostiene como filosofía de equilibrio.

Finalmente, el artista reivindica su legado frente a la falta de reconocimiento y las críticas de la prensa. Respecto a las acusaciones de apropiación cultural, Jay Kay es tajante en Maxim: "Diana Ross, Stevie Wonder y Gil Scott-Heron no pensaron que fuera un robo; todos pensaron que era material genial". A pesar de sentir que a veces se le ignora deliberadamente —como sucedió con la relevancia profética de 'Virtual Insanity'—, se refugia en la gratitud y en su conexión con el público: "Tengo suerte. En los tiempos turbulentos en los que vivimos, escúchenme con música ahora"

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