La familia Metallica festejó por la Selección Argentina: el origen del lazo que une a James Hetfield con nuestro país

La hija del líder de Metallica celebró el triunfo mundialista ante Inglaterra. Conocé el vínculo de la familia con Rosario, el mate y la Patagonia.

Jueves, 16 de julio de 2026 a las 20 30

Por Cristopher Martínez

Jueves, 16 de julio de 2026 a las 20:30

El reciente triunfo de Argentina sobre Inglaterra por 2 a 1 en el Mundial no solo desató la locura en territorio sudamericano, sino que también repercutió con fuerza en el círculo más íntimo de Metallica. Marcella Hetfield, la hija menor del legendario frontman James Hetfield, celebró la victoria en sus redes sociales con una llamativa publicación en sus historias de Instagram: una foto de Lionel Messi tomando mate en Londres con el Big Ben de fondo, musicalizada con "La Cumbia de los Trapos", la icónica cumbia que suena en los estadios cada vez que la Selección Argentina mete un gol.

Este fanatismo y orgullo por la celeste y blanca no es ninguna casualidad, sino el resultado de un profundo lazo familiar. James Hetfield estuvo casado durante 25 años (entre 1997 y 2022) con Francesca Tomasi, una argentina oriunda de Rosario. De este matrimonio nacieron sus tres hijos —Cali, Castor y Marcella—, quienes heredaron raíces muy fuertes con el país sudamericano, las cuales suelen presumir con orgullo en sus redes.

La conexión de Hetfield con Argentina caló tan hondo en su vida cotidiana que adoptó costumbres bien rioplatenses que conserva hasta el día de hoy. Francesca le contagió el hábito de tomar mate, un ritual que el músico realiza de manera constante tanto en los estudios de grabación como durante los ensayos de la banda. Además, a lo largo de las últimas décadas, el guitarrista solía elegir la Patagonia (donde la familia de su exesposa posee propiedades) como su refugio predilecto para vacacionar, descansar del caos de las giras mundiales.

 

 

Salud mental, demonios internos y la reconciliación con el pasado

Esta conexión con sus afectos y el respeto por sus raíces coincide con una etapa de profunda madurez para el músico. Para James Hetfield, el proceso de envejecer estuvo intrínsecamente ligado a aceptar su historia personal y dejar de huir de los problemas a través de las adicciones. El vocalista describe cómo esta postura cambió su enfoque diario: "Aceptar esa parte de mí me permite ser más vulnerable, mirar al mundo más a los ojos y decir: 'Mira, así es mi vida. Ojalá fuera diferente, ojalá fuera fácil, ojalá no tuviera que hacer todo esto, pero esto es lo que vivo'. Y eso le da combustible, significado y propósito a mi arte".

En lugar de pelear contra sus traumas de infancia, el frontman propone una mirada mucho más introspectiva y amigable con el dolor: "No podés cambiar tu infancia, pero podés cambiar tu concepto de ella y lo que significa para vos ahora. Aferrarme al pasado no me benefició, pero cambiar la narrativa de mi infancia sí me ayudó". Respecto a las batallas internas, su consejo es directo: "Invita a ese demonio a cenar, pasá tiempo con él y sentiéndolo, conócelo mejor. Ese demonio no va a desaparecer". Esta evolución también impactó positivamente en su rol como padre de sus tres hijos con raíces argentinas: "Tengo una historia sagrada. Todo el mundo la tiene... Como padre, lo que realmente quiero hacer es hacerlo un poco mejor que mis padres. Eso es lo que me exijo".

El rechazo a reescribir la historia: la imperfección como valor

A diferencia de otras agrupaciones de su generación que buscan la perfección técnica regrabando su catálogo clásico, Hetfield defiende la crudeza de los registros originales como testimonios inalterables de una época: "Me resulta un poco frustrante cuando las bandas vuelven a grabar discos clásicos con prácticamente las mismas canciones y hacen que reemplacen al original. Eso borra un pedazo de historia. Estos discos son el producto de un momento determinado de la vida; son instantáneas de la historia y son parte de nuestra historia".

Incluso al repasar los trabajos más polémicos de la discografía del grupo, el guitarrista rescata la identidad que les otorgan esos detalles técnicos: "De acuerdo, ...And Justice for All [1988] podría usar un poco más de frecuencias bajas y St. Anger [2003] podría usar un poco menos de ese sonido a lata en la batería, pero esas cosas son las que hacen que esos discos sean parte de nuestra historia".

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