La Mono y el ADN ricotero: así suena "Siervos Místicos", el nuevo y ambicioso viaje sonoro del power trio

Gaspar Benegas y compañía firman un disco potente, moderno y detallista que renueva las raíces del rock nacional sin perder crudeza.

Viernes, 30 de octubre de 2026 a las 18 43

Por Redacción

Viernes, 30 de octubre de 2026 a las 18:43


Hay discos que buscan sonar distintos y otros que consiguen algo mucho más difícil: sonar nuevos sin dejar de ser ellos mismos. Siervos Místicos, el nuevo trabajo de La Mono, pertenece a esa segunda categoría. Un disco de una calidad sonora extraordinaria donde cada detalle revela una dedicación poco frecuente. El resultado es un sonido moderno, potente y preciso, que conserva intacta la crudeza y la energía del rock.

En una época en la que buena parte de la música parece una experimentación sin rumbo, La Mono encuentra un equilibrio propio. Hay una búsqueda permanente de nuevas texturas, climas y posibilidades sonoras, pero siempre al servicio de las canciones.

Esa forma de entender la música tiene una tradición muy particular en el rock argentino. El Indio Solari hizo de la evolución sonora una marca a lo largo de su vasta trayectoria. Desde las transformaciones musicales de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota hasta la sofisticación de sus trabajos solistas, nunca dejó de explorar nuevas herramientas, sonidos y formas de producción. Pero siempre sostuvo algo esencial: por más experimental, electrónico o elaborado que fuera el resultado, el rock seguía estando ahí. No como una fórmula que debía repetirse, sino como una identidad que podía transformarse sin desaparecer.

Gaspar Benegas conoce profundamente ese universo. Su extensa relación musical con el Indio, como guitarrista de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, representa mucho más que años compartiendo escenarios y grabaciones. Es también una experiencia artística, una forma de concebir el sonido, de comprender el valor de los detalles y de asumir que una canción puede ser tan sofisticada como visceral. Algo de todo ese recorrido aparece naturalmente en Siervos Místicos. La influencia está en la manera de trabajar, en la exigencia sonora y, sobre todo, en la convicción de que el rock siempre tiene algo nuevo para decir.

Y quizás ahí resida uno de los mayores méritos del disco. Gaspar, Lucas Argomedo y Ramiro López Naguil consiguen que una formación clásica de tres músicos suene amplia, contemporánea y llena de matices, sin resignar la potencia de una banda tocando junta. La calidad de la grabación, la claridad de la mezcla y el cuidado puesto en cada sonido no le quitan espontaneidad al conjunto: por el contrario, potencian su personalidad.

Siervos Místicos es, finalmente, un disco que demuestra que la madurez musical no consiste en abandonar las raíces, sino en encontrar nuevas formas de hacerlas crecer. Un trabajo ambicioso en lo sonoro, cuidado hasta el último detalle y, al mismo tiempo, despojado de cualquier pretensión de grandeza.

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