Queens of the Stone Age comparte nueva canción, fecha de álbum y anuncia el regreso a Latinoamérica

La legendaria banda de stoner rock anuncia el esperado lanzamiento de su nuevo álbum de estudio y confirma su regreso con una gira internacional.

Miércoles, 07 de octubre de 2026 a las 21 54

Por Cristopher Martínez

Miércoles, 07 de octubre de 2026 a las 21:54


El inconfundible sonido del stoner rock se prepara para un gran regreso de Queens of Stone Age, que vuelve a aparecer en la escena internacional gracias a las novedades en torno a su noveno álbum de estudio. Titulado Perfecth y con un lanzamiento programado para el próximo 30 de octubre a través del sello Matador Records, este esperado material discográfico contará con una producción a cargo de Josh Homme y Michael Shuman.

Como parte de la previa a este lanzamiento, el grupo liberó recientemente como tercer corte de difusión el single y videoclip de "Where the Goth Girls At?", una pieza audiovisual dirigida por la dupla conformada por Christopher Gruse y Tony Wolski que ya está en todas las plataformas digitales. Este track forma parte de un tracklist que se completa con títulos como "It’s Only Love", "Insignificant Other", "Mono", "From the Cliff", "Sunday", "Easy Street", "Phantom Limb" y "Run Away From the Mob".

En paralelo a la llegada del disco, la agrupación ya comenzó a trazar el mapa de su próxima gira internacional por Latinoamérica, confirmando una escala monumental para el 6 de marzo de 2027 en el Estadio Ciudad de los Deportes de la Ciudad de México, donde se presentarán en un esperado concierto compartiendo escenario junto a Interpol. Por otro lado, hay rumores que aseguran que el conjunto será parte de la edición 2027 de los Lollapalooza en Sudamérica.

Josh Homme a fondo: la conexión con el desierto, la superación del caos, la paternidad y la inalcanzable búsqueda artística

En medio de una etapa bisagra marcada por la madurez personal y el inminente estreno de su noveno álbum de estudio, Perfecth, Josh Homme abrió su corazón en una serie de reflexiones íntimas que desnudan su costado más visceral. Lejos de la pose de estrella de rock inalcanzable, el líder de Queens of the Stone Age abordó sin filtros sus raíces, los momentos más oscuros de su salud, la transformación profunda que trajo la paternidad y la obstinada obsesión por cazar melodías que siempre parecen estar un paso más allá.

El refugio en el desierto y la imposibilidad de la quietud

Criado en las latitudes áridas de California, la relación de Homme con su lugar de origen funciona como el motor subterráneo de su creatividad. Esa dualidad entre la inmensidad verde y la hostilidad del paisaje marca el pulso de su obra: "Tengo una relación súper interesante con mi hogar", reflexiona, para luego explayarse sobre el peso de sus raíces: "Para los que vienen de afuera, lo que los recién llegados tal vez no entiendan, pero los locales sí: allá arriba en San Jacinto tenés el bosque de pinos por kilómetros, y después paran y empieza el desierto. Es transición. Es donde están los nutrientes. Vuelvo siempre a este lugar porque... sé lo jugoso que es".

Esa misma inquietud se traslada de lleno a su forma de entender la música, negándose rotundamente a recaer en fórmulas repetitivas o zonas de confort: "Nunca vamos a estar en el lugar donde nos dejaste por última vez. Esa es la cuestión: no puedo hacer lo mismo o me va a aplastar. A veces hacemos música complicada, y a veces lleva diez o doce escuchadas que caiga la ficha, lo cual es un pedido grande, quizás demasiado". Para el violero y cantante, componer es un ejercicio perpetuo de persecución inalcanzable: "¿Qué tan cerca puedo llegar a tener una canción que exprese lo que realmente siento? Es un desafío hermoso. Es como si estuvieras siguiendo a alguien y ves las luces de freno a lo distancia, pero son solo luces de freno y tierra. Nunca te acercás del todo. Y en los momentos en que sentís emocionalmente que conseguiste arrimar tu música y tu arte, decís: "¡Casi le toco el paragolpes!". Esa sensación es re adictiva".

Incluso cuando se trata de obtener permisos institucionales complejos —como lograr que el gobierno francés les permitiera grabar en las mismísimas Catacumbas de París—, la clave estuvo en desarmar el prejuicio: "Eran bastante reticentes al principio", recuerda sobre aquella travesía. "Al final, entendí que lo único que necesitaban era que les demostráramos que teníamos respeto, reverencia y humildad, y agradecimiento por habernos incluido".

Resiliencia frente al caos y el arte de dejar ir

Los últimos años no han sido sencillos para el músico, atravesando tormentas personales y complicaciones de salud que pusieron a prueba su temple. Sin embargo, su instinto de supervivencia artística siempre supo imponerse al límite. De aquel episodio en el que debió escapar de un centro médico para cumplir con sus compromisos, rescata una convicción inquebrantable: "Así que me fui de ese hospital por la puerta de atrás con la bata puesta. Não podía venir hasta acá, después de todos estos años, y dejar que me paren. Prefería morir, porque así no tengo que vivir conmigo mismo por haber aflojado. Nunca nos dejarían entrar de nuevo, no habría repetición. Pero ahora miro a los muchachos, nos damos la mano y decimos: "Te quiero. Lo logramos"*.

Para Homme, la aceptación del descontrol se ha convertido en una especie de filosofía romántica: "He buscado siempre cosas que parecían estar levemente fuera de mi control. El ensayo terminó, es hora de moverse, y ¿qué podés hacer con las cosas que no controlás más que dejarlas ir? Me pongo romántico con esto. Lo encuentro re tranquilizador". Esa paz mental es el fruto de haber atravesado los abismos del pasado sin culpas destructivas: "He sido un montón de cosas. He sido un tonto. He sido un drogadicto. He estado re caliente. Pero no tengo que ser eso para siempre. Me pregunto: "¿Qué se supone que me tengo que llevar de esto?", porque tiene que haber algo. Y después simplemente disfruto de la búsqueda del tesoro. Siempre estuve obsesionado con el presente; ¡quiero el ahora con tantas ganas!".

La paternidad como tabla de salvación

Si antes el motor absoluto de su existencia era la trascendencia fonográfica, el paso del tiempo reconfiguró sus prioridades de manera absoluta. Las dificultades zarpadas de los últimos seis años le enseñaron la impermanencia de las cosas: "Los últimos seis años, un montón de cosas cambiaron en mi vida. Hubo un montón de dificultades zarpadas en muy poco tiempo. Las revelaciones me trajeron calma. Simplemente sé que no podés ser dueño de nada; solo tenés el placer de pasar un tiempo limitado con estas cosas, con la gente en tu vida, y es todo tan temporario".

En el centro de esa redención se encuentran sus hijos, quienes se convirtieron en su ancla más real: "Simplemente te das cuenta de que no tenés control de nada excepto de cómo los amás". Lejos de buscar la inmortalidad en los surcos de un vinilo, entendió que el verdadero legado es terrenal: "Ahí fue cuando amé algo más que a la música. Siempre pensé que la inmortalidad se podía lograr haciendo música que sobreviviera a mi vida. Después me di cuenta de la estupidez inherente de importarme una mierda algo así. Lo real es mi sangre, mi familia, mis hijos, y tener orgullo y disfrutar de que florezcan sin tratar de decirles qué ser y qué hacer, sino simplemente enseñándoles con suavidad". La sentencia es tan cruda como definitiva: "Sin mis hijos, estaría muerto hace rato. Sé que es un cliché, pero... no, estaría muerto. Me han salvado haciéndome encontrar el amor en la oscuridad".

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