Sharp Pins se suma al show de Bar Italia en Argentina: entradas y fecha para su presentación en Niceto Club

Descubrí el universo lofi y la frescura independiente de un proyecto clave de la escena actual en una noche de guitarras y melodías únicas.

Lunes, 24 de agosto de 2026 a las 19 53

Por Cristopher Martínez

Lunes, 24 de agosto de 2026 a las 19:53
foto: Jaxon Whittington

El proyecto de indie rock y lo-fi liderado por Kai Slater, Sharp Pins, se sumará en vivo al esperado show de Bar Italia. Detrás de este nombre se encuentra un prolífico músico y agitador cultural que cuida cada aspecto artesanal de su sonido y su estética.

A lo largo de su meteórico ascenso, el proyecto llamó la atención de la crítica especializada gracias a su cruda autenticidad y su particular reinterpretación de la cultura mod y el pop clásico. Su presentación conjunta tendrá lugar el próximo 27 de septiembre en Niceto Club.

Las entradas ya se encuentran disponibles de forma online a través de Venti en este enlace.

 

 


De la estética mod a la trinchera del fanzine: la construcción comunitaria de Sharp Pins

Los proyectos como Sharp Pins surgen como un refugio de la subcultura mod y una visión comunitaria del arte que trasciende la simple creación de canciones.

El propio nombre del proyecto nace de una idea directa y estilística, vinculada a la moda clásica de calle: "Sharp Pins es algo muy simple, de estilo. Es muy 'cabeza' (risas), pero los 'pins', como los de las solapas o las insignias, son parte de la moda mod o punk muy clásica y genial. 'Sharp' es porque, bueno... un pin es afilado y querés verse elegante ('look sharp'). ¡Hasta ahí llega!".

Estética, historia y la herencia de las radios del Este

Esa fascinación es el motor creativo que impulsa sus referencias visuales y conceptuales. Una muestra de eso es su proyecto paralelo o estética gráfica inspirada en la historia europea de posguerra, surgida tras una visita familiar a Alemania. "Mi compañero de cuarto consiguió un montón de periódicos de la Alemania Oriental, era súper genial leerlos y todo el arte era increíble. Fui a Alemania a visitar a mi papá, que vive en Berlín, y fuimos al museo de Radio DDR. Me inspiró mucho la moda de esa época y la cultura de posguerra. Obviamente una situación política muy interesante, aprendí sobre Radio DDR y era una emisora muy genial de Alemania Oriental. Tenía una historia súper interesante, el logo era genial y simplemente lo tomé".

Esta búsqueda histórica conecta directamente con el concepto del modernismo y las subculturas juveniles como espacios de emancipación. Para el músico, la escena mod representó un quiebre fundamental en la cultura de clases: "Creo que la subcultura mod es una de las primeras culturas globales visibles creadas por la juventud. El punto era que transformó cómo la clase trabajadora se dividía entre diferentes edades. Es interesante como comentario sobre el consumismo y sus contradicciones... Después de estar en una escena juvenil durante muchos años y ser fan de muchas cosas, te metés en su historia. Mi primera banda favorita fue The Who. Tengo una conexión personal con el pop, el soul y el RnB. El sentimiento de ser un modernista, apreciar la nueva cultura, la nueva música y el deseo de bailar y la libertad de tu cuerpo... Creo que es importante pensar en cuándo los chicos empezaron a bailar libremente y a tener espacios juveniles. Siento que lo único que sé que puedo hacer en el mundo es crear espacios para jóvenes. Para mí es un emblema de eso, y personalmente me gusta vestirme así también".

El fanzine como documento histórico y trinchera contra el periodismo tradicional

Esa necesidad de generar espacios de encuentro encontró durante el aislamiento de la pandemia su canal perfecto: la cultura del fanzine casero a través de su publicación Hallogallo. Lejos de verlo como un pasatiempo, el proyecto surgió como una respuesta directa a la parálisis social: "Durante la pandemia pensé: 'Tenemos que dejar una marca y hacer algo en lugar de pudrirnos el cerebro, organizarnos de la manera que sea posible en este momento'. A mis casi 20 años me metí en los fanzines y me obsesioné con la historia. Un fanzine es un documento de primera mano. Suelen ser hechos a mano, a menos que sean una mierda cheta. Está tan hecho a mano que podés sentir el alma, y empecé a obsesionarme con todos estos fanzines viejos. Es en lo que más gasto dinero: no compro discos, compro fanzines. Son un documento genial de una imagen y una cultura".

A la hora de definir el formato, la postura es radical y marca una distancia tajante frente a los medios de comunicación tradicionales y la prensa musical corporativa: "Los fanzines son en gran medida lo opuesto al periodismo. El periodismo a menudo puede ser una herramienta para que el mercado florezca y para que los músicos ganen más dinero vendiendo su álbum mediante palabras de moda. Un fanzine suele estar hecho para fanáticos y escrito de una manera muy directa y honesta. Para mí, siempre tiene un propósito documental y de archivo, porque no tenés límites en lo que podés decir. No estás pasando por ninguna censura ni por una gran empresa de periodismo musical. Sos solo vos y un papel. Solo intentás atravesar a todos esos idiotas, ¿entendés?".

Raíces comunitarias y la creación de un festival propio

La impronta social del proyecto no es casualidad; responde a una formación familiar fuertemente atravesada por la política y la conciencia comunitaria. "Mi abuelo me enseñó sobre el Sudeste Asiático, la democratización, las dictaduras y las contra-revoluciones. Sabía todo sobre Mao Zedong, Lenin y Angela Davis. Hyde Park tiene un núcleo bastante grande del Black Panther Party. No podés escapar de eso porque es la razón por la que tenemos desayuno en las escuelas. Ese sentido de comunitarismo estuvo muy temprano en mi mente. Mi abuelo era un hippie comunista: tenía dos cucharas en su casa y tres hijos".

Fue esa misma matriz la que permitió canalizar la frustración del confinamiento hacia la construcción de una red real de artistas. "Hubo una explosión de creatividad e inspiración en mi mente y un fuerte rechazo a todo lo que podíamos hacer. Eso me obligó a buscar cualquier forma de tener un sentido de comunidad. Cuando hice el fanzine, estaba buscando a cualquiera que estuviera haciendo música genial porque estaba hambriento socialmente y quería conexión. Cuando empezás a escribir canciones descubrís cómo querés comunicarte con el mundo, y es un bajón no poder compartir eso con otras personas, tocar en vivo y escuchar la música de otros. Hacía muchos cassettes en casa, tocaba en la calle para nadie y hacía este fanzine con un par de amigos. Una vez que terminó la pandemia, todo se aceleró y acumuló un sentido de comunidad. Así empecé a hacer el Hallogallo Fest, que es una feria de fanzines y festival de bandas jóvenes, en su mayoría de Chicago, pero empezando a traer bandas internacionales".

Lo que comenzó como una respuesta al aislamiento terminó consolidándose como un nodo de conexión internacional para la autogestión joven: "Es genial ver a gente haciendo sus propios fanzines inspirados en el nuestro. Conocí a unas personas en Portugal que están empezando a hacer este tipo de organización juvenil. Es algo que realmente me alegra el alma".

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