Ángel Correa asumió un papel determinante en la recuperación futbolística de River. Aunque su estilo difiere del enganche tradicional asociado con la camiseta número 10, el delantero aporta desequilibrio, movilidad y capacidad para resolver jugadas cerca del área rival.
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Los números de Correa en el Clausura
El campeón del mundo acumula tres goles, una asistencia y dos penales generados en 523 minutos, repartidos en siete encuentros. Su promedio es de un tanto cada 174 minutos y registra 2,7 remates por partido, con 1,3 disparos dirigidos al arco.
Entre sus intervenciones destacadas apareció la asistencia de vaselina para Sebastián Driussi ante Banfield. Además, provocó infracciones dentro del área frente a Independiente Rivadavia y Argentinos Juniors, acciones que permitieron a River disponer de nuevas oportunidades de gol.
Su principal aporte se observa en los últimos metros, donde utiliza la aceleración, el cambio de dirección y la gambeta para superar marcas. Correa no suele encargarse de organizar todos los ataques, sino que interviene con mayor eficacia cuando recibe con libertad y cerca del área.
Una sociedad ofensiva con Almada y Driussi
El delantero llegó al club sin ocupar el lugar de principal figura del mercado, reservado inicialmente para Thiago Almada, la contratación más costosa de la historia del fútbol argentino. Sin embargo, sus actuaciones le permitieron ganar protagonismo y convertirse en uno de los referentes ofensivos.
La conexión entre Correa, Almada y Driussi comenzó a darle al equipo mayores variantes para atacar. Mientras Almada participa en la elaboración y Driussi ocupa posiciones de definición, el rosarino suma movimientos imprevistos y rompe las estructuras defensivas rivales.
A los 31 años, Correa combina experiencia internacional con recursos desarrollados durante su formación en Rosario y San Lorenzo. Bajo la conducción interina de Ponzio, su libertad ofensiva resultó una de las claves para que River recuperara fluidez, agresividad y confianza en ataque.