Ángel Correa se convirtió en una de las principales respuestas futbolísticas de River durante el semestre. Su actuación en la goleada del domingo, con gambetas, asociaciones y un gol de puntín, mostró el peso que ganó en el ataque. A los 31 años, el delantero encontró continuidad y protagonismo en un equipo que busca mejorar su funcionamiento para disputar el título del Clausura.
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Una posición que potencia su juego
La decisión de Leonardo Ponzio de acercarlo al área le permitió concentrarse en el desequilibrio y la definición, sin asumir tantas responsabilidades en el inicio de las jugadas. El entrenador destacó su calidad de Selección y explicó que todavía atraviesa un proceso de adaptación a las exigencias del club. Hasta el momento, el atacante acumuló 1.153 minutos, cuatro tantos y dos asistencias en 14 encuentros, con una participación que también resulta relevante para generar oportunidades para sus compañeros.
Su incorporación demandó negociaciones extensas con Tigres de México, que modificó en varias ocasiones las condiciones que se habían acordado. La voluntad del futbolista de regresar a la Argentina ayudó a destrabar una operación por la que River pagó 15 millones de dólares brutos. Después de diez años y medio en Atlético de Madrid y su posterior paso por el fútbol mexicano, aceptó usar la camiseta número 10 y debutó apenas un día después de llegar, en la derrota ante Barracas Central.
La convivencia y los vínculos dentro del plantel
Fuera de los partidos, Correa mantiene un trato cercano con los empleados del club y los jugadores más jóvenes. Comparte mates después de las prácticas y su desempeño en los entrenamientos despierta la atención del cuerpo técnico. Esa forma de relacionarse convive con una historia familiar atravesada por dificultades económicas y pérdidas durante la infancia, experiencias que marcaron su vida antes de consolidarse como futbolista profesional.
En su regreso al país, Thiago Almada ocupa un lugar importante como amigo y compañero cotidiano. También mantiene una relación cercana con Nicolás Otamendi y con Tobías Andrada, a quien conocía por compartir agencia de representación. Entre entrenamientos y encuentros con sus compañeros, aparece además su afición por el pádel, actividad vinculada al club que inauguró recientemente en España. Con esa integración al grupo y su aporte ofensivo, el delantero se volvió una pieza central para las aspiraciones de River de pelear el campeonato y volver a la Copa Libertadores en 2027.
