Lionel Scaloni alcanzará este viernes un nuevo hito como entrenador de la Selección Argentina cuando dirija su partido número 100 frente a Cabo Verde, en el Hard Rock Stadium de Miami. La cifra lo ubicará entre los técnicos con más presencias al frente del seleccionado nacional y ratificará la dimensión de un proceso que transformó una etapa de incertidumbre en una de las más exitosas de la historia del fútbol argentino. Su llegada, en 2018, despertó dudas por su escasa experiencia, pero el paso del tiempo convirtió aquella apuesta de la AFA en un proyecto ganador.
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De una Selección golpeada a un equipo campeón del mundo
Cuando Scaloni asumió el cargo, la Selección Argentina atravesaba uno de sus momentos más delicados. Las finales perdidas, la eliminación en el Mundial de Rusia 2018 y los sucesivos cambios de entrenadores habían dejado un plantel sin rumbo definido. En ese escenario comenzó un profundo recambio impulsado junto a Pablo Aimar, Walter Samuel y el resto del cuerpo técnico, con el respaldo del presidente de la AFA, Claudio Tapia, y el apoyo de figuras como César Luis Menotti y José Pekerman, quienes confiaron desde el inicio en el proyecto.
El entrenador renovó gran parte del plantel, sostuvo a referentes como Lionel Messi, Ángel Di María y Nicolás Otamendi, y construyó una nueva base con futbolistas como Emiliano "Dibu" Martínez, Cristian Romero, Rodrigo De Paul, Leandro Paredes, Giovani Lo Celso, Nahuel Molina, Julián Álvarez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Lautaro Martínez. Ese proceso permitió recuperar competitividad y devolverle identidad a un equipo que volvió a acostumbrarse a competir por los títulos.
Un método que cambió la historia y busca otro Mundial
Bajo la conducción de Scaloni, la Selección Argentina rompió una sequía de 36 años sin títulos, conquistó la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América 2024, además de consolidarse como uno de los seleccionados más competitivos del planeta. El entrenador construyó un grupo con fuerte sentido colectivo, donde la figura de Messi dejó de ser la única referencia y pasó a integrarse a un funcionamiento que priorizó el equipo por encima de las individualidades.
El técnico también dejó una marca fuera de la cancha. Su perfil bajo, el manejo del grupo, la capacidad para sostener la renovación sin romper con la experiencia y la decisión de mantener la calma incluso en los momentos más complejos terminaron por consolidar un liderazgo que unificó al fútbol argentino. Tras superar el desgaste que dejó la conquista de Qatar, decidió continuar al frente del seleccionado y ya puso en marcha un nuevo recambio con la mira puesta en el Mundial 2026, donde buscará prolongar un ciclo que ya ocupa un lugar privilegiado en la historia de la Selección Argentina.