La huida de Flávio Bolsonaro a Estados Unidos ya tiene su primera reacción de peso y no fue para nada condescendiente.
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A horas de conocerse que el senador brasileño desobedeció la orden de la Justicia y escapó del país, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva rompió el silencio.
Lo hizo en el marco del festejo de sus 81 años, frente a sus seguidores en el Palacio de la Alvorada, y sus palabras fueron un dardo directo al corazón de la polémica.
"Que se haya ido es una vergüenza": la primera reacción de Lula tras la huida de Flávio
Lula no dudó en calificar la fuga como un acto de cobardía. “Lamento que haya salido de Brasil. Podría haberse quedado para probar que las acusaciones no son verdaderas”, expresó el mandatario, mostrando una mezcla de pesar y desprecio por la decisión de su rival.
Pero la frase más contundente llegó a continuación, cuando sentenció: “Quien no debe, no teme. Quien sale escondido de su país, debe alguna cosa”. Una definición que resume la sospecha que sobrevuela al apellido Bolsonaro.
Para reforzar su postura, Lula apeló a su propia historia. Recordó cuando, durante la operación Lava Jato, recibió ofertas para asilarse en una embajada, pero decidió quedarse y entregarse a la Policía Federal. “Resolví quedarme en Brasil y me entregué a la PF porque quería desenmascarar a mis acusadores y probar mi inocencia. Y aquí estoy para el cuarto mandato”, contrastó.
Y fue por más al defender la democracia de su país: “No vayan a decir por ahí que Brasil no tiene democracia. Si no la tuviera, un miembro de una milicia no se estaría postulando a la presidencia”.
La situación de Flávio es cada vez más compleja. El senador está siendo investigado por presunto lavado de dinero y había recibido la orden del juez Alexandre de Moraes de entregar sus pasaportes.
Lejos de acatar, huyó en un vuelo privado con su esposa y sus dos hijas menores rumbo a Estados Unidos. Allí, la administración de Donald Trump ya confirmó que le otorgará una visa para permitir su ingreso, un salvoconducto que desafía la justicia brasileña y que deja en evidencia la red de protección de la ultraderecha internacional.
La primera reacción de Lula marca el tono de lo que será una batalla política y judicial de largo aliento.
Mientras el bolsonarismo se reúne de emergencia en Brasilia, buscando explicaciones para una fuga que los dejó en ridículo, el líder del PT se posiciona como el estadista que, a sus 81 años, sigue dando lecciones de valentía y compromiso con la ley. La comparación es inevitable y, por ahora, el ganador es claro.