Eran las 12:56 del viernes cuando la tierra empezó a moverse en el sur de Panamá. El epicentro fue cerca de Tonosí, en la provincia de Los Santos, y el sacudón se sintió en casi todo el país.
El Servicio Geológico de Estados Unidos midió la magnitud en 7,7. El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, en 7,5.
Cualquiera de los dos números alcanza para explicar lo que vino después: una noche de terror, con más de un centenar de réplicas que mantuvieron a miles de familias fuera de sus casas.
En Parita, en Los Pozos, en Penonomé y en decenas de comunidades rurales, la gente armó campamentos improvisados en patios y veredas. Colchones, frazadas, sillas de plástico y radios a pilas.
Panamá declara emergencia nacional tras el sismo de 7,7 y moviliza US$100 millones
"El terremoto me robó el sueño", contó Ambrosio Pérez, un octogenario de Herrera que pasó la madrugada envuelto en sábanas, mirando el cielo. "En mi vida he sentido uno que otro temblor, pero nada comparable con esto".
El sábado llegó el balance oficial. El ministro de la Presidencia, Juan Carlos Orillac, y la subdirectora del Sinaproc, Malitzie Rivera, confirmaron 27 heridos y ninguna víctima fatal. Pero los daños materiales son enormes: 419 escuelas afectadas, 21 instalaciones de salud dañadas, más de 426 viviendas con problemas y nueve puentes averiados.
En Penonomé, la torre de la catedral de San Juan Bautista colapsó. También parte de la Gobernación de Coclé.
En Los Santos, cinco comunidades quedaron incomunicadas y unas 300 personas fueron evacuadas de la costa por el aumento del nivel del mar.
El Gobierno no perdió tiempo. El Consejo de Gabinete aprobó el estado de emergencia nacional por instrucción del presidente José Raúl Mulino, y habilitó hasta US$100 millones para asistencia humanitaria y reparación de infraestructura.
El ministro de Economía, Felipe Chapman, salió a llevar tranquilidad: "La economía panameña no se va a detener. Contamos con los recursos necesarios para hacerle frente a los daños". Chapman confirmó contactos con el BID, la CAF, el BCIE, el Banco Mundial y el FMI para conseguir financiamiento adicional.
La respuesta internacional no tardó. El BID ofreció hasta US$300 millones en financiamiento contingente y US$500.000 no reembolsables. La CAF anunció una donación de US$250.000 y habilitó una línea de US$50 millones para desastres naturales.
Estados Unidos, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y El Salvador ofrecieron apoyo. "¡Panamá no está sola!", escribió la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, en sus redes.
Mientras tanto, el país intenta volver a la normalidad. El Canal de Panamá opera sin problemas tras activar sus protocolos de emergencia. El aeropuerto de Tocumen suspendió despegues y aterrizajes durante cada réplica, y Copa Airlines reportó demoras y cancelaciones.
El Metro de Panamá cortó temporalmente las líneas 1 y 2. En las zonas rurales, los alcaldes de Mariato, Tonosí y Pedasí reportaron comunidades sin agua ni luz, familias durmiendo al aire libre y daños en cultivos de arroz. Piden carpas y recursos porque, dicen, los municipios no tienen con qué responder por sí solos.