Así como son cada vez más las personas que van al gimnasio con regularidad y que cuidan su salud, también está aumentando el número de deportistas que sufren vigorexia, es decir, que se obsesionan con lograr el cuerpo perfecto.

Y cuando eso ocurre, hacer actividad física se convierte en algo tortuoso. Deja de ser un hobby para pasar a ser una esclavitud. Por eso hay que tratar seriamente el tema, consultando a un especialista.

Porque es importante saber que se trata de un trastorno obsesivo-compulsivo, que se corresponde con aquellos cuadros en los que la persona se obsesiona con sus imperfecciones. Eso hace que perciba una imagen distorsionada de sí misma y que actúe en consecuencia. 

El otro tema es descubrir a tiempo si realmente se sufre de vigorexia. A continuación contaremos algunas claves para que uno mismo pueda determinarlo.             

Sensación de que se pasa poco tiempo en el gimnasio: si siempre queda la idea de que se estuvo entrenando poco tiempo, eso es un claro indicio de que se padece el trastorno.

Verse siempre sin músculos: el vigoréxico busca todo el tiempo aumentar su masa muscular -apelando incluso al consumo de esteroides y de suplementos alimentarios- pero, más allá de los resultados obtenidos, nunca está conforme.                

No parar de mirarse al espejo: en casa, en el baño de la oficina o andando por la calle, estas personas aprovechan cualquier espejo, o incluso el cristal de un auto, para mirarse sus músculos.                                                                                                          

Hacer ejercicio de manera compulsiva: no hay días libres ni excusas que valgan. Ir al gimnasio es una obligación. Incluso, para las vacaciones sólo eligen hoteles con gimnasio.                                                                                                               
Cenar siempre en casa: ir a comer afuera se convierte en un problema, porque la dieta es tan estricta que sólo se confía en las cosas light que el propio vigoréxico cocina.                    

Tener baja autoestima: los vigoréxicos tienen poca seguridad en sí mismo y, además, no aceptan las críticas. Se irritan con facilidad y se sienten observados continuamente.