El ajo es un alimento muy bueno, con muchas propiedades nutricionales, y que no debería faltar en ninguna dieta. Para demostrar su importancia diremos que, en 100 gramos, encontraremos unos 23 de carbohidratos, unos seis de proteínas y unos dos de fibra. Casi no hay grasa y, además, abunda el potasio, el calcio, el magnesio y el fósforo, así como una significativa cantidad de vitaminas del grupo B (concretamente la B1 y la B3). El total de aporte energético del ajo está en unas 120 kcal por cada 100 gramos. En cuanto a la forma de consumirlo, conviene que sea cocinado y no crudo, ya que es algo indigesto. El ajo, además, tiene probadas propiedades antisépticas y se ha comprobado que ayuda a eliminar del intestino bacterias dañinas. También es diurético y tiene efecto vasodilatador, por lo que se asocia a un impacto muy positivo en hipertensos y enfermos de arteriosclerosis. En este sentido se le pueden atribuir propiedades cardioprotectoras. Elegido por la elite. Los atletas de mayor nivel no dudan en incluir el ajo en sus comidas. El gran alpinista Carlos Soria, por ejemplo, es un verdadero adicto e ingiere por lo menos un diente de ajo crudo en el almuerzo. Posiblemente lo hace buscando su efecto vasodilatador, que en la alta montaña es garantía de que la sangre fluya con más facilidad, dado el espesamiento natural que se produce en ella, debido a la deshidratación que se suele producir al estar en altura. En resumen, e incluso en el caso de las personas que no entrenan habitualmente, el ajo no puede faltar nunca. Por su aporte de potasio, calcio, magnesio y vitaminas B y B12, y por ser de gran ayudar en tu salud cardiovascular.