La situación en Chile es muy complicada. Tan complicada que Conmebol ya piensa en las alternativas para la Final Única de la Copa Libertadores que disputarán River y Flamengo.

Es más este martes a la mañana las autoridades de Conmebol le solicitaron a su unidad de trabajo en Santiago, el Venue Management que le solicite a los organizadores locales del evento los costos de cancelación de la fecha del 23 de noviembre.

Como Chile no quiere ceder y resignar la organización de la final, la Confederación se ve obligada a tomar una decisión antipática que probablemente le genere un conflicto político con el gobierno de Piñera. Ante este panorama, se decidió hacer una reunión y convocar a los presidentes de las tres confederaciones implicadas (Chile, Brasil y Argentina) y a los mandatarios de los dos equipos finalistas, River y Flamengo. Según trascendió la decisión ya está tomada: Conmebol va a tratar de sacar la sede de Santiago. Tanto el "Millonario" como el "Mengao" están de acuerdo con la medida. Las confederaciones de Brasil y Argentina acompañarán las medidas tomadas por los equipos y Conmebol. De hecho, prefieren no meterse en la definición.

¿Qué busca Domínguez con esta reunión? Es lógico, intenta que la decisión política de mover la sede sea consensuada por todas las partes, con el objetivo de mostrarle a Chile que es la medida más lógica. Pero esa primera decisión, dio paso a otra diyuntiva: ¿a dónde se mudará la final? 

Las dos sedes que Conmebol le va a acercar a las partes para disputar el partido son La Nueva Olla de Asunción y el Centenario de Montevideo. En caso de ser en Paraguay, hay un inconveniente: el de las entradas. Para la Confederación, el hecho de respetar las 12.500 entradas que le dio a River y a Flamengo implica ceder tickets de venta libre y de protocolo. De ser en el Centenario (estadio que jamás estuvo ternado para la final de la Copa Libertadores 2018 ni para la Final Única de 2020) existirá un problema adicional: el ballotage en Uruguay obligaría a que el partido se retrase una semana, al sábado 30 de noviembre. Además, por el problema de iluminación que existe en la cancha, donde se están cambiando las luces, el partido no debería empezar más tarde de las 15:30. Valorando todas las aristas, la opción más potable es Asunción.

Hay otra opción que se baraja y es la de Miami. En los últimos días una propuesta del país norteamericano hizo un cambio en la cifra prometida y en la forma de comercializar el evento, transformándolo en un negocio muy tentador para la confederación y los clubes.

Para Domínguez, la propuesta de Miami no es sólo una cuestión económica de esta final. De alguna manera significa descongelar las relaciones comerciales con CONCACAF y retomar la idea de una Copa Libertadores de sur a norte en la que también participen los equipos de EEUU y México. 

Así las cosas, todo indica que Santiago está sentenciada y que habrá nueva sede. De marchar todo como Conmebol planea, entre mañana y el jueves se definirá la ciudad que albergará la final de la Copa Libertadores.