El domingo 4 de octubre Brasil vota en primera vuelta. La última encuesta de Datafolha, publicada el 3 de septiembre, muestra a Lula con 38% de intención de voto y a Flávio Bolsonaro con 33%. En agosto la diferencia era de seis puntos, ahora es de cinco. Y en un eventual balotaje del 25 de octubre están técnicamente empatados: Lula 46, Flávio 44, con dos puntos de margen de error (DW).
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Faltan tres semanas. Y conviene decirlo con claridad: nunca en la historia democrática argentina un presidente puso el vínculo con Brasil al borde de la ruptura para bancar a un candidato extranjero. Milei lo hizo, y sigue haciéndolo. Brasil es nuestro principal socio comercial. Milei eligió jugarse por Bolsonaro y contra Lula desde el primer día, con costo diplomático y con costo económico real.
Lo que Milei le dijo a Lula, para que quede escrito
No es un problema de tono. Es un problema de política de Estado.
Milei llamó a Lula "corrupto" y "comunista" en campaña. Cuando el propio Lula le pidió disculpas, Milei respondió: "¿Desde cuándo hay que pedir perdón por decir la verdad?" (Infobae). Después le sumó "ladrón". Faltó a la cumbre del Mercosur para no cruzárselo. Boicoteó el proyecto de moneda común. Retiró a la Argentina de los BRICS antes de asumir. Se metió abiertamente en la campaña brasileña bancando a la familia Bolsonaro en actos y en redes.
La contraparte fue el retiro del embajador brasileño de Buenos Aires, el freno a la coordinación bilateral en Mercosur y meses de una relación protocolarmente sostenida pero políticamente rota. Con el principal socio comercial. Con el país al que le exportamos autos, autopartes, cereales, aceites, químicos, plásticos. Con el mercado que sostiene una parte grande del entramado industrial bonaerense, cordobés y santafesino que hoy está en crisis.
Ninguna presidencia argentina —ni de Menem con Cardoso, ni de Kirchner con Lula, ni de Macri con Bolsonaro— rompió el protocolo con Brasil de esta manera. Milei lo hizo por convicción ideológica y por cálculo de bloque continental. Y ahora, con la elección brasileña encima, ese cálculo se pone a prueba.
La apuesta: todo por Bolsonaro
La estrategia del clan Bolsonaro fue clara. Jair está inhabilitado políticamente por el Tribunal Superior Electoral y por las causas penales que arrastra desde el intento de golpe del 8 de enero de 2023. No puede ser candidato hasta 2030. Corre en su lugar el hijo mayor, Flávio Bolsonaro, senador por Río de Janeiro y operador político central del bolsonarismo.
Milei se paró desde el primer día del lado de esa jugada. Bancó públicamente a la familia, viajó a eventos con ellos, se fotografió con Eduardo Bolsonaro, participó del Foro Madrid de VOX en Santiago hace diez días junto a Kast y ahí reivindicó a Pinochet. Todo el operativo Milei sobre Brasil está diseñado para que llegue oxígeno político y simbólico al bolsonarismo en la recta final de la campaña.
La apuesta es doble. Si gana Flávio, Milei se anota la victoria como propia y refuerza el eje continental Trump-Bolsonaro-Kast-Milei con el gigante sudamericano adentro. Si pierde Flávio, Milei queda expuesto a haber roto la relación bilateral más importante de Argentina para bancar a un candidato derrotado, y tiene que reconstruir el vínculo con un Lula que reciba con la sonrisa fría de quien sabe todo lo que le dijeron y le hicieron.
Es una apuesta de riesgo alto. Y no es una apuesta que corresponda hacer a un presidente argentino con el poder que le delegamos.
El respaldo de Trump
Milei no juega solo. Detrás de la apuesta por Flávio Bolsonaro está Donald Trump con toda la maquinaria del Estado norteamericano operando abiertamente contra Lula.
Trump aplicó aranceles a productos brasileños específicamente diseñados como palanca de campaña contra Lula. Presiona públicamente al Supremo Tribunal Federal por las causas contra Jair Bolsonaro. Denuncia "persecución política" al bolsonarismo desde su cuenta de Truth Social y desde el Departamento de Estado. Elon Musk convirtió a X en amplificador permanente de la campaña de Flávio. La ofensiva es coordinada, es explícita, y no tiene el disimulo que en otras épocas tenía el intervencionismo norteamericano en la política latinoamericana.
Para Milei, ese respaldo de Trump es la única cobertura política real que tiene para sostener la ruptura con Lula. Sin la venia y el paraguas de Washington, la posición argentina sería insostenible frente a una potencia regional que es diez veces la economía nuestra y que concentra buena parte de nuestro comercio exterior. Con esa venia, Milei se cree autorizado a insultar al presidente del país vecino y a intervenir abiertamente en su campaña.
Pero el paraguas de Trump tiene fecha de vencimiento potencial. Y conviene mirarla.
El otro tablero: las intermedias norteamericanas
El 3 de noviembre son las elecciones de medio término en Estados Unidos. Se renuevan las 435 bancas de la Cámara de Representantes y 35 de las 100 del Senado.
Los promedios de encuestas publicados el 11 de septiembre por las cinco firmas más citadas de Estados Unidos —Decision Desk HQ, RealClearPolitics, Silver Bulletin, FiftyPlusOne y VoteHub— muestran ventaja demócrata de entre 6,4 y 7,2 puntos para el voto genérico al Congreso (Wikipedia). Cuando la ventaja del partido opositor se ubica en ese rango, la Cámara de Representantes cambia de manos históricamente en el 90% de los casos.
Es decir: hoy la probabilidad más alta es que Trump pierda la Cámara y quede con margen de maniobra reducido para el resto de su mandato. Menos capacidad de aplicar sanciones ejecutivas discrecionales, investigaciones parlamentarias abiertas, agenda internacional acotada, y dos años de desgaste hasta 2028.
Un Trump debilitado a partir de enero de 2027 es un paraguas más chico para Milei. Y si a eso le sumamos que Flávio Bolsonaro no gane en Brasil, Milei queda con la ruptura consumada frente a Lula, sin el respaldo pleno de Trump para bancarla, y con una economía interna que arrastra deterioro salarial, laboral y productivo desde hace un año largo.
Los dos escenarios sobre Argentina
Escenario A. Flávio Bolsonaro gana en Brasil. Milei se anota la jugada, refuerza el eje continental con Kast (que tiene chances reales en la primera vuelta chilena del 16 de noviembre), y sostiene la apuesta de ruptura con la tradición bilateral argentina como parte del reposicionamiento en un Mercosur alineado con Washington. Se termina cualquier posibilidad de moneda común. Se abre la Amazonía al agronegocio y a la minería anglosajona. Se consolida la infraestructura tecnofascista continental —Palantir de Thiel, OpenAI de Altman, X de Musk— con un mercado brasileño de 215 millones de personas adentro. Milei gana oxígeno político y se vuelve pieza natural de un bloque sudamericano consolidado.
Escenario B. Lula gana en octubre. Trump pierde la Cámara en noviembre. Kast puede ganar en Chile, sí, pero Chile no compensa a Brasil. México sigue con Sheinbaum y con Morena controlando el Congreso mexicano hasta 2027 como mínimo, funcionando como otro contrapeso regional al bloque. Milei queda expuesto: una relación destrozada con el principal socio comercial, un paraguas norteamericano achicado, una economía interna que empuja para abajo, y una legitimidad política golpeada tras la derrota del domingo pasado en Buenos Aires. No es el fin del proyecto tecnofascista continental, pero es una alteración importante de la correlación de fuerzas regional y una ventana de oxígeno para todo lo que quiera resistir esa hegemonía. Incluida Argentina. Incluidos nosotros.
Lo que se juega Argentina el 4 de octubre
El 4 de octubre en Brasil no se juega solamente una elección brasileña. Se juega la apuesta política más grande y más costosa que hizo Milei en política exterior desde que asumió. Se juega si el eje Trump-Milei-Kast recibe la pieza sudamericana grande o si se queda con Brasil operando como polo alternativo regional. Se juega el destino inmediato del Mercosur. Se juega la política de datos y soberanía tecnológica de toda la región. Se juega la agenda ambiental sobre el bioma amazónico. Se juega la presencia militar norteamericana en el Atlántico Sur.
Y se juega, específicamente para Argentina, si el próximo gobierno —sea del signo que sea— hereda una relación diplomática y comercial reconstruible con Brasil o si hereda escombros.
Milei se jugó todo por Bolsonaro. Puso el vínculo con nuestro principal socio comercial al borde de la ruptura, insultó al presidente vecino, boicoteó el Mercosur y entregó la política exterior argentina al eje continental de la ultraderecha con Trump como padrino y con Kast como socio regional. Es la primera vez en la historia democrática que un presidente argentino le juega en contra al país al que más le vendemos y al que más le compramos para bancar a un candidato extranjero derrotado en las urnas.
Por eso miro la elección brasileña con atención. No es un tema exterior. Es política interna nuestra por otras vías, y es la factura política más grande que puede recibir Milei en lo que queda del año.
Faltan tres semanas.
Fuentes consultadas:
Datafolha vía DW – Encuesta 3 de septiembre 2026: dw.com
Wikipedia – Elecciones generales de Brasil 2026: es.wikipedia.org
Infobae – Milei llamó "corrupto y comunista" a Lula y se negó a pedir disculpas: infobae.com
Wikipedia – 2026 United States elections (promedios de encuestas actualizados 11 de septiembre 2026): en.wikipedia.org