El título que nos vendieron
"La revolución de los aviones." Así la vendió Mauricio Macri en 2018 cuando inauguró El Palomar como aeropuerto low cost. Una aerolínea joven, disruptiva, ágil. Aviones baratos, sin lujos, para "la primera experiencia de vuelo" de 400 mil argentinos que hasta ese momento se movían en micro. El slogan del suizo Julian Cook, fundador de Flybondi, era brutal en su sinceridad: "Nuestra competencia no es otra aerolínea, es el micro de larga distancia".
Ocho años después el título quedó al revés. Flybondi ya no vuela. Y el micro te lleva, mientras el avión te deja tirado en el aeropuerto.
En los primeros 12 días de julio de 2026 la compañía hizo 23 vuelos sobre 427 programados. Cumplimiento del 5,4%. En junio había cancelado 1.823 vuelos de 2.626 programados: 30,6% de cumplimiento. Entre el 1 de junio de 2025 y el 31 de mayo de 2026 dejó a más de 350.000 pasajeros varados en 2.500 vuelos cancelados, según la consultora Adventus, que la puso en el último lugar de su ranking de confiabilidad. Los números son de La Nación, del Cronista, de Perfil y de la propia ANAC. No es un invento mío.
Pero esta historia no se termina con el fracaso empresario. Justamente ahí es donde empieza a ser interesante. Porque este fracaso no es un accidente del mercado. Es un negocio distinto, con nombre propio y protección política. Y hay que contarlo despacio.
La promesa Macri (2016-2019): el cuento chino del capitalismo joven
Cuando en octubre de 2016 el ejecutivo suizo Julian Cook armó la carpeta de Flybondi, prometió tres cosas: US$75 millones de inversión, una flota que iba a crecer de 6 a 25 aviones en cinco años, y 33 rutas para el primer año. El gobierno de Macri respondió con un regalo enorme: convirtió la base militar de El Palomar en aeropuerto comercial en 2018, con una concesión pensada a la medida de la low cost.
El resultado fue el clásico argentino. El Palomar duró apenas dos años como aeropuerto: a fines de 2020 lo cerraron oficialmente por la pandemia y por "déficit operativo". Cuando en 2023 se renovaron los contratos de Aeropuertos Argentina 2000 hasta 2038, El Palomar no fue incluido en el paquete de casi 200 obras de infraestructura previstas. Y las low cost tuvieron que mudarse a Aeroparque, donde no crecieron porque no hay mangas ni lugar. La promesa de los 25 aviones nunca se cumplió: Flybondi llegó a tener 13 y hoy opera dos.
Este es el primer punto que hay que subrayar. La "revolución de los aviones" fue humo desde el inicio. Ni la inversión prometida se ejecutó completa, ni la infraestructura pública construida para sostenerla se mantuvo, ni el modelo económico dio para lo que decía. La aerolínea llegó a ser tercera del mercado con apenas el 9% de participación, y hoy tiene menos del 6% (Dinamicarg). En mayo transportó 70.863 pasajeros de cabotaje: 65,5% menos que un año antes.
Pero esa parte es solo la mitad del cuento. La otra mitad es lo que pasó después.
La bomba Milei (2024-2026): la empresa que se rompe hacia adentro
En 2024 Flybondi cambió de manos. El fondo Cartesian Capital Group que la tenía desde el principio le vendió el paquete a COC Global Enterprise, un vehículo detrás del cual está el argentino Leonardo Scatturice. Y ahí se termina la historia de la aerolínea disruptiva y empieza otra cosa.
Voy a describir el estado actual con datos duros, sin adjetivos, para que quede claro que no exagero.
Combustible: YPF les cortó el suministro a cuenta corriente. Ahora es pago por adelantado. El 24 y 25 de junio, según La Nación, "sin plata en la caja, no hubo combustible y, por lo tanto, tampoco vuelos". Los únicos dos aviones que sí volaron, matrículas LV-KDQ y LV-KEF, cargaron combustible que "duró para una semana de dos aviones".
Flota: de 13 aparatos, quedan 2 operativos. Varios de los otros se fueron al exterior para inspecciones técnicas y no volvieron. Los lessors (los dueños que se los alquilaban) no cobran.
Trabajadores: no pagaron aguinaldos. No pagaron transfers de tripulación. No pagaron hoteles. No pagaron los acuerdos de desvinculación firmados con el personal despedido. Licenciaron a todas las tripulaciones hasta el 30 de septiembre.
Pasajeros: 350.000 damnificados en un año. En vez de reembolsos, ofrecen vouchers por el doble del valor del pasaje para viajes futuros que nunca van a ocurrir. La agencia federal ANAC les inició un sumario administrativo a principios de año y no hizo nada más.
Impuestos: acá aparece el dato más grave. Alrededor del 30% del precio del pasaje son tasas y retenciones que Flybondi cobra al pasajero como agente del Estado y que después debe depositar en las arcas públicas. Según La Nación, esos depósitos no se están haciendo. Es plata de todos que se queda en la caja de la empresa.
Y a pesar de todo esto, Flybondi sigue vendiendo pasajes en su sitio web para vuelos que no van a despegar. La ANAC lo sabe y no interviene. El Ministerio de Transporte lo sabe y no interviene.
Comparemos con las competidoras. En mayo de 2026 JetSmart tuvo 90,13% de puntualidad y 0,32% de cancelaciones. Aerolíneas Argentinas, la aerolínea estatal que Milei viene atacando desde el minuto uno, tuvo 0,9% de cancelaciones. Flybondi en el mismo período canceló el 46,93% de sus vuelos. No es un problema del "modelo low cost" ni del "mercado argentino": es un problema de esta empresa, con nombre y apellido.
Quién es Leonardo Scatturice y por qué la ANAC calla
Acá hay que hacer una pausa y explicar algo que la crónica económica prefiere no tocar.
Scatturice tiene 49 años, nació en Lanús y arrancó su carrera profesional a principios de los 2000 como chofer en la ex SIDE. Después montó una empresa llamada C3 Consulting. En la última década quedó imputado en la causa judicial "Dark Star", que investiga espionaje ilegal, escuchas telefónicas, seguimiento a periodistas y vínculos con barrabravas. Entre las denuncias contra él figura una por haber espiado al entonces titular de la Aduana durante el gobierno de Macri. Nunca fue procesado ni indagado. Está radicado en Estados Unidos desde 2020.
Todo esto lo publicó La Nación (Diego Cabot) en su edición del 14 de julio de 2026. No lo digo yo.
Esta persona hoy es dueña de una de las aerolíneas comerciales que operan en la Argentina. Pero además, y esto es lo que explica el silencio del Estado, Scatturice se convirtió en pieza clave del oficialismo:
Organizó el encuentro Milei-Trump de febrero de 2025, junto a los dirigentes republicanos Matt Schlapp y Barry Bennett.
Tiene nexo directo con Santiago Caputo, el asesor presidencial más poderoso del Gobierno.
Acercó a Andrés Vázquez al Ejecutivo, quien hoy está a cargo de facto de la ARCA (la ex AFIP).
En criollo: el dueño de Flybondi es una pata del gobierno de Milei. Está adentro del círculo íntimo. Por eso la ANAC no intima. Por eso ARCA no persigue las retenciones impositivas impagas. Por eso Defensa del Consumidor no obliga a devolver los pasajes. La empresa no funciona pero conserva su licencia comercial. La estafa continúa con protección de Estado.
Lo que quedó claro
Voy a intentar juntar todo en tres cosas.
Primera: el discurso neoliberal argentino nunca cumple lo que promete. Nos vendieron desde Macri que la desregulación, la competencia y "las inversiones privadas" iban a democratizar los vuelos. Nos dieron una aerolínea que quebró dejando 350 mil pasajeros varados, tripulaciones sin sueldo y un aeropuerto militar reciclado a las apuradas y después abandonado. Todo pago con recursos públicos. No es un accidente: es el patrón. Cada vez que "los mercados" prometen revolucionar un servicio esencial, terminamos los de abajo poniendo la plata y los de arriba llevándose lo que queda.
Segunda: cuando estos negocios se rompen, no se rompen solos. Se rompen y quedan sostenidos por el Estado con silencio y con complicidad. Flybondi lleva más de un año cancelando vuelos y la ANAC no aplica una sola multa. Lleva meses reteniendo impuestos y ARCA no persigue. Los proveedores le cerraron las cuentas, pero el sitio web sigue vendiendo pasajes. Ese silencio no es negligencia. Es diseño.
Tercera: la explicación de ese silencio tiene nombre y apellido. Se llama Leonardo Scatturice y es parte de la mesa chica del Gobierno de Milei. Cuando la caja pequeña de una compañía privada se mezcla con la caja política del oficialismo, el resultado no es libre mercado. Es amiguismo, es prebenda, es la vieja "casta" que el discurso libertario decía venir a barrer.
La derecha vendehumo argentina no fracasa porque no le alcanza el tiempo. Fracasa porque su modelo consiste en eso: prometer revoluciones y garantizar saqueos. Macri les regaló El Palomar. Milei les regala el silencio. Y en el medio, 350 mil pasajeros argentinos aprendieron por las malas que la "revolución de los aviones" era, en realidad, la revolución del bolsillo del pasajero volando hacia la caja de un espía radicado en Miami.
El neoliberalismo no falla por accidente. Falla y encima cobra.
Fuentes citadas y consultadas:
- Diego Cabot, La Nación (14/7/2026), "Flybondi: cómo dejó de volar la disruptiva low cost que fue un ícono y que afronta una crisis terminal". lanacion.com.ar
- Perfil (4/7/2026), "Leonardo Scatturice puso a Flybondi al borde de la quiebra". perfil.com
- Cba24n (11/7/2026), "Flybondi en crisis: sin combustible y más vuelos cancelados". cba24n.com.ar
- Clarín (5/7/2026), "Flybondi, en caída libre a un año de su venta". clarin.com
- El País Argentina (17/6/2026), "Flybondi: la primera aerolínea de bajo coste argentina está al borde del colapso". elpais.com