El titular que no quieren que veamos
Milei y su tropa siguen repitiendo que la inflación bajó. Que "está todo estabilizado". Que "lo peor ya pasó". Y ahí queda flotando el relato mientras nosotros abrimos la boleta de la luz y no entendemos cómo puede ser que un servicio nos cueste lo que antes gastábamos en el mes entero de comida.
Bueno, hay un dato que rompe el relato en pedazos. Y no es un invento mío. Lo mide el mismo organismo que el oficialismo cita cuando le conviene: el Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP, UBA-Conicet. Es decir, la universidad pública.
Ese informe dice, con nombres, números y período comparable, algo que hay que subrayar con marcador: desde que asumió Milei, las tarifas de servicios públicos en el AMBA aumentaron 919%. En el mismo período, la inflación general acumuló 236%. Y los salarios apenas 138%.
Traducido: las tarifas subieron casi 4 veces más que los precios y 5 veces más que el sueldo. Este es el corazón del ajuste que este Gobierno no quiere que se mire de frente.
Vamos por partes.
Los números uno por uno
Los datos son del Reporte de Tarifas y Subsidios del IIEP UBA-Conicet, replicados por La Nación, Infobae y Clarín. No son medios opositores. Es la información que circuló en los diarios grandes la semana pasada y que después se tapó con otras noticias.
Desde diciembre de 2023 hasta junio de 2026:
- Transporte: +912%.
- Gas: +748%.
- Agua: +365%.
- Electricidad: +339%.
- Canasta total de servicios públicos: +919%.
- Inflación acumulada: 236%.
- Salario Mínimo Vital y Móvil: +138%.
Una familia promedio del AMBA sin subsidios necesitó en junio de 2026 unos $282.758 solo para pagar luz, gas, agua y transporte. Eso, hoy, se lleva el 15% del salario promedio registrado. En diciembre de 2023 se llevaba el 4,3%. Es más del doble.
Y esa cifra es el promedio. Cuando bajamos a los hogares más golpeados, la película es todavía peor.
El ajuste no es parejo
Este es el punto que quiero que no se pierda, porque acá se ve la naturaleza de clase del plan.
Según el mismo relevamiento, complementado por un informe de la Fundación Capital:
Una familia con dos salarios mínimos ($735.600) destinaba en diciembre de 2023 el 5,3% de su ingreso a servicios públicos. Hoy destina el 22%. Se cuadruplicó.
Un hogar con dos jubilaciones mínimas pagaba 5,1% de su ingreso en servicios. Hoy paga 17,3%. Los jubilados dejan casi uno de cada cinco pesos en la boleta.
Una familia de ingresos medios ($1,5 millones) pasó de 7% a 14%. Se duplicó.
El decil 10, los más ricos del país, pasaron del 1,6% al 3%. Subió, sí, pero apenas un punto y medio.
Es decir: el hogar más pobre paga en tarifas siete veces más de su ingreso que el hogar más rico. En diciembre de 2023 esa diferencia era de tres veces. Milei no bajó las tarifas: las movió de bolsillo. Ahora las paga el que menos tiene.
Esto no es "el ajuste", genéricamente hablando. Es un ajuste con dirección. Un ajuste que se cobra a los de abajo y le regala rentabilidad a las empresas de energía, la mayoría de ellas con nombre y apellido en la lista de amigos del Gobierno. Los subsidios que antes iban al bolsillo popular hoy son ganancia empresarial.
El truco discursivo: "estaban atrasadas"
Cuando uno les señala estos datos, la respuesta es siempre la misma: "es que las tarifas estaban atrasadas". Como si fuera un problema técnico y no una decisión política.
Vamos a hacer la cuenta que ellos no quieren hacer.
Si algo aumenta 5 veces más que el salario, eso ya no es "sincerar precios". Es transferir riqueza. Es decidir que el costo real de la electricidad, del gas, del transporte, no lo va a pagar más el Estado con la recaudación general —esa recaudación a la que también aporta el que más tiene— sino que lo va a pagar cada hogar con lo que le queda del sueldo después de comer. Y como el sueldo no da, la gente se endeuda: Clarín contó la semana pasada que las familias están financiando la boleta de la luz con la tarjeta de crédito. Es lo más parecido al infierno económico: pagar servicios básicos a 30% de interés mensual porque el ingreso no llega.
El "atraso tarifario" del que hablan es, en realidad, un piso histórico de protección al ingreso popular. Todos los gobiernos que sostuvieron subsidios lo hicieron por una razón simple: en un país con salarios en pesos e inflación crónica, subsidiar la energía es una forma de sostener el poder de compra. Cuando se saca ese piso de golpe, no se "sincera" nada: se traslada plata desde el bolsillo popular hacia la caja de las empresas.
Y todavía hay más. Cuando la propia UBA-Conicet mide y muestra esto, el Gobierno responde con silencio o con ataques al organismo. El mismo organismo que Milei cita cuando le conviene, ahora es "kirchnerista". Es el clásico método de este oficialismo: la fuente vale si me da la razón; si me la saca, es cómplice del enemigo.
Seis de cada diez no llegan a fin de mes
Los efectos concretos ya están medidos y publicados. El 59% de los hogares argentinos dice que su ingreso no alcanza a fin de mes. Solo cuatro de cada diez cubren todos sus gastos. Y apenas uno de cada cuatro cree que el año que viene la situación va a mejorar. Este es el país real, no el de los tuits del ministro.
Y no es solo la luz. En simultáneo aumentan prepagas, colegios privados, alquileres, telefonía, internet, cable, combustibles, peajes. Cada mes, algo nuevo. Cada mes, un pedacito más del sueldo que se va antes de llegar a la carnicería. La rueda está diseñada así: para que llegues al 20 y ya no te quede plata para nada más que pagar cuentas.
Un año atrás, con el salario promedio se cubrían 8 canastas de servicios públicos. Hoy, con el mismo salario, apenas 6,8. La foto es esa: el sueldo compra menos vida.
Adónde va la plata que nos sacan
Este es el punto que casi ningún diario se anima a nombrar. Porque no alcanza con decir "aumentaron las tarifas". Hay que preguntarse quién se lleva esa plata.
Cuando nos suben 919% la luz y a los salarios les tocan 138%, hay una diferencia que no desaparece: se transforma en ganancia. Esa diferencia va a las empresas distribuidoras de energía, muchas de las cuales, año tras año, aparecen entre las principales aportantes de las campañas del oficialismo. Va a las prestadoras de gas, a las concesionarias de transporte, a los grupos concentrados que operan la infraestructura estratégica del país. Va, en última instancia, a los mismos empresarios que el Gobierno defiende cada vez que se habla de "clima de negocios".
No es ajuste. Es transferencia. De abajo hacia arriba. De los que abren la boleta con miedo a los que la cobran. De los que viajan colgados en el 60 a los que operan los peajes. Los ricos más ricos, los pobres más pobres. Esta frase, que parece un latiguillo, es exactamente lo que muestran los números de la universidad pública.
Lo que no dicen los que gobiernan
Voy a ser preciso, porque este es el trabajo que le corresponde hacer a un periodista honesto: comparar lo que el Gobierno dice con lo que hace.
Milei y sus voceros dicen que "bajó la pobreza". Los datos oficiales muestran que el hogar más humilde destina hoy el 22% de sus ingresos solo a servicios públicos. Cuando el 22% del sueldo se va en luz, gas, agua y transporte, no hay pobreza que "baje" en serio: hay una definición estadística que no captura lo que pasa en cada cocina.
Dicen que "se acabó la casta". Y las empresas que se llevan esta plata son, en muchos casos, las mismas que financiaron las campañas del oficialismo. Casta pura, con RIGI incluido.
Dicen que "estabilizaron la economía". Y el 59% de las familias no llega a fin de mes. La estabilización, si existe, es la del ingreso empresarial. La del ingreso familiar sigue rota.
Qué hacemos con esto
Mi trabajo acá es doble: primero, poner los datos en su lugar, con fuente y con precisión, para que quien lee este texto tenga argumentos duros para dar en la mesa familiar, en el grupo de WhatsApp, en la cola del banco. Segundo, no dejar que el número se lea solo como un número.
Este dato del IIEP es, si me preguntan a mí, uno de los mejores diagnósticos del proyecto Milei. No hay que leerlo como "otra suba más". Hay que leerlo como el mapa de a quién se le saca y a quién se le da. Y ese mapa dice: se le saca al jubilado, al asalariado registrado, a la familia de dos sueldos mínimos, y se le da al empresario energético. Punto.
La discusión política, entonces, no es si "hay que sincerar precios" o "hay que subsidiar". La discusión política es: ¿queremos un país donde el sueldo alcance para vivir, o un país donde cada aumento del sueldo se le vaya en la próxima boleta?
Porque si el sueldo aumenta 10% y la luz aumenta 25% en el mismo mes, no hay recomposición posible. Nunca se llega. Es el laberinto por diseño.
Cierre
Cada vez que se abre la boleta con miedo, es un dato más para este mapa. Cada vez que un jubilado paga la luz y se queda sin remedios, es una decisión de Gobierno. Cada vez que una familia tiene que elegir entre pagar el gas o mandar al pibe al club, alguien —arriba— firmó ese cambio con la mano.
No hay economía de mercado que funcione así. Esto es un dispositivo de transferencia. Y la única forma de frenarlo es nombrarlo. Contarlo con datos. Ponerle la firma de la universidad pública al costado, porque el Gobierno miente con las estadísticas propias pero no puede tapar las del IIEP.
Nos están sacando la plata por la luz. Por el gas. Por el agua. Por el transporte. Nos cobran como si ganáramos en dólares y nos pagan en pesos devaluados. Y todavía dicen que hay que aplaudir.
#DatoMataRelato
Fuentes:
IIEP UBA-Conicet — Reporte de Tarifas y Subsidios (junio 2026)
IIEP UBA-Conicet — Serie completa Tarifas y Subsidios
La Nación — Fuerte crecimiento del peso de las tarifas en el ingreso (30/6/2026)
Infobae — Se disparó el impacto del aumento de tarifas en las familias más pobres (29/6/2026)
Infobae — Cuánto aumentaron los servicios a partir de julio (29/6/2026)
Clarín — Los impuestos y las tarifas ahora se financian con la tarjeta (4/7/2026)
Hoy Día Córdoba — Ratifican el aumento en las tarifas (1/7/2026)