El día que echaron a los físicos
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Ayer, 30 de junio, mientras el país miraba cómo Santilli juraba de ministro y cómo Adorni saltaba al Pacto Mayo, el gobierno de Milei firmó otra medida silenciosa pero de fondo: oficializó el cese de más de 170 trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).
No son 170 planilleros. No son ñoquis. Son físicos nucleares, ingenieros, químicos, técnicos de laboratorio, investigadores. Gente formada durante décadas en un sistema científico que puso a la Argentina entre los diez países del mundo con capacidad nuclear propia. Al mismo tiempo, ATE tomó la sede central de CNEA en Núñez para reclamar la reincorporación. La respuesta fue Gendarmería. Represión adentro del edificio de un organismo científico. En 2026.
El vocero Ravier, en su primera conferencia de prensa, lo dijo con orgullo: la CNEA se recortó un 57,83%, pasando de 645 cargos a 272. Casi seis de cada diez puestos, evaporados. Sin plan de reemplazo. Sin auditoría técnica. Sin explicación de qué áreas específicas se cierran ni por qué. Un funcionario del gobierno, Ramos Nápoli, se atrevió a llamar a la CNEA “aguantadero de la política”. Al mismo organismo que sostuvo el plan nuclear argentino desde 1950.
El dato que rompe el relato oficial
Acá viene la parte que ningún noticiero va a leer. Lo puso arriba de la mesa el economista Hernán Letcher, del CEPA:
• Nucleoeléctrica Argentina (opera Atucha I y Atucha II): + $90.304 millones de resultado financiero en 2025.
• Dioxitek (fabrica las pastillas de uranio para los reactores): + $19.204 millones de resultado financiero en 2025.
Las dos empresas controladas por la CNEA cerraron el año con superávit. No son deficitarias. Ganan plata. Le aportan al fisco. Y aún así les vacían la casa matriz.
Repasemos el argumento oficial: “hay que achicar el Estado porque el Estado gasta más de lo que produce”. Bueno, acá no. Acá el Estado produce más de lo que gasta. Y aún así lo desmantelan.
Entonces, si el argumento del ahorro no cierra, ¿cuál es el argumento verdadero? El propio Letcher lo desliza al final del tuit: “la segunda parte la pueden leer en el acuerdo comercial Argentina – Estados Unidos donde renunciamos a la soberanía nuclear”.
Perón, Balseiro y los 75 años que no vamos a devolver
Hagamos un poco de historia, porque acá se juega algo más que un ajuste presupuestario.
La CNEA la creó Juan Domingo Perón en 1950. Argentina fue el primer país de América Latina con reactor nuclear propio (RA-1, 1958).
Formamos a José Antonio Balseiro y a generaciones enteras de físicos que después fundaron el Instituto Balseiro, INVAP, ARSAT. Diseñamos y exportamos reactores de investigación a Australia, Egipto, Argelia, Perú, Países Bajos, Arabia Saudita. Vendemos reactores. No los compramos: los diseñamos, los construimos, los vendemos.
Argentina es uno de los diez países del mundo con capacidad completa de ciclo nuclear: extraemos uranio (Sierra Pintada), lo enriquecemos, fabricamos las pastillas (Dioxitek), operamos los reactores (Atucha) y producimos medicina nuclear para tratar cáncer (radiofármacos). Este ciclo se llama “soberanía nuclear” y en el mundo lo tienen Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, Corea del Sur, India, Japón, Canadá y Argentina.
Ese es el organismo que Ravier acaba de recortar 58%. Ese es el “aguantadero” que echó a la calle a Ramos Nápoli.
El otro nombre: programa FIRST
Mientras se vacía la CNEA, Argentina adhirió al programa FIRST (Foundational Infrastructure for Responsible Use of Small Modular Reactor Technology) que impulsa la administración Trump. FIRST vende un paquete de “financiamiento, transferencia tecnológica y mercado de exportación con respaldo político”. Suena impecable en la nota de prensa.
Traducido al idioma real: Argentina renuncia a desarrollar su propia línea de reactores modulares (el proyecto CAREM, íntegramente argentino, que la CNEA venía empujando desde hace más de una década) y a cambio se convierte en cliente de la tecnología estadounidense. Compramos sus reactores. Compramos su combustible. Compramos su ingeniería. Y dejamos morir la nuestra por falta de personal.
No es teoría. Es lo que Estados Unidos hace en todos los países que puede: destruir capacidad soberana local + vender su producto + colocar sus servicios. Se llama política de sustitución inversa: en lugar de que la periferia sustituya importaciones, la periferia destruye su producción propia para importar.
Y para eso hay que vaciar la CNEA. Porque mientras haya 645 científicos formados en el organismo, no hay excusa para importar reactores extranjeros. Con 272 cargos apenas alcanza para mantener las luces encendidas. Con menos, ni eso.
Lo que hay en juego, en concreto
Cuando el vocero Ravier presenta el recorte como “eficiencia”, lo que realmente estamos perdiendo son cinco cosas concretas:
Uno. La medicina nuclear pública. La CNEA fabrica los radiofármacos que se usan para diagnosticar y tratar cáncer en hospitales de todo el país. Si el organismo se vacía, esos insumos hay que importarlos. En dólares. Con margen extranjero. Perdemos autonomía sanitaria.
Dos. El plan CAREM. Un reactor modular chico, íntegramente argentino, que estaba a punto de ser el primero de su clase en el mundo. Si echás a los ingenieros que lo diseñaron, se muere. Como se murió Ferrocarriles Argentinos, como se murió YPF cuando la privatizaron.
Tres. El uranio en el subsuelo. Argentina tiene reservas de uranio. Sin CNEA para procesarlas, quedan a disposición del mejor postor. Peter Thiel firmó Pax Silica con Estados Unidos hace tres días. Pax Silica incluye “minerales críticos”. El uranio es uno.
Cuatro. La formación de nuevos científicos. El Instituto Balseiro, la Universidad de Cuyo, el ITBA, todos formaban físicos que iban a la CNEA. Sin CNEA, no hay dónde emplearlos. Se van a trabajar afuera. Fuga de cerebros con financiamiento del Estado argentino: entrena y exporta, gratis.
Cinco. Un plan estratégico de 75 años. No lo construyó Milei, no lo construyó Macri, no lo construyó ni siquiera Kirchner. Lo construyeron Perón, Illia, Alfonsín, Menem (a regañadientes), De la Rúa (por inercia), Duhalde, Kirchner, Cristina y Macri. Ocho gobiernos de todos los colores lo sostuvieron. Milei lo destruye en 19 meses.
La motosierra no es contra el Estado. Es contra nosotros.
Este es el punto que ningún libertario va a poder responder: si Nucleoeléctrica y Dioxitek son superavitarias, si aportan plata al Estado, si producen medicina para cáncer, si son parte de una industria estratégica única en América Latina, ¿por qué las vacían?
Porque no se trata de plata. Se trata de posición. Argentina, con soberanía nuclear, es un país que negocia de igual a igual con Estados Unidos, con Rusia, con China. Argentina sin soberanía nuclear es un cliente. Y Milei prefiere ser cliente antes que socio.
Cuando el presidente firma con Trump el acuerdo comercial —el mismo que menciona Letcher, el mismo que nadie te está mostrando por completo—, la contrapartida no dicha es entregar los sectores donde Argentina competía. Nuclear. Aeroespacial. Litio. Data. Todo lo que hicimos con esfuerzo público durante generaciones, todo lo que pusimos guita del bolsillo colectivo para construir, ahora se entrega en un paquete a cambio de un préstamo, un swap, o un tratado de “libre” comercio.Lo llaman “modernización”. Se llama de otra manera y ya la conocemos: entrega.
Lo que se puede hacer
Primero: nombrarlo. Que dejemos de decir “despidos en el Estado” como si echaran gente de un ministerio de trámites. Estos son físicos nucleares. Ingenieros. Técnicos que operan centrales. Científicas que producen medicina. Hay que decirlo así.
Segundo: contarlo. Que llegue a los que hoy no lo están viendo porque están mirando a Santilli. Compartir el dato. Que Atucha aportó $90 mil millones. Que Dioxitek aportó $19 mil millones. Que las empresas GANAN plata y aún así las cierran. Ese dato rompe el relato.
Tercero: no aceptar la palabra “ajuste”. Ajuste es lo que se hace cuando faltan recursos. Acá los recursos sobran, la CNEA es rentable, y aún así la vacían. Esto no es ajuste. Esto es una decisión política de otro tipo. La palabra correcta es entrega.
Y cuarto: preguntarle al peronismo, al radicalismo, a la izquierda, a los senadores, a los diputados: ¿qué van a hacer con esto? Porque si dejamos pasar el vaciamiento de la CNEA sin dar batalla, mañana se nos caen encima el INVAP, el CONICET, ARSAT y la próxima generación de argentinos.
La motosierra ya lleva 65.027 despidos en el Estado, según el CEPA. Un físico nuclear formado en el Balseiro tarda quince años en formarse.
Esto que están rompiendo, no lo podemos volver a armar en un mandato.
Por eso hay que decirlo ahora, no después.
Los trabajadores de la CNEA no son ñoquis. Son el país. Y nos están sacando el país a pedazos, en silencio, mientras miramos a Santilli.
#DatoMataRelato