Detrás de Adorni: cómo se está entregando el Atlántico Sur mientras miramos al vocero

El escándalo alrededor del ex jefe de gabinete, Manuel Adorni fue utilizado por el oficialismo para ocultar una política de entrega en el Atlántico Sur.

Domingo, 28 de junio de 2026 a las 20 30

El título que vemos

"Adorni se peleó con tal periodista." "Adorni dijo tal cosa." "Adorni se quedó, Adorni se va." Hace una semana que el vocero presidencial es la noticia. Antes fue Pettovello. Antes Sturzenegger. Antes Caputo. La cara cambia. El mecanismo no.

Mientras tanto, hay otra noticia que en los diarios aparece en columnas cortas, en cables que no llegan a portada, en notas técnicas firmadas por especialistas que pocos leen. Es la que voy a desarmar acá. Porque si me preguntan a mí, esa segunda noticia es mucho más importante que cualquier pelea del vocero.

La noticia es esta: Milei y sus aliados están entregando el Atlántico Sur. No es una metáfora. Es lo que dice el Boletín Oficial. Es lo que dicen los acuerdos firmados con el Reino Unido. Es lo que dicen las empresas extranjeras que ya están operando en aguas que reclamamos como propias.

Vamos por partes.

Lo que dicen los diarios y lo que no cuentan

Lo que dicen los diarios: "Argentina y Estados Unidos realizaron ejercicios militares conjuntos en Ushuaia." Suena a rutina. Suena a cooperación. Suena a que esto pasa siempre.

Lo que no te cuentan: que esos ejercicios duraron 27 días, que incluyeron comandos Navy SEAL, que se hicieron simultáneamente en tres bases —Ushuaia, Mar del Plata y Puerto Belgrano— y que se autorizaron por un decreto de necesidad y urgencia, el DNU 697/2025, sin que el Congreso pudiera votarlo.

Por qué eso importa: la Constitución Nacional, artículo 75 inciso 28, le da al Congreso la facultad exclusiva de autorizar la entrada de tropas extranjeras al territorio nacional. La Ley 25.880 reglamenta el trámite. Ninguno de los dos pasos se cumplió. Milei firmó un papel y listo.

No es una opinión mía. Es lo que admitió Luis Petri, que era por entonces ministro de Defensa de Milei —el funcionario que firmaba la operación— en su respuesta a la interpelación de la Cámara de Diputados. Y es lo que también dijeron la senadora Cristina López y el senador Blanco, que hablaron directamente de "traición a la patria" según los artículos 214 y 215 del Código Penal. No son palabras mías: son las palabras de senadores de la Nación y del propio ministro que firmó el papel.

Por qué Ushuaia y no otra ciudad

Acá hay que explicar algo que casi nadie te cuenta en los diarios.

Ushuaia no es una base militar cualquiera. Es la única ciudad argentina que está a mil kilómetros de la Antártida. Es la puerta de entrada al continente blanco. Quien controla Ushuaia, controla el paso entre el Atlántico Sur y el Pacífico Sur. Y controla el acceso al territorio antártico que Argentina reclama.

El mismo Petri, ahora como candidato a diputado, salió a negar que se esté instalando una base estadounidense en Ushuaia. Técnicamente tiene razón: no hay bandera de Estados Unidos flameando. Pero la pregunta no es esa. La pregunta es: ¿para qué se hacen ejercicios combinados con submarinos nucleares clase Los Angeles —como el USS Newport News— en esa ciudad específica?

La respuesta es simple. No es una base. Es una llave.

El acuerdo Mondino–Lammy: lo diplomático que va con lo militar

En paralelo a la militarización, hay un segundo movimiento que casi no aparece en los diarios: el acuerdo que la canciller Diana Mondino firmó con su par británico David Lammy en 2024.

Para entender este acuerdo hay que conocer la historia. Argentina y el Reino Unido firmaron en 1989 y 1990 los llamados "acuerdos de Madrid". La idea oficial era restablecer relaciones diplomáticas después de la guerra. La idea real era otra: Argentina aceptaba dejar el reclamo de soberanía "bajo paraguas" para que el Reino Unido pudiera explotar los recursos de Malvinas sin que eso afectara nuestra posición jurídica.

En 2016, el macrismo firmó el pacto Foradori-Duncan, que volvió a esa misma lógica: pedir soberanía en la ONU mientras se facilitaba la actividad económica británica en las islas.

El acuerdo Mondino-Lammy de 2024 retoma exactamente ese espíritu. Y lo lleva más lejos.

Sea Lion: el proyecto que está convirtiendo Malvinas en un campo petrolero

Acá entra la pieza que casi nadie conecta.

Frente a las costas de Malvinas, en aguas que Argentina considera propias, hay un proyecto petrolero llamado Sea Lion. Lo operan dos empresas: la británica Rockhopper Exploration y la israelí Navitas Petroleum.

Los datos: 3.100 millones de barriles de petróleo estimados. Inversión prevista de 1.700 millones de dólares. Producción proyectada para 2027–2028. Es una expansión unilateral británica sobre la cuenca de Malvinas que Argentina nunca aprobó.

Que una petrolera israelí esté operando en Malvinas no es coincidencia. Es el mismo Gobierno que viajó a Israel más veces que a varias provincias argentinas. Es el mismo Gobierno que convirtió la relación con Tel Aviv en uno de los pilares de su política exterior. Las decisiones se tocan: lo diplomático, lo militar y lo económico forman un mismo paquete.

El Tratado Antártico que se perfora con decreto

Y ahora la pieza más grande. La que casi nunca te explican en los diarios.

El Tratado Antártico de 1959 prohíbe dos cosas en el continente blanco: la militarización y la extracción de recursos. Argentina es uno de los doce países firmantes originales. Desde 2004 somos sede de la Secretaría del Sistema del Tratado Antártico, con oficinas en Buenos Aires.

Y nuestra presencia en la Antártida es la más antigua del mundo: pisamos ese territorio desde 1904. Hoy tenemos 13 bases —7 permanentes y 6 temporales—, un programa científico, un instituto de investigación. O mejor dicho: teníamos.

Teníamos Pampa Azul, creado en 2014 para estudiar el mar argentino y el continente antártico. Hoy está paralizada.
Teníamos el FONDEF, el fondo destinado a financiar esa investigación. Hoy está desfinanciado.
Teníamos campañas antárticas anuales. Hoy están reducidas.

Mientras Argentina se queda sin ciencia propia para mirar su propio océano, las potencias que sí tienen satélites, submarinos nucleares y plataformas de extracción se pasean por nuestras aguas con permiso firmado por decreto. Nos están dejando ciegos, literalmente, para que solo podamos mirar el mar con permiso ajeno.

La cifra que explica por qué pasa todo esto

¿Por qué tanto esfuerzo geopolítico, militar y diplomático sobre un continente helado en el que casi no vive nadie?
El Telegraph publicó en 2024 una estimación que circuló poco en la prensa argentina: la reserva de petróleo bajo el subsuelo antártico podría ser de 511.000 millones de barriles. Para tener idea: eso es treinta veces Vaca Muerta.

Esa es la dimensión del negocio. Y esa es la pregunta de fondo: cuando el Tratado Antártico se renegocie en 2048, ¿quién va a estar sentado en la mesa, y con qué cartas?

Argentina, hoy, se está sacando cartas de la mano. Bases científicas que se desfinancian. Soberanía que se entrega sin debate parlamentario. Acuerdos con potencias extranjeras firmados a espaldas del Congreso. Un Tratado que se perfora con DNU. Una empresa israelí extrayendo petróleo en aguas que reclamamos.

Por qué escribo esto

No creo que mis lectores no se den cuenta. Creo lo contrario: que la agenda mediática está diseñada para que el tiempo que tenemos para informarnos se lo lleve siempre la pelea del día. Es un método, no es casualidad. El vocero ocupa la pantalla mientras el bisturí trabaja en silencio.

Esto no se vota. Se firma. Y se firma rápido, porque mientras miramos a Adorni nadie está leyendo los Boletines Oficiales.
Lo que nos señalan no es lo que nos roban.

Adorni es el ruido. La Antártida es la noticia.


#DatoMataRelato

Fuentes:

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