En el marco del 176° aniversario del fallecimiento del general José de San Martín, el presidente Javier Milei encabezó el acto oficial en la Plaza San Martín del barrio porteño de Retiro. Acompañado por el Gabinete nacional y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, el mandatario utilizó la ceremonia para trazar un paralelismo entre la gesta sanmartiniana y su propio programa político y económico, advirtiendo que la libertad enfrenta actualmente “enemigos internos y externos”.
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Durante su alocución, el jefe de Estado argumentó que la sociedad argentina resignó terreno en materia de independencia individual “en nombre de ampliar un Estado gigante”, lo que a su criterio cercenó la capacidad de “comerciar, emprender, soñar con un futuro mejor” y cuestionar al poder de turno.
Cuestionamiento al intervencionismo y la «batalla cultural»
Milei remarcó que la libertad “no es el estado natural de las sociedades” y señaló la propensión de las administraciones a regular por sobre la desregulación, enfatizando que “es más fácil fijar un precio que dejarlo libre, es más fácil cerrar el comercio que abrirlo, poner regulaciones que desarmarlas”.
En esa línea, el mandatario ligó la sustentabilidad de las instituciones democráticas a la solvencia económica y la estabilidad financiera del país:
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Prosperidad y estabilidad: El Presidente afirmó que “la libertad para sobrevivir requiere de un pueblo próspero y pujante” y definió como meta prioritaria de su gestión “proveer a nuestra ciudadanía de la estabilidad y crecimiento necesario para planificar su vida personal y familiar”.
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Defensa ideológica: Criticó las justificaciones detrás de la presión fiscal y la injerencia estatal, aseverando que desde ciertos sectores “nos quieren hacer creer que el pecado es justo y la justicia es pecado y que el robo está justificado si es por un supuesto bien superior, sea esta la necesidad económica del pobre o la necesidad fiscal del Estado”.
Geopolítica y reequipamiento militar
En el tramo final de su discurso, el Presidente abordó el escenario internacional, al que calificó como “cada vez más complejo e incierto”, y rechazó lo que definió como el histórico proceso de “demonización y desfinanciamiento” dictado sobre la estructura castrense local.
Para finalizar, Milei respaldó el proceso de modernización militar al sostener que “para poder pararnos firmemente en el concierto de las naciones y defender nuestros intereses necesitamos unas Fuerzas Armadas equipadas y bien formadas”. Asimismo, fijó entre los pilares de la política de defensa la protección fronteriza, la selección estratégica de alianzas internacionales y el combate contra “todas las formas de terrorismo”.