Javier Milei descargó insultos durante ocho horas contra el periodismo y apoyó una ley para sancionar a la prensa

El Presidente dedicó la mañana del martes a atacar a la prensa con insultos como "mierd*s humanas" y respaldó el pedido de Caputo para que la Justicia castigue a los periodistas.

Martes, 25 de agosto de 2026 a las 21 37

Por Ezequiel Bucetto

Martes, 25 de agosto de 2026 a las 21:37

No pasó ni un mes desde que el Presidente de la Nación había prometido dejar los insultos.

El 5 de agosto de 2025, en la Fundación Faro, Javier Milei dijo que iba a cambiar. Que iba a dejar de insultar. Que iba a “discutir ideas”. Un año después, la promesa se convirtió en otra anécdota.

Este martes, el Presidente dedicó ocho horas a atacar al periodismo. Y lo hizo con la misma saña de siempre.

La catarata empezó alrededor de las 10.30. Milei citó un tuit de Luis Caputo que cuestionaba una nota de LA NACION.

Ocho horas de agresiones verbales de Milei contra el periodismo: llamó "mierd*s" a los periodistas

La nota, justamente, hablaba de los más de 300 mensajes con insultos y acusaciones sin pruebas que el propio Presidente había publicado la semana anterior.

En lugar de bajar el tono, Milei subió la apuesta. “Exponiendo a las mierdas mentirosas con micrófono”, escribió.

Y no paró ahí. Caputo había dicho que “no es razonable que alguien escriba cosas sin ningún tipo de sustento y no tenga consecuencias”. Milei lo respaldó y, de paso, le puso su firma a la idea de sancionar a los periodistas.

Después, a la publicación de un usuario que hablaba de “no ceder con la pauta”, el Presidente respondió con su ya clásico “Masterclass”.

Los insultos, uno por uno

Luego, ante una nota de Clarín sobre una supuesta discusión con el economista Federico Domínguez, Milei arremetió: “Mierdas humanas mentirosas. Mierdas humanas, después lloran malas formas... Mierdas, podrían empezar por no mentir, soretes…”. No hubo espacio para la mesura.

El blanco principal fue la cobertura periodística de la morosidad. Milei compartió un análisis sobre el tema y dijo que los periodistas que informaban sobre el aumento de las deudas eran “imbéciles con déficit de IQ” y “mierdas humanas mentirosas”.

Aunque el Gobierno sostiene que “los indicadores no reflejan una situación de crisis”, lo cierto es que millones de argentinos figuran con deudas atrasadas en los registros bancarios.

La realidad, esa que el Presidente insiste en negar. En otro posteo, escribió: “Las mierdas humanas que se disfrazan de periodistas pedirán perdón por haber mentido y operado tanto con el tema morosidad... Veremos si están moldeados de barro o de mierda... Principio de Revelación a la carga... CIAO!”.

Para cerrar, Milei ajustó un dato que ya había usado antes. “Periodistas argentinos (96,7%)”, escribió, refiriéndose a su propio índice de odio. Un año atrás, había dicho que odiaba al 90% de los periodistas. Después subió al 95%. Ahora, el 96,7%.

Es un número que no tiene más rigor que el capricho del Presidente, pero que revela algo inquietante: el odio no es una anécdota, es una política.

El contexto de la furia

Los insultos de este martes no fueron un arrebato aislado. Entre el 17 y el 23 de agosto, Milei reprodujo 335 mensajes contra la prensa, escribió 26 textos propios y aludió 21 veces al periodismo con tono despectivo.

Apuntó a 16 periodistas con nombre y apellido y cuestionó a al menos nueve empresas de comunicación.

Caputo, por su parte, había reaccionado a una nota que lo vinculaba con el Grupo Lenor. Negó conocer a la empresa y dijo: “La Justicia debería actuar. Necesitamos una ley que castigue este tipo de conductas”.

El ministro de Economía, que maneja el presupuesto del país, encontró tiempo para pedir una ley contra los periodistas.

Los ataques de Milei no son una rareza. Son parte de una estrategia. Cuando el Gobierno no tiene respuestas para la crisis, inventa enemigos. Y el enemigo de turno es la prensa.

Así, el Presidente evita hablar de la morosidad, de los salarios que no alcanzan, de las 30.000 empresas que cerraron. En lugar de eso, insulta. Y, mientras insulta, el país sigue hundiéndose.sigue ahí.

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