Milei salió por cadena nacional el jueves 3 de septiembre a las 21 horas para hablar de Malvinas. Veinte minutos. El gabinete detrás. Puesta en escena de líder que anuncia algo grande. Y sin embargo, cuando uno lo mira con lápiz en la mano, la cuenta es simple: cinco anuncios, ninguno es nuevo, ninguno recupera nada.
Lo digo con nombre y apellido: es puro humo. Y no es una opinión mía, es lo que muestra el cotejo entre lo que dijo el presidente y lo que ya estaba escrito en el Boletín Oficial hace más de una década.
Vamos por partes.
Primero, la señal de a quién le habla
Lo primero que nombró Milei en la cadena nacional no fue Malvinas. Fue Trump. La cadena era por la causa Malvinas, la primera palabra fue Estados Unidos. La Política Online lo adelantó el fin de semana: el discurso lo trabajaron Pablo Quirno y la SIDE, entusiasmados por "el guiño de Trump" a la causa argentina. El vocero Adrián Ravier confirmó la fuente.
La primera lectura no la hace un analista: la hace el propio orden del discurso. Milei no habló de Malvinas para pisar la ocupación británica. Habló de Malvinas para agradecerle a Washington. Un presidente argentino explicando su política de soberanía territorial arranca por lo que dice el presidente de otro país. Eso ya define lo que viene.
Segundo, las sanciones que ya están
Milei anunció "sanciones contra empresas que operen en Malvinas sin autorización argentina". Suena fuerte hasta que uno abre el Boletín Oficial.
La Ley 26.659, sancionada en 2011, ya establece condiciones para el otorgamiento de concesiones hidrocarburíferas en la plataforma continental argentina y prohíbe explorar en Malvinas sin permiso argentino. La Ley 26.915, sancionada en 2013, la endureció: hasta 20 años de inhabilitación y prisión para las personas físicas o jurídicas que operen sobre nuestros recursos sin autorización. Esas leyes están vigentes. Las voté yo no, las votó el Congreso argentino hace 15 y 13 años respectivamente.
Y no son letra muerta: la Cancillería argentina las aplicó en 2021 contra las petroleras israelí Navitas Petroleum, la británica Chrysaor y su matriz Harbour Energy. Se les prohibió operar en el territorio continental argentino y se les inició acción judicial.
Milei podría aplicar hoy mismo esas leyes contra las empresas que están sacando nuestro crudo en la cuenca Malvinas Norte. No lo hizo en veintiún meses de gobierno. Anuncia como "medida" lo que ya es ley, mientras deja que los ingleses sigan operando sin sanción real. La distancia entre lo anunciado y lo aplicable es del tamaño de un discurso de cadena nacional.
Tercero, lo que se calla: Chile abre puerto a Malvinas
Y acá viene la parte más grave, la que se calló Milei en veinte minutos de cadena nacional.
Hoy, mismo día del discurso, se anunció desde Punta Arenas que la naviera chilena Eastern Island firmó un contrato con la Falkland Islands Development Corporation, la agencia de desarrollo de los kelpers, para operar una ruta comercial regular Punta Arenas–Malvinas. El monto: 20 millones de dólares al año. La delegación británica llega a Punta Arenas los días 28 y 29 de septiembre, encabezada por Louise Ellis y Mike Summers. El primer viaje: noviembre de 2026.
Esa ruta rompe la restricción del Mercosur del año 2011, cuando los cuatro países del bloque acordaron cerrar los puertos regionales a los buques con bandera de Malvinas. Ahora los ingleses tienen puerto continental para sacar nuestro pescado, nuestro crudo y lo que sea. Chile firma con los kelpers y Milei aplaude a Kast en Santiago el mismo día.
¿Casualidad? Mirá bien la agenda. Mientras Milei firmaba con Kast un comunicado sobre soberanía en Magallanes, Chile firmaba con Malvinas la ruta que rompe el Mercosur. Mismo día, mismas horas, misma jugada partida en dos escritorios. ¿Es un acuerdo secreto Kast–Milei? El que hace la cuenta lo sospecha. El que se calló los datos en cadena nacional lo confirma.
Cuarto, la Base Integrada la pidió Richardson
Milei anunció una "Base Naval Integrada" en Ushuaia como prueba de compromiso con la soberanía austral. Otra vez: la iniciativa no es suya.
En abril de 2024, la general Laura Richardson, jefa del Comando Sur de Estados Unidos, aterrizó en Ushuaia a medianoche y se reunió con Milei. La única reunión de la agenda. Le pidió, entre otras cosas, avanzar en la instalación de una base multipropósito en Tierra del Fuego para operar en el corredor bicontinental hacia la Antártida.
Milei ratifica hoy lo que Washington le pidió hace 17 meses. Eso no es soberanía nacional: es tercerización del control del Atlántico Sur al Comando Sur. Presentarlo como decisión propia es un acto de estafa política.
Quinto, habla de soberanía y manda el oro
Y acá cierro con el dato más obsceno.
Milei habló de soberanía sobre nuestros recursos, mientras Luis Caputo, su ministro de Economía, mandó 1.500 lingotes del Banco Central a Londres en agosto de 2024. Nuestro oro. En bóvedas inglesas.
Y esta misma semana, Países Bajos trasladó 86 toneladas de oro fuera de Amsterdam. Destino: Londres. Los holandeses están sacando su oro para "acelerar su disponibilidad" en tiempos de tensión geopolítica. Nosotros lo mandamos hacia allá. Ellos lo cuidan, nosotros lo entregamos.
Que un presidente hable de soberanía nacional en cadena nacional mientras el ministro que él eligió tiene nuestro oro en Londres es la definición más precisa del humo que denuncio.
La cuenta
Cinco anuncios en veinte minutos. Ninguno recupera una hectárea del mar argentino. Ni un barril del crudo que sigue saliendo por la cuenca Malvinas Norte. Ni un gramo del oro que ya está en Londres. Ni una silla en el Comando Sur donde se decide qué hacer con Tierra del Fuego.
Milei nombró primero a Trump. Anunció como propias las leyes que votó otro. Se calló la ruta Punta Arenas–Malvinas que Chile firmaba mientras él hablaba. Presentó como iniciativa argentina lo que le pidió una general estadounidense. Y todo esto lo dijo con las reservas de oro argentinas custodiadas por el Banco de Inglaterra.
Los ingleses saben. Los kelpers saben. Trump sabe. Los únicos que no tienen que saber somos nosotros, según el guion que escribió Quirno con la SIDE. Por eso la cadena nacional. Por eso el gabinete detrás. Por eso los veinte minutos.
Puro humo.
Las Malvinas son argentinas
Yo escribo esto un jueves a la noche, con la cadena nacional recién terminada y los datos abiertos en once pestañas del navegador. Escribo esto en primera persona porque me hago cargo de cada uno de los nombres, de cada una de las leyes citadas, de cada uno de los millones de dólares mencionados. No es un invento mío: son los papeles. La Ley 26.659. La Ley 26.915. El contrato Eastern Island con Falkland Islands Development Corporation. La reunión Milei–Richardson en Ushuaia. Los 1.500 lingotes de Caputo. Las 86 toneladas de Países Bajos.
Ellos hablan de soberanía en cadena nacional porque saben que sin esa palabra no les votamos ni una reelección. Nosotros pagamos el humo con hectáreas de mar, con barriles de crudo, con toneladas de oro. La transferencia va, otra vez, de abajo hacia arriba: de nuestro patrimonio a los bolsillos que se llevan el negocio, sea en Londres, sea en Washington, sea en Punta Arenas.
Y ojo, Milei: te estamos mirando. Las Malvinas son argentinas. Los datos también.