Lula no ganó con encuestas: ganó con los que se habían quedado en casa

Lula perdió la primera vuelta por 2,2 millones de votos y ganó el balotaje por 4,4 millones. Es la primera vez desde 1989 que en Brasil gana quien salió segundo. La clave estuvo en tres millones de brasileños que el 4 de octubre no fueron a votar y el domingo sí.

Lunes, 26 de octubre de 2026 a las 14 17

El sábado a la noche, las dos encuestadoras más grandes de Brasil, Datafolha y Quaest, daban a Flávio Bolsonaro adelante, 51 a 49. En la plataforma de apuestas Polymarket, el hijo del expresidente tenía 84% de chances. El domingo, el Tribunal Superior Electoral contó el 100% de las urnas: Lula, 51,79%; Flávio, 48,21%. Más de cuatro millones de votos de diferencia.

Escribo hoy porque la pregunta que vale no es quién ganó, sino cómo. Y porque la respuesta nos sirve a nosotros, que votamos dentro de un año. Los detalles los conté en "Algo salió mal", el stream de Data Diario que va de lunes a jueves de 9 a 11 horas por Youtube.

 

LOS QUE FALTABAN

El dato que explica la noche no está en las encuestas. Está en el padrón. En la primera vuelta no votaron 33,5 millones de brasileños: una abstención de 21,08%, la más alta en primera vuelta desde 1998. En el balotaje, la ausencia bajó a 19,21%. Fueron a votar tres millones de personas más. Según Poder360, es la mayor baja de la abstención entre dos vueltas en la historia de Brasil.

Los números de cada candidato muestran hacia dónde fueron. Entre el 4 y el 25 de octubre, Lula sumó 10,4 millones de votos; Flávio, 3,7 millones. Y Flávio tenía a su favor el apoyo de los candidatos eliminados: Caiado, Zema y Cury, que juntos habían sacado más de seis millones de votos, se pusieron de su lado. Lula no sumó a ningún derrotado. Los votos en blanco y nulos cayeron de 5,9 a 4,1 millones.

No hay boca de urna que diga a quién votó cada uno de esos tres millones. Mi lectura es que la remontada se explica por ahí: Lula no convenció a los votantes de la derecha, fue a buscar a los suyos que se habían quedado en casa.

El mapa lo confirma. En el Nordeste, la región más pobre y la que más depende de las políticas sociales, la abstención fue la más baja del país: 16,4%. Lula ganó los nueve estados de la región por 24,5 millones de votos contra 10,8 millones. En Bahía votó casi cuatro puntos más gente que en el balotaje de 2022. Y Minas Gerais, el segundo padrón del país, cambió de lado: en la primera vuelta Flávio ganaba 48 a 43; el domingo ganó Lula por unos 109.000 votos.

 

LA CALLE, EL CELULAR Y EL BOLSILLO

A esa gente no la trajo una encuesta. La trajo la militancia. El canal de WhatsApp que armó el diputado André Janones juntó más de diez millones de personas en dos semanas. Hubo actos en decenas de ciudades, con estudiantes y movimientos sociales, y Lula cambió el atril por el video hecho con el celular, hablando de frente. La política volvió a la calle y a las redes, que es donde está la gente.

Y hubo una agenda que se podía tocar con la mano. Desde enero, en Brasil no paga impuesto a las ganancias quien cobra hasta 5.000 reales por mes, y pagan más los que más ganan. Este año, el Bolsa Família aumentó 15%. El gobierno lanzó un plan para que las familias salgan de las deudas y prohibió las apuestas online.

Miro eso y miro para este lado. La semana pasada, en Diputados, el oficialismo mandó al cajón, sin plazo, los proyectos para aliviar las deudas de las familias argentinas. Allá discutieron cómo sacar a la gente de la mora. Acá decidieron no discutirlo.

 

MILEI, EN SILENCIO

Milei no fue un espectador de esta elección. Llamó «presidiario» y «zurdo ladrón» a Lula, insinuó que le iban a robar la elección y, el domingo a la noche, compartió en X un mensaje que decía exactamente eso. Más de diez diputados de La Libertad Avanza viajaron a Río para la campaña de Flávio. Hoy, los presidentes de Uruguay, Paraguay, Bolivia y México, entre otros, felicitaron al ganador. Milei, hasta el cierre de esta columna, no.

Flávio, mientras tanto, dice que no reconoce el resultado y que va a pedir la anulación, por la prórroga de dos horas que ordenó un juez del Supremo. El Tribunal Electoral le respondió que la prórroga no alteró el proceso. Es el manual que ya conocemos: cuando se pierde, se denuncia fraude.

Brasil es el país con el que más comerciamos. Un presidente que no saluda al gobierno de nuestro primer socio no defiende ninguna idea: pone en riesgo fábricas y puestos de trabajo argentinos.

La lección del domingo es simple y vale para 2027. Las elecciones no las ganan las encuestas ni las apuestas. Las gana el que logra que su gente vaya a votar. El que no va, elige igual.

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