Milei sale por cadena nacional a hablar de las Malvinas que él mismo censura

La cadena no es por Malvinas. La cadena es porque Milei necesita distraer. Pero hay algo más grave que la operación electoral. Y es lo que Milei no quiere que miremos mientras hace este teatro.

Jueves, 03 de septiembre de 2026 a las 12 13

Esta noche, a las 21, Javier Milei va a mirar a cámara y va a hablar de la causa nacional más sagrada. Va a decir que las Malvinas son argentinas. Va a poner cara de patriota. Va a levantar el tono. Y millones de argentinos van a estar mirando.

Yo también voy a estar mirando. Pero voy a estar viendo otra cosa: a un empleado de Donald Trump ejecutando una orden.

Repasemos cómo llegamos hasta acá, y los detalles los cuento en "Algo salió mal", el programa de Data Diario que va de lunes a jueves de 9 a 11 horas por Youtube.

El lunes 1 de septiembre, un periodista de la BBC le preguntó a Trump si Estados Unidos estaba revisando su posición sobre Malvinas. Trump contestó una sola frase: "Siempre reviso todas las posiciones. Esa es solo una de muchas". No prometió nada. No cambió nada. Dijo que revisa. Eso fue todo. Menos de treinta segundos.

Milei salió corriendo al aire. Habló en X. Habló en LN+. Le dijo "algo muy fuerte". Convocó cadena nacional en menos de 24 horas. Insultó a los periodistas que se preguntaron si valía la pena semejante despliegue institucional por una frase de compromiso. Los llamó "mierdas humanas". Los acusó de "defender intereses extranjeros".

Yo me quedé pensando algo simple: si Trump hubiera dicho lo mismo hace dos meses, cuando el escándalo ANDIS le explotaba en la cara, ¿habría habido cadena nacional? Si Trump lo dijera un miércoles cualquiera sin elecciones a la vuelta, ¿grabaría un mensaje solemne? La respuesta se cae de madura. La cadena no es por Malvinas. La cadena es porque Milei necesita distraer.

Pero hay algo más grave que la operación electoral. Y es lo que Milei no quiere que miremos mientras hace este teatro.

 

El que hoy habla de soberanía es el mismo que censura la bandera

Volvamos apenas dos meses atrás. Julio de 2026. Semifinal del Mundial. Argentina-Inglaterra en Atlanta. Los hinchas argentinos preparan lo de siempre: la bandera de Malvinas argentinas para cuando entren al estadio.

Y ahí aparece el gobierno de Milei. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, sale a confirmar en público lo que iba a pasar en los controles: "No pueden ingresar banderas con referencias a Malvinas". Traducido: si tenías una bandera de Malvinas en la mochila, te la sacaban. Pancartas, remeras, cualquier símbolo del reclamo argentino: prohibido.

El gobierno argentino avaló ese operativo. Ni una palabra en defensa de los hinchas cacheados en los ingresos. Ni una gestión diplomática. Ni un reclamo. Nada.

Después vino el partido. Argentina ganó 2-1. Y en la cancha, los jugadores desplegaron la bandera "Las Malvinas son argentinas" que un hincha había logrado meter escondida. Fue el momento más emotivo del Mundial. La imagen dio la vuelta al mundo.

¿Y qué hizo el presidente de la Nación? Nada. No apoyó. No banco a los jugadores. No defendió la consigna. Cuando el Reino Unido protestó formalmente y pidió sanciones, el gobierno argentino tampoco salió a respaldar la bandera. Silencio de radio.

El mismo silencio que va a romper esta noche, dos meses después, cuando le convenga políticamente.

Y ahora seguí sumando. Porque no fue solo el Mundial.

Empezá por Thatcher. En mayo de 2024, Milei le dijo a la BBC —a la misma BBC que ahora es "intereses extranjeros"— que Margaret Thatcher fue "una estadista brillante". Tiene su foto en el despacho presidencial. Thatcher es la que ordenó hundir el ARA General Belgrano fuera de la zona de exclusión. Thatcher es la que mató a 323 argentinos. Ese es el modelo de estadista de Javier Milei.

Seguí por el pacto Foradori-Duncan. En 2016, el vicecanciller Carlos Foradori firmó ebrio, en las bodegas de la embajada británica, un acuerdo que le entregaba a Gran Bretaña la explotación de pesca, hidrocarburos y vuelos en el Mar Argentino que rodea las Malvinas. Alberto Fernández, en 2023, lo dio por terminado. Y en septiembre de 2024, Diana Mondino —canciller de Milei— lo restableció con David Lammy, secretario de Relaciones Exteriores británico. Sin escándalo, sin debate, sin Congreso. El pacto Foradori-Duncan 2.0 está vigente hoy. Firmado por este gobierno.

Sigo con el 2 de abril de 2025, Día del Veterano y los Caídos. Milei, en el acto oficial, dijo que anhelaba que los kelpers "voten con los pies" a favor de la Argentina. La frase parece inocente pero es una bomba jurídica: significa reconocer la autodeterminación de los kelpers. Esa es exactamente la posición del Reino Unido. Alicia Castro, exembajadora argentina en Londres, lo llamó "una herida de muerte a nuestra posición jurídica". Es la primera vez en 192 años que un presidente argentino reconoce a los colonos implantados como parte con derecho a decidir. La Resolución 2065 de Naciones Unidas dice que la controversia es entre dos Estados: Argentina y el Reino Unido. Los kelpers no son parte. Milei los convirtió en parte.

Sigo con los recursos. Rockhopper Exploration —inglesa— y Navitas Petroleum —israelí— ya operan en la Cuenca Malvinas Norte, extrayendo petróleo argentino con permiso británico y con el silencio cómplice de Buenos Aires. Este mismo gobierno, el 2 de abril, prometió tomar "todas las medidas diplomáticas necesarias". Cinco meses después no hizo ninguna. Las empresas siguen. El petróleo sale. Ellos cobran. Nosotros miramos.

 

Trump usa las Malvinas como ficha de póquer

Ahora respondamos la pregunta de fondo: ¿por qué Trump dijo esa frase el lunes?

Porque está en una pulseada con el Reino Unido por el gasto militar. La OTAN le exige al Reino Unido llegar al 5% del PBI. Trump le tiró una amenaza envuelta en diplomacia: "reviso todas las posiciones". El mensaje no era para Buenos Aires. Era para Londres. "Si no gastás más en armas, te suelto la mano en Malvinas".

Argentina, en esa pulseada, es el peón. Somos la ficha que Trump mueve en el tablero. Y Milei —que se cree jugador— corre a agradecer que lo hayan puesto sobre la mesa. No entendió que en esa jugada él es la moneda de cambio, no el que juega.

Y si mañana Trump se arregla con el Reino Unido —si Londres le confirma el 5% del PBI—, Trump se olvida de Malvinas. Y Milei se queda parado ahí, con la cadena nacional grabada, sin nada.

 

Lo que voy a mirar esta noche

Voy a mirar la cadena, sí. Pero no voy a mirar lo que Milei dice. Voy a mirar lo que Milei NO dice.

No va a decir que su ministra Monteoliva avaló la censura de la bandera de Malvinas en el Mundial. No va a decir que Mondino restableció el Foradori-Duncan. No va a decir que Rockhopper y Navitas siguen sacando petróleo. No va a decir que tiene la foto de Thatcher en el despacho. No va a decir que reconoció la autodeterminación de los kelpers. No va a decir que hasta el 31 de agosto, Malvinas no le importaba nada.

Va a decir que ama la Patria. Va a decir "viva la libertad, carajo". Va a insultar a alguien. Va a repetir que las Malvinas son argentinas. Y una parte de la Argentina se va a emocionar.

Yo no. Porque el patriota que la boca dice defender la soberanía y la firma la entrega en cuotas, no es patriota. Es empleado.

Y hoy, cuando Trump levantó el teléfono, el empleado corrió a la Casa Rosada a grabar el mensaje que le pidieron.

Eso es lo que vamos a ver esta noche. No una cadena nacional. Un turno de servicio.

Ojo Milei: la bandera que tu gobierno dejó que nos requisen, la seguimos levantando nosotros. Las Malvinas son argentinas.

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