No es fracaso, es el plan: 30.633 empresas menos y una nueva ola de cierres

Los datos oficiales del Estado que preside Javier Milei registran 30.633 empresas menos entre diciembre de 2023 y mayo de 2026. El 6% de todas las empresas que había cuando llegaron al poder. Es la peor caída en 30 meses desde 2003, peor que cualquier gobierno en dos décadas y peor que la pandemia.

Lunes, 24 de agosto de 2026 a las 12 16

En una sola semana Argentina se despidió de tres fábricas. Will Der, la textil de cincuenta años que le producía a Adidas, Puma, Lacoste, Fila, Salomon, New Balance y Macron, cerró sus plantas de General Pacheco y Las Flores. 140 despidos. Su dueño, el ex entrenador de Los Pumas Santiago "Tati" Phelan, se quebró en un audio: "estamos en agosto y ahora no hay laburo". Unilever cerró su planta de vegetales deshidratados en Guaymallén, Mendoza. Funcionaba desde 1964. Era la única deshidratadora propia de la multinacional en todo el mundo, la que abastecía a Knorr. 60 despidos. Indumentaria Catamarca anunció su cierre definitivo para fin de agosto. Llegó a tener 150 empleados fabricándole a Grisino, Jazmín Chebar, Lacoste y Puma. Hoy le quedan veinte. 130 puestos perdidos.

Tres cierres en siete días. Y no son ni el almacén de la esquina ni una anécdota: es la industria argentina despidiéndose de sí misma. Tampoco es una novedad aislada. Antes ya habían caído Fate en Llavallol (920 despidos), Whirlpool en Pilar (220), Granja Tres Arroyos (más de 300 desvinculados), Peabody dejó de fabricar electrodomésticos, Citroën se fue del país y Leval cerró después de cincuenta años.

Este relato no lo hace la oposición. Lo confiesa el propio Gobierno. Los datos oficiales del Estado que preside Javier Milei registran 30.633 empresas menos entre diciembre de 2023 y mayo de 2026. El 6% de todas las empresas que había cuando llegaron al poder. Es la peor caída en 30 meses desde 2003, peor que cualquier gobierno en dos décadas y peor que la pandemia. Llevamos 16 meses seguidos de retroceso, sin un solo mes de recuperación. En noviembre de 2023 había 512.357 empleadores registrados. En mayo de 2026, 481.724. La cifra más baja en casi dos décadas.

El último dato oficial disponible es de mayo: cerraron 2.371 empresas en un solo mes. 76 por día. Casi cuatro por hora. Junio y julio todavía no salieron, pero con lo que se ve esta semana en la calle no hay razón para pensar que se frenó. Si el ritmo de los últimos tres meses se sostuvo, en julio ya somos 34.700 empresas menos. Los cierres de Will Der, Unilever e Indumentaria Catamarca en agosto no son casos aislados sino la confirmación de que el ritmo sigue.

El detalle importa. El 98% de las empresas que cerraron son pymes. El 67% tenía un solo empleado. El 13% tenía dos. Hablamos del almacén de barrio, del taller, del kiosco, de la ferretería. Los que emplean a los pibes del barrio y a los primeros trabajos formales. Los que no tienen un RIGI hecho a medida ni un Caputo que atienda el teléfono. Cierran los que dan trabajo abajo. Ganan los cuatro amigos del régimen impositivo especial. Los sectores más golpeados son comercio (8.408 empresas menos), transporte (6.733), servicios inmobiliarios (4.098) e industria manufacturera (4.020 empresas y 97.312 empleos formales menos). Los pilares de la vida cotidiana.

Y no son solo empresas, son personas: 411.613 puestos de trabajo formales perdidos en 30 meses. 450 por día. Cada día un colectivo lleno de laburantes que se queda sin trabajo registrado. Cada día.

La reacción del Gobierno frente a este dato lo dice todo. La propia Superintendencia de Riesgos del Trabajo, el organismo del Estado que produce los números, metió una aclaración defensiva en su web asegurando que sus datos "no deben utilizarse como censo de empresas abiertas y cerradas". Traducido: el organismo oficial tuvo que salir a explicarse porque el dato le explota en la cara. No es un error de medición, es una confesión: aún el propio Gobierno reconoce que el número duele.

Esto no es libertad económica. Es la transferencia más brutal de recursos de abajo hacia arriba en décadas. Cierran los de abajo, ganan los cuatro empresarios amigos del RIGI. Los ricos más ricos, los pobres más pobres. La destrucción del tejido productivo argentino no es un daño colateral del plan Milei-Caputo: es el plan. Cada fábrica cerrada es una firma. Cada pyme que baja las persianas es una decisión política tomada en Balcarce 50. 30.633 confesiones firmadas por el propio Gobierno. Y contando.

Cuando la gente pregunta cuándo se toca fondo, la respuesta es incómoda: el fondo no se toca por accidente. Se toca cuando se decide dejar de cavar. Y este Gobierno todavía tiene la pala en la mano.

 

NOTICIA EN DESARROLLO.

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