Javier Milei quiso dar un mensaje, y es que en las ùltimas horas retiró el pliego de la jueza María Verónica Michelli argumentando que su cuñado es el periodista Eduardo Alconada Mon, un nombre incómodo para un gobierno que se pelea con la prensa a diario.
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La señal era clara: nadie que esté vinculado a los "enemigos" de Milei va a ocupar un lugar en su Justicia. Pero el tiro le salió por la culata.
Su principal socia política, Patricia Bullrich, no solo no acompañó la decisión, sino que salió a marcar la cancha de manera pública y contundente.
La senadora utilizó un término de alto impacto: "objeción de conciencia". Un concepto que en política implica un rechazo frontal. Milei quería disciplinamiento y Bullrich le puso limites.
La interna explotó: Bullrich le cruzó el carro a Milei por el pliego de la jueza Michelli
El mensaje de la dirigente no fue una crítica velada. Fue una declaración explícita de que ella también tiene principios y que no está dispuesta a avalar cualquier cosa. "Hablé con el Presidente y le comuniqué que voy a ejercer mi derecho a la objeción de conciencia", escribió en X.
Milei suele hablar de "orden" y "verticalidad". Le gusta que sus funcionarios bailen al son que él toca. Pero Bullrich no es cualquier funcionario. Es la jefa del PRO, una de las patas del armado libertario.
Y esta vez, le recordó que el poder no es un cheque en blanco. "Conozco y respeto plenamente la facultad constitucional del Presidente", escribió. Pero a renglón seguido, justificó su derecho a disentir.
La senadora apeló a "los principios que sostuve toda mi vida". Un dardo directo a la flexibilidad moral que muchos le critican al gobierno libertario. Mientras Milei ajusta, persigue opositores y retiene fondos, Bullrich esta vez se presenta como la voz de la coherencia.
"Una diferencia en un tema puntual no debilita el rumbo: lo fortalece", afirmó la senadora para intentar calmar las aguas. Pero la realidad es que esta diferencia no fue "puntual".
Viene de antes. El pedido de que Adorni muestre sus bienes, las críticas a la gestión económica, los gestos de descontento. La interna no es nueva, pero ahora se hace evidente para todos.
Milei, por ahora, no respondió. Tampoco era fácil. Contradecir a Bullrich sería admitir que no acepta las críticas. Ignorarla sería mostrar debilidad. El silencio del Presidente por ahora es la única salida elegante.
La decisión de retirar a la jueza Michelli fue un mensaje a la prensa crítica. Milei quería mostrar que nadie que esté vinculado a sus "enemigos" va a tener lugar en su gobierno, pero Bullrich le recordó que el autoritarismo tiene límites: "Sigo empujando este carro con la misma fuerza del primer día", aseguró Bullrich.
El carro, sin embargo, se mueve con dificultad. Las ruedas no están alineadas. Uno tira para un lado, el otro para el otro. La imagen es una metáfora perfecta del estado del oficialismo.
El episodio deja al gobierno de Milei mal parado. Por un lado, muestra una obsesión por controlar la Justicia y la prensa que roza lo autoritario. Por el otro, evidencia que ni siquiera sus principales aliados le compran todas las ideas.