La irrupción de miles de jóvenes en las calles francesas abrió un nuevo frente de crisis para el gobierno de Emmanuel Macron, en un escenario atravesado por el ajuste económico, el deterioro de los servicios públicos y la creciente incertidumbre sobre el futuro. Para Carlos Schmerkin, periodista argentino radicado en Francia, el fenómeno excede los reclamos educativos y expresa el hartazgo de una generación que decidió intervenir directamente en la disputa política.
“Una juventud que ha decidido decir ‘basta’ y lanzarse a la política”, resumió Schmerkin durante una entrevista con el programa Algo Salió Mal, conducido por el Javier "El Profe" Romero en el stream de Data Diario.
Editor, cofundador del Observatorio de la Argentina Contemporánea y de la Asamblea de Ciudadanos Argentinos en Francia, además de ex prisionero de la ESMA, el periodista describió un movimiento que comenzó con reivindicaciones de estudiantes secundarios y se extendió hacia otros sectores, en medio de un creciente malestar social.
Según explicó, las demandas iniciales apuntaban a mejorar las condiciones educativas y cuestionaban el sistema de admisión universitaria Parcoursup, cuyos algoritmos pueden dejar a estudiantes sin acceso a la carrera que desean. Pero detrás de esos reclamos aparece una preocupación más profunda: las dificultades para estudiar, conseguir empleo y construir un proyecto de vida en una sociedad donde los ingresos familiares pierden capacidad de respuesta frente al costo de vida.
“Cuando ven que sus padres no llegan a fin de mes, que pierden el trabajo porque cierran fábricas, y muchos estudian en los suburbios, ven también la degradación de los edificios donde estudian y la degradación en los hospitales y en la salud pública en general”, sostuvo.
Para Schmerkin, ese cuadro explica que los universitarios también se hayan sumado a las protestas y que la movilización haya adquirido una dimensión política que desborda las reivindicaciones sectoriales.
De la periferia al centro de la crisis política
Durante la entrevista, el periodista marcó una diferencia central entre la actual rebelión juvenil y el Mayo Francés de 1968. Mientras aquella movilización tuvo como punto de partida a los estudiantes universitarios del centro de París, el movimiento actual surgió en las periferias y los suburbios.
“El Mayo Francés cobra importancia cuando los obreros salen a la calle y acompañan. Ahora, de a poco, los sindicatos de profesores de educación se sumaron y algunos sindicatos de trabajadores apoyan, pero no se han movilizado masivamente todavía”, explicó.
La posibilidad de que esa convergencia entre estudiantes y trabajadores se profundice aparece como una de las claves de la evolución del conflicto. Por ahora, el movimiento combina reclamos educativos con cuestionamientos al rumbo económico y al funcionamiento de las instituciones.
Schmerkin también destacó el momento político en el que se producen las protestas: a seis meses de las elecciones presidenciales, con un gobierno al que describió como debilitado y en una etapa de desgaste.
En ese contexto, cuestionó la respuesta de Macron frente a las movilizaciones. Según relató, el mandatario realizó una intervención televisiva que no ofreció respuestas concretas a las demandas juveniles. Entre las medidas que podría haber impulsado, mencionó una revisión del sistema de admisión universitaria, una discusión sobre los horarios escolares y un plan para reparar los edificios educativos.
El periodista vinculó esa falta de respuestas con el programa de ajuste que lleva adelante el Ejecutivo y con el encarecimiento del combustible, un factor que también había alimentado las protestas de los chalecos amarillos.
Marine Le Pen y Mélenchon, ante una elección polarizada
Uno de los puntos más fuertes del análisis fue la disputa electoral y la posibilidad de que la crisis termine favoreciendo a la extrema derecha. Schmerkin describió un escenario de creciente polarización entre Marine Le Pen, referente de la derecha radical, y Jean-Luc Mélenchon, dirigente de izquierda de La Francia Insumisa.
Según las encuestas que mencionó durante la entrevista, ambos aparecían como los principales contendientes para una eventual segunda vuelta, con Le Pen ubicada entre el 32% y el 36% y Mélenchon en torno al 18% o 19%.
El periodista sostuvo que esa perspectiva alimenta una ofensiva política y mediática contra La Francia Insumisa. En ese sentido, afirmó que, de acuerdo con una investigación de Mediapart, se habría impartido una directiva a los servicios de inteligencia para denunciar una supuesta organización de las protestas por parte de esa fuerza política.
También cuestionó que buena parte del sistema mediático presente a Le Pen y Mélenchon como opciones equivalentes, mientras distintos sectores políticos llaman a impedir que el dirigente de izquierda llegue a la segunda vuelta.
Para Schmerkin, esa dinámica puede terminar beneficiando a la propia extrema derecha, al desplazar del centro del debate las controversias que la afectan y concentrar la discusión pública en la demanda de orden.
“Esto favorece directamente a Marine Le Pen, no hay duda”, afirmó.
Denuncias de represión y una cobertura centrada en los disturbios
Schmerkin también cuestionó el tratamiento mediático de las movilizaciones y denunció una cobertura que, según su análisis, privilegia las imágenes de destrozos y saqueos por encima de la represión policial.
El periodista sostuvo que cientos de miles de personas participaron de manifestaciones pacíficas y describió episodios de violencia contra jóvenes, con heridos que habrían sufrido lesiones graves, incluida la pérdida de manos y ojos.
Como parte de su argumento, citó un estudio sobre la cobertura televisiva que, según indicó, registró que el 75% del tiempo estuvo dedicado a imágenes de violencia y saqueos, el 12% a acusaciones contra La Francia Insumisa y apenas el 3% a la represión policial.
Además, mencionó que miles de personas fueron detenidas durante las protestas y que una proporción importante de los arrestados eran menores de edad. También advirtió sobre el despliegue de un dispositivo policial masivo anunciado para nuevas manifestaciones.
El periodista señaló una diferencia con las movilizaciones en la Argentina: mientras las protestas suelen dirigirse hacia Plaza de Mayo o el Congreso, en Francia las fuerzas de seguridad impiden que los manifestantes lleguen a sedes centrales del poder, como la Asamblea Nacional, Matignon —la sede del primer ministro— o el Palacio del Elíseo.
Una crisis que excede a Macron
El análisis de Schmerkin dejó planteado un interrogante que atraviesa a buena parte de Europa: por qué el malestar provocado por el deterioro social y económico puede traducirse en un fortalecimiento de las fuerzas de extrema derecha, incluso cuando los reclamos parten de sectores juveniles que cuestionan el rumbo del sistema.
La protesta francesa reúne demandas educativas, preocupación por el empleo, pérdida de poder adquisitivo y rechazo al ajuste. Pero su impacto dependerá también de la capacidad de los estudiantes para sumar a los sindicatos y a otros sectores de la sociedad.
Con el gobierno de Macron debilitado y la disputa presidencial cada vez más cerca, la calle se convirtió en un escenario central de la pelea política. Para Schmerkin, la movilización expresa el ingreso de una nueva generación en esa disputa y anticipa una confrontación cuyo desenlace todavía está abierto.