Laura Azcurra llevó el universo de Frida Kahlo a dos escenarios de la provincia durante el fin de semana. La primera función de ‘Frida, ¡Viva la vida!’ se realizó en el Teatro de San Francisco del Monte de Oro, mientras que la segunda tuvo lugar en la Sala Berta Vidal de Battini del Centro Cultural Puente Blanco, en la ciudad de San Luis. Las presentaciones integraron la gira nacional de una propuesta que cuenta con recorrido internacional: el espectáculo pasó por 28 países y reunió a más de 25.000 espectadores.
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Un altar como punto de partida para recorrer su historia
El texto del dramaturgo mexicano Humberto Robles sitúa a Kahlo durante el Día de los Muertos, mientras prepara comida y arma un altar a la espera de sus invitados. Esa escena abre paso a recuerdos sobre sus relaciones amorosas, el vínculo con Diego Rivera y el accidente que marcó su vida. En lugar de ordenar los acontecimientos como una biografía convencional, la puesta enlaza esas experiencias con su actividad artística, sus padecimientos físicos y su relación con la muerte.
Bajo la dirección de Julia Morgado, el relato también recupera el humor negro, el sarcasmo y la picardía de la pintora. La propuesta combina los episodios dolorosos con su manera de celebrar la vida y reúne referencias al arte, la política, la diversidad y la sensualidad. En entrevistas, Azcurra señaló que uno de sus principales intereses en el personaje reside en esa capacidad de reinventarse y sostener la voluntad de vivir pese al sufrimiento.
La voz y el cuerpo en la construcción del personaje
Como única intérprete en escena, Azcurra desarrolla el espectáculo mediante el trabajo sobre la voz, el movimiento y la caracterización. La actriz explicó que la preparación exigió ejercitar el acento mexicano y encontrar una expresión corporal que reflejara las consecuencias de las enfermedades, los accidentes y los dolores que acompañaron a Kahlo. Esos recursos forman parte de la construcción teatral del personaje y de su manera de contar los distintos momentos de su historia.
Con una duración aproximada de una hora, el unipersonal acercó esa interpretación tanto al público del interior provincial como al de la capital sanluiseña. Las dos funciones permitieron conocer una puesta centrada en las distintas facetas de Kahlo, desde sus vínculos personales y su relación con la pintura hasta el humor con el que enfrentaba experiencias atravesadas por el dolor.
