Aunque las playas de Brasil más atractivas están ubicadas en el norte de ese país, en el sur también hay excelentes opciones. Y en esta nota te contaremos cuáles son las que más vale la pena visitar.                                 
Campeche, Florianópolis: en el margen este de la isla de Florianópolis aparece una larguísima playa que lleva ese nombre, y que en su porción norte es conocida como Novo Campeche. Combina la elegancia de su zona comercial con lo agreste de la restinga, que es una cobertura vegetal que protege a los médanos del avance del mar. Es el destino ideal para los surfistas.

Justo en frente, en la Ilha do Campeche, están las mejores playas. Para llegar a esta Reserva Natural las lanchas más seguras salen por la mañana desde la playa de Armação (unos kilómetros más hacia el sur). Luego de una travesía de 15 minutos se llega a un paraíso de aguas turquesas y transparentes, arena blanca y el morro con pinturas rupestres, a las que se puede acceder con guías especializados. Para tener en cuenta: el estatus de Reserva de la isla restringe la entrada a 700 personas por día.

Barra da Lagoa, Florianópolis: esta playa llega hasta el Canal da Barra, que conecta la Lagoa da Conceição con el océano Atlántico. Es una playa abierta con características particulares, porque por un lado tiene la amplitud de mar que les viene bien a los surfistas y por otro, cerca del canal, ofrece aguas más calmas, ideales para familias con niños pequeños.

 

El puente que cruza el canal lleva a descubrir otros rincones más agrestes que justifican plenamente la caminata. En principio, el puente en sí mismo y su vista son muy atractivos, y mucho más el caserío de colores que está del otro lado. Luego de atravesarlo se llega a la Prainha, una playa mínima muy rodeada y protegida por rocas. Si se sigue unos minutos más aparecen las primeras piscinas naturales. Las mismas piedras detienen el oleaje del mar por lo que zambullirse es tan placentero como seguro.

Silveira, Garopaba: una playa casi oculta, con una tranquilidad absoluta. Una de sus particularidades es que, salvo que uno se encuentre directamente en la playa, sentado en la arena o dentro del mar, todo en Silveira se ve desde arriba. Todo es panorámico en este rincón silencioso de la costa sur brasileña. Tiene pocas posadas, menos negocios, mucha pendiente para subir a pasos cortos (medio pie por vez) o en primera, acelerando y desacelerando (para que las ruedas vayan mordiendo el camino) si el medio de transporte es el auto. Todo el ruido, los bares, los negocios y demás están muy cerca, en Garopaba. Lo suficientemente cerca para calmar ansiedades y lo suficientemente lejos como para evitar ruidos molestos.

Praia do Rosa, Imbituba: ya hace mucho que dejó de ser ese secreto que sólo conocía un grupo de jóvenes de Río Grande do Sul que llegaban buscando buenas olas para surfear. Desde hace varios veranos recibe turistas de todos lados, aunque siempre el número más grande llega desde Argentina. Igualmente, Praia do Rosa sigue siendo una playa, y un pueblo, con mucho encanto y bastante calma.

Estaleirinho, Camboriú: es una de las últimas playas agrestes que se extiende hacia el sur de Camboriú. Además, a lo largo de la Rodovía Interpraias se puede conectar con un puñado de playas bastante poco transitadas, sobre todo si se compara con la del centro de la ciudad. Entre las más recomendables están la solitaria Taquarinhas; Praia do Pinho, que es la playa nudista de la región; y la exclusiva Estaleirinho, rodeada por grandes casas de ricos y famosos.