La taquilla cinematográfica presenció un momento histórico con el rendimiento de Obsesión (Obsession) en su día 25 en cines. En su cuarto lunes en cartelera, el largometraje recaudó 4.2 millones de dólares, una cifra colosal que superó los registros de los mayores tanques de la historia de Hollywood en ese mismo punto de su recorrido. La producción aplastó los 3.2 millones de dólares de Avengers: Endgame, los 3.1 millones de Star Wars: The Force Awakens y los 2.4 millones de Spider-Man: No Way Home. El mérito resultó descomunal si se consideró que estos gigantes ostentan recaudaciones históricas acumuladas brutales: Endgame cosechó 2.790 millones de dólares a nivel mundial ($858 millones en EE. UU.), The Force Awakens superó los 2.000 millones ($936 millones en el mercado doméstico) y No Way Home sobrepasó los 1.900 millones ($814 millones en EE. UU.).
Con este último impulso, la taquilla actual de Obsesión alcanzó números envidiables, acumulando un total mundial de 234.5 millones de dólares, divididos entre 161.2 millones en el mercado doméstico (EE. UU.) y 73.2 millones en el mercado internacional. Estos números la coronaron oficialmente como la película de terror más taquillera del año, dejando atrás a fuertes competidoras del género que pisaron con fuerza en las salas, como Backrooms (220 millones de dólares) y la secuela slasher Scream 7 (208 millones).
El verdadero impacto de este fenómeno radicó en su rentabilidad extrema: se filmó con un micro-presupuesto de producción de aproximadamente 750.000 dólares (cercano al millón de dólares). Ante el enorme potencial del material, la distribuidora Focus Features adquirió los derechos por alrededor de 15 millones de dólares, un negocio perfecto que catapultó de inmediato la carrera de su director, Curry Barker. El realizador ya se posicionó como una de las mentes más codiciadas de la industria actual: completó el rodaje de su próxima película, Anything but Ghosts, y quedó formalmente vinculado a una nueva entrega de la mítica franquicia Texas Chainsaw Massacre.
Detrás de este arrollador éxito comercial que sorprendió a Hollywood también estuvo la producción de la célebre compañía Blumhouse, liderada por su CEO Jason Blum. La cinta logró un hito histórico jamás visto para un estreno de su tipo: vendió más entradas en su segundo fin de semana que en el de estreno, convirtiéndose en la única película de terror de estreno amplio en lograr semejante récord a esta escala. La respuesta del público fue tan masiva que demostró una resistencia comercial admirable, manteniéndose fuerte incluso frente al debut de grandes tanques de la industria como The Mandalorian y Grogu. Ante este panorama, los grandes estudios iniciaron un intenso debate sobre cuánto tiempo mantenerla en cines antes de su estreno digital, mientras Jason Blum respaldó firmemente la estrategia de defender una ventana exclusiva para salas larga y constante.
Tras convertirse en el fenómeno absoluto de festivales de prestigio internacional como el TIFF y el Overlook, la película llegó a los cines de Argentina el jueves 14 de mayo bajo el sello de Focus Features. La intrigante premisa de Obsesión, que para algunos críticos especializados evocó la clásica lógica de "La pata de mono", arrancó con un disparador aparentemente inofensivo: un juguete de broma de apenas siete dólares llamado "One Wish Willow". Sin embargo, lo que comenzó como una simple curiosidad entre un grupo de amigos se transformó rápidamente en una pesadilla implacable de horror hardcore para la Generación Z. La consagración de Curry Barker marcó una tendencia fascinante de creadores de contenido que dieron con éxito el salto desde plataformas como YouTube y TikTok hacia las grandes ligas con una visión experta y un control absoluto de la tensión.
A nivel visual, la crítica especializada no escatimó en elogios, comparando el estilo de la película con las etapas más inspiradas de la aclamada productora A24. Se trató de una obra cinematográfica que se cocinó a fuego lento, construyendo una atmósfera densa antes de desembocar en un clímax frenético cargado de algunas de las escenas de gore más memorables de la historia reciente. De hecho, la crudeza visual fue tal que el director se vio obligado a recortar escenas gráficas de violencia extrema para asegurar su clasificación R y evitar una inminente censura total.
Esta asfixiante experiencia visual se potenció gracias a su impecable diseño sonoro y a una espectacular banda sonora original compuesta por Rock Burwell, el reconocido productor de hip-hop y música alternativa. Burwell trasladó con maestría su sensibilidad urbana y experimental a las texturas oscuras que exigió el terror moderno. El repertorio oficial de canciones incluyó piezas clave como "Matador (Red Flags)" y "Damage", ambas interpretadas por Jayo, cuyas bases densas dialogaron con el descenso a la locura de los personajes. A estas se sumaron "There’s No Other" de Felly y la melancólica "Televisions" de Current Joys, una curaduría musical que envolvió al espectador como un personaje más.
Finalmente, gran parte del impacto realista y fresco de esta historia recayó en la intensidad de su elenco joven. Inde Navarrette, en el papel de Nikki, se erigió como una auténtica revelación y una futura ícono del horror, ofreciendo una actuación inquietante que transitó entre una chica de ensueño y un auténtico demonio a través de un comportamiento errático y "glitcheado". Frente a ella, Michael Johnston interpretó de forma desconcertante a Baron "Bear", un protagonista complejo —descrito como un "manbaby" con derecho— que aportó una profunda humanidad, transformando la cinta en una tragedia shakesperiana de sustos originales. El reparto se completó con la sinceridad notable de Cooper Tomlinson y un celebrado cameo del legendario Andy Richter, consolidando a Obsesión como una de las grandes bombas cinematográficas del año.
