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Willem Dafoe visitará Argentina para presentar "The Souffleur", su nueva película

Una de las grandes estrellas de Hollywood llegará al país para promocionar el film de Gastón Solnicki.

Lunes, 19 de enero de 2026 a las 20 50

Por Cristopher Martínez

Lunes, 19 de enero de 2026 a las 20:50

Enero continúa con grandes noticias y hoy se dio a conocer una bomba para los cinéfilos: Willem Dafoe visitará la Argentina.

El multifacético actor norteamericano estará presente en la presentación del film del director argentino Gastón SolnickiThe Souffleur tendrá su gran función el 31 de enero en el MALBA.

Esta producción austro-argentina cuenta con un elenco integrado por Willem Dafoe, Lilly Linder, Stéphanie Argerich, Gastón Solnicki, Claus Philipp y Camille Clair. La película narra la historia de Lucius, un hombre que gestiona un hotel en Austria que está por ser demolido y quien deberá actuar para evitarlo.

 

 

En diálogo con Cineuropa sobre este nuevo film, Gastón Solnicki describe su método de hacer películas que se construye más desde la intuición que desde la planificación cerrada. Rechaza la idea de desarrollar conceptos hasta volverlos relato y prefiere dejarlos existir mientras conserven impulso. A partir de la imagen del pliegue como metáfora narrativa, abre asociaciones que van del cine a los textiles y al azar: “El cine y los textiles comparten una larga historia —la máquina de coser sostenía las tiras de film—, y también me gusta pensarlo como un tejido cinematográfico”. Para Solnicki, plegar no es retroceder, sino saber cuándo no apostar: “En el póker, plegar es cuando no apostás. Creo que hay que apostar alto, sobre todo cuando sos joven, ir all in todo lo posible… y eso también es importante cuando improvisás: cuando tenés un guion blindado, deberías poder plegar”.

Ese gesto implica riesgo real y pérdida concreta. No aparece romantizado, sino asumido como parte del trabajo: “Uno se ve forzado a plegar todo el tiempo. A veces gastás una parte importante de tus recursos o de tu tiempo en algo que no funciona, y simplemente tenés que dejarlo ir”. Esa lógica también atraviesa su vínculo con Willem Dafoe, donde la improvisación se volvió un territorio compartido, pero no infinito. Solnicki recuerda el límite con humor seco: “Hubo un momento en que me dijo: ‘Gastí, no podés esperar que saque un conejo de la galera todos los días’. Y yo le respondí: ‘Willem, ¿qué pensás que es nuestro trabajo?’”.

Lejos de asociar la improvisación con desorden, Solnicki la piensa como una forma extrema de concentración y fe en el oficio. “Estoy muy abierto al azar, a la improvisación, y él también lo estaba. Para él, era la forma más alta de concentración, una prueba de cuánto cree en los artistas y en las posibilidades de su trabajo”. Esa confianza conecta con un recuerdo lejano, cuando Dafoe le dijo algo que recién con el tiempo volvió a cobrar sentido: “No me importan esas ideas”, decía. “Y yo tampoco”, admite, marcando una afinidad temprana con una ética que desconfía de los conceptos cerrados.

Esa postura se traslada a la forma de filmar y montar. En The Souffleur, Solnicki evita jerarquías espaciales y narrativas: “Mis películas no proponen una lógica narrativa para ser entendidas o aceptadas; es lo contrario, la película te pide que unas los puntos a tu manera”. El sentido no se fija en el guion, sino en el montaje: “La escritura sucede realmente en la edición”, afirma, y explica que las escenas existen no por su función, sino por su potencia: “No se filman para servir a algo, sino porque pueden producir una epifanía”. Una epifanía que no depende del relato ni del reconocimiento, sino de lo atemporal: “Puede venir del color, del sonido, de cosas inesperadas que, cuando se juntan de una forma que les funciona, parecen fuera del tiempo”. Incluso cuando la película ocurre en Viena, el objetivo no es orientar sino liberar al espectador: “Me gusta dar elementos para tropezar y acompañar mientras hacen sus propias conexiones, sin obstruirles el camino”.

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