La eliminación de Brasil en el Mundial 2026 dejó una de las imágenes más impactantes del torneo. Neymar confirmó que no volverá a vestir la camiseta de la Verdeamarela después de la derrota 2-1 frente a Noruega y puso punto final a una trayectoria que incluyó cuatro Copas del Mundo. "Lo intenté una y otra vez. Ahora se acabó. Empecé aquí y terminé aquí", expresó el atacante entre lágrimas al finalizar el encuentro.
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El futbolista del Santos ingresó en el segundo tiempo por decisión de Carlo Ancelotti, cuando el partido todavía estaba igualado y Brasil buscaba recuperar protagonismo en ataque. Sin embargo, el ingreso del experimentado delantero no alcanzó para cambiar el rumbo de un encuentro que terminó inclinándose a favor del conjunto europeo con un doblete de Erling Haaland.
Un ingreso marcado por la impotencia y la frustración
Durante los minutos que permaneció en cancha, Neymar dejó en evidencia su frustración. Primero recibió una tarjeta amarilla tras una dura infracción sobre Martin Ødegaard y luego participó de un cruce entre futbolistas de ambos equipos cuando el partido ya mostraba un clima de máxima tensión.
Pese a ese contexto, el brasileño asumió la responsabilidad de ejecutar el penal que le cometieron a Casemiro y descontó con una definición precisa para mantener viva la ilusión. Tras convertir, protagonizó un picante cruce con el arquero noruego, a quien desafió con gestos mientras intentaba acelerar la reanudación del juego. El intento de reacción, sin embargo, no alcanzó y Brasil terminó despidiéndose del certamen.
Un final cargado de emoción
Cuando el árbitro marcó el final del partido, Neymar cayó de rodillas sobre el césped y rompió en llanto mientras era consolado por sus compañeros. La imagen reflejó el impacto de una eliminación que, finalmente, terminó convirtiéndose también en el cierre de su historia con la selección brasileña.
Después del encuentro, el delantero se dirigió a la platea para compartir un momento con su familia. Allí abrazó a uno de sus hijos y besó a su esposa, Bruna, en una escena cargada de emoción que marcó el cierre de una carrera con la camiseta de Brasil, selección con la que construyó una de las trayectorias más importantes del fútbol de su país.