La economía argentina muestra dos caras. La que el gobierno de Javier Milei muestra en los discursos y la que se refleja en el consumo cotidiano.
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El INDEC publicó este viernes los datos de ventas de abril. Y la foto es dispar. Los supermercados y mayoristas, los comercios que venden lo que la gente necesita todos los días, siguen en caída. Los shoppings, en cambio, crecieron con fuerza, impulsados por rubros no esenciales.
El informe del INDEC es claro. Las ventas en supermercados a precios constantes cayeron 3,7% interanual en abril. El acumulado del primer cuatrimestre muestra un retroceso del 3,3%.
Los autoservicios mayoristas, por su parte, profundizaron la baja con una caída del 2,9%. El consumo masivo, el de todos los días, no levanta cabeza.
Súper y mayoristas, en caída: las ventas reales bajaron 3,7% y 2,9% en abril
La excepción fue el rubro de los centros de compras. Los shoppings registraron un crecimiento del 19,2% en sus ventas reales.
El motor fue el consumo no esencial: indumentaria, calzado, marroquinería, electrónicos y electrodomésticos. Esos rubros, que no son prioritarios para llegar a fin de mes, fueron los que tiraron del carro.
Los números de los mayoristas son otro reflejo de la crisis. El sector tiene 13.032 trabajadores ocupados, un 7,2% menos que en el mismo mes del año pasado.
El ticket promedio llegó a $43.870, pero ese crecimiento nominal no significa más consumo: la inflación lo explica todo. Las ventas por metro cuadrado alcanzaron los $370.667, también en valores nominales.
El contraste entre supermercados y shoppings es una radiografía de la desigualdad. Mientras los sectores populares ajustan el consumo básico, los de mayores ingresos siguen gastando en ropa, tecnología y comida en patios de comidas.
El INDEC también mostró que, en la medición desestacionalizada, los supermercados crecieron 0,8% respecto de marzo.
Pero la comparación interanual sigue siendo negativa. Una mejora mensual no alcanza para revertir la tendencia.
Los datos de abril confirman que el consumo masivo sigue golpeado. La gente compra menos en los supermercados. Los mayoristas, que abastecen a los comercios de barrio, también lo sienten.
La economía real no se mueve al ritmo del discurso oficial. Y mientras los shoppings crecen, los laburantes siguen ajustando el cinturón.