El desempleo en Argentina sigue subiendo. El INDEC informó este jueves que la tasa de desocupación alcanzó el 7,9% en el segundo trimestre del año, el nivel más alto que se tiene registrado desde la pandemia, en 2021.
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El dato representa un aumento de 0,3 puntos porcentuales respecto al mismo período de 2025 y de 0,1 puntos en comparación con el primer trimestre de 2026.
Pero el número frío no cuenta toda la historia. La tasa de actividad, que mide cuántas personas salieron a buscar trabajo, subió al 48,9%, con un incremento estadísticamente significativo de 0,8 puntos respecto al año anterior.
Es decir, más gente se volcó al mercado laboral, pero el mercado no logró absorber esa oferta. La tasa de empleo se mantuvo en 45,0%, sin variaciones relevantes.
Desempleo en 7,9% y más informalidad: el trabajo escasea en Argentina
La contracara de este fenómeno es la informalidad. El empleo no registrado aumentó un punto porcentual respecto al segundo trimestre de 2025, una suba que el INDEC califica como estadísticamente significativa.
Y dentro de ese universo, creció la proporción de trabajadores por cuenta propia: pasó del 34,3% al 37,3%, un salto de 3 puntos que refleja un mercado laboral cada vez más precarizado, donde cada vez más personas sobreviven con changas y sin derechos.
El informe del INDEC también revela que el desempleo golpea con más fuerza en los aglomerados del interior del país. Allí, la tasa de desocupación llegó al 7,6%, con un aumento de 1,3 puntos respecto al año anterior.
La subocupación demandante, que mide a quienes trabajan menos horas de las que quisieran, trepó al 9,1%, con una suba de 0,9 puntos.
Estos números muestran una realidad que el Gobierno prefiere no mencionar: la crisis del empleo no distingue regiones, pero castiga con más dureza a las provincias que dependen de la industria y el comercio local.
Mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, celebra la baja de la inflación, miles de argentinos siguen sin encontrar un trabajo registrado.
El dato del 7,9% es el más alto desde 2021, cuando el país aún atravesaba las consecuencias de la pandemia. En aquel momento, el desempleo era una emergencia sanitaria y económica.
Hoy, con la economía supuestamente estabilizada, el desempleo vuelve a crecer. La pregunta que queda flotando es incómoda: si el modelo funciona, ¿por qué cada vez hay más gente sin trabajo?