El kiosco argentino se desangra: 41 mil cierres desde diciembre de 2023 y una crisis peor que la del 2001

Los costos fijos se dispararon al punto que algunos kiosqueros pagan más de luz que de alquiler, una situación inédita en el rubro.

Lunes, 03 de agosto de 2026 a las 20 05

Por Ezequiel Bucetto

Lunes, 03 de agosto de 2026 a las 20:05

El kiosco de la esquina, ese lugar donde generaciones enteras compraron su primera golosina o el paquete de figuritas, está en peligro de extinción.

Desde diciembre de 2023, cerraron 41.000 kioscos tradicionales en todo el país, una cifra que ya supera en magnitud a la crisis de 2001 y que deja al sector en su peor momento histórico.

Según la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), la cantidad de locales pasó de 100.000 hace dos años y medio a apenas 59.000 en la actualidad.

El cálculo es brutal: 50 kioscos bajan la persiana por día. Y no hay señales de que la sangría vaya a frenarse.

Cierran 50 kioscos por día en Argentina y el sector ya lo compara con la crisis de 2001

El vicepresidente de UKRA, Ernesto Acuña, describió con crudeza el escenario: "Se nota que hay menos plata en el bolsillo. La gente va reacomodando sus gastos y el kiosco pierde. El rubro está castigado".

En barrios de clase media de la Ciudad de Buenos Aires, como Villa Urquiza, Caballito y Villa Crespo, las ventas cayeron alrededor del 50%. En el sur porteño, el conurbano y el interior, el panorama es todavía peor: algunos comercios venden hasta tres veces menos que hace tres años.

El informe de la consultora Scentia confirma la tendencia. En junio, el consumo en kioscos cayó 4,6% interanual y 4,4% mensual. En lo que va del año, el sector acumula una baja del 2,3%. Números que, para los kiosqueros, dejan ver una realidad mucho más dura.

Pero el problema no es solo la caída del consumo. La competencia también se multiplicó. En los últimos años, proliferaron las cadenas de kioscos que, al operar con numerosos locales, pueden compensar pérdidas con el rendimiento de otros puntos de venta. "Por cada kiosco de cadena que abre, cierran entre seis y ocho ya establecidos", aseguró Acuña.

También creció la venta de golosinas y productos de consumo masivo en supermercados, farmacias e incluso verdulerías. Estos comercios usan esos productos como complemento de su actividad principal y pueden ofrecer precios más bajos que los kioscos tradicionales. Una competencia desleal que los kiosqueros no pueden igualar.

El escenario actual ya se compara con la crisis de 2001. Y hay un síntoma que lo confirma: el regreso del fiado. "La gente no tiene plata, compra con tarjeta de crédito y volvió el 'te lo pago la semana que viene, cuando cobre'", afirmó Acuña. Una práctica que parecía haber quedado atrás, pero que hoy vuelve a ser moneda corriente en los barrios.

El Mundial representó un alivio momentáneo por el aumento de las ventas de figuritas, pero desde el sector consideran que no alcanzó para revertir la caída del consumo.

Y anticipan un segundo semestre complejo. A eso se suma el fuerte incremento de los costos fijos: "Hay colegas que están pagando más de luz que de alquiler, algo que no había pasado nunca", advirtió el referente de UKRA.

El resumen de Acuña es lapidario: "Es un sálvese quien pueda. Muchos regalan la mercadería para competir con el de al lado y terminan fundiéndose los dos". La crisis de los kioscos es la crisis de un país que ya no sabe cuánto puede durar.

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