Flybondi fue durante años la mimada del discurso oficial. La primera low cost del país, la que iba a demostrar que la desregulación del mercado aéreo funcionaba, la que Milei y sus funcionarios ponían de ejemplo cada vez que hablaban de "cielo abierto".
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Este lunes, esa historia llegó a su capítulo más incómodo: la empresa se presentó en concurso preventivo de acreedores.
La presentación fue ingresada el viernes 2 de octubre ante la Justicia Comercial y quedó radicada en el Juzgado N°24, a cargo del juez Guillermo Mario Pesaresi.
La sociedad FB Líneas Aéreas S.A., que opera bajo la marca Flybondi, busca reestructurar sus pasivos y evitar la quiebra. Las deudas identificadas superan los $4.000 millones y podrían trepar a $4.600 millones si se suman intereses y costas. Fuentes del sector aseguran que esa cifra es solo la punta del iceberg.
Flybondi en concurso: la low cost negocia con acreedores y perdió el 99% de sus pasajeros
A los compromisos con la EANA, Intercargo, proveedores de combustible, arrendadores de aeronaves y talleres de mantenimiento se suman reclamos laborales y pedidos de reembolso de pasajeros damnificados por cancelaciones. Dos aeronaves que quedaron fuera del país acumulan pasivos por casi US$5,5 millones en mantenimiento.
El derrumbe operativo es brutal. En agosto de 2025, Flybondi transportó 254.533 pasajeros de cabotaje, el 17% del mercado doméstico. Un año después, en agosto de 2026, movilizó apenas 1.865 pasajeros: el 0,1%.
Diez aviones fueron devueltos a sus arrendadores y solo tres permanecen en el país sin actividad comercial. Algunos todavía conservan matrícula argentina mientras esperan el redelivery.
La crisis también expuso el conflicto entre los accionistas. COC Global, el fondo que desembarcó en mayo de 2025 con más de US$70 millones, y Cartesian Capital Group, accionista histórico, se cruzaron públicamente en agosto.
COC Global denunció que los embargos de ARCA sobre las cuentas de la empresa limitaron su capacidad de pago. Y apuntó contra Cartesian por no responder a los pedidos de normalización.
El Gobierno, que durante meses celebró la expansión de las low cost y prometió que la competencia bajaría los precios, ahora mira desde un costado cómo la principal aerolínea de ese modelo se cae a pedazos.