Hay un ruido que ya no se escucha en muchos barrios industriales. El de las máquinas funcionando a full, el de los turnos que se encadenan, el de los camiones que entran y salen de los galpones.
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Ese ruido se apagó de a poco, sin anuncios, sin cámaras, sin conferencias de prensa. Y en su lugar quedó un silencio incómodo: el de las fábricas que producen menos, el de los trabajadores que ya no saben si van a tener trabajo el mes que viene.
El ministro de Economía, Luis Caputo, salió a festejar en redes sociales un rebote mensual de la actividad industrial. “La industria y la construcción crecieron en agosto”, escribió en X. Y detalló que “6 de las 9 categorías en las que se desagrega el IPI registraron crecimiento en la comparación intermensual”.
Lo hizo con el mismo entusiasmo con el que durante meses pidió no mirar los datos en perspectiva interanual. Ahora que el número mensual le sonríe, la óptica cambia.
Casi siete de cada diez sectores industriales produjeron menos en agosto: la actividad cayó 3,2% interanual
Pero en las plantas la sensación es otra. Los empresarios industriales lo vienen diciendo desde hace meses. No es solo una cuestión de estadísticas: es la producción que no arranca, los pedidos que no llegan, los clientes que compran menos.
La apertura indiscriminada de importaciones, la caída del consumo y el costo argentino en dólares golpearon a un sector que venía golpeado desde antes.
El propio viceministro de Economía, José Luis Daza, lo dijo sin vueltas: las industrias ancladas al mercado interno están “condenadas”. “Con 46 millones de habitantes no hay escala para competir. Ahí no está el futuro del empleo masivo”, sostuvo.
La frase generó rechazo en el sector y la Unión Industrial Argentina (UIA) salió a responder. “No voy a entrar en polémicas, pero no son declaraciones felices que ayudan al diálogo que tanto se necesita para sacar a este país adelante”, dijo su presidente, Martín Rappallini.
Los datos del INDEC confirman lo que las fábricas ya saben de memoria. La producción manufacturera cayó 3,2% interanual en agosto. Once de las 16 divisiones relevadas registraron retrocesos.
Casi siete de cada diez sectores industriales produjeron menos que el año pasado. La tendencia-ciclo, el indicador que mide el comportamiento de fondo de la economía, retrocedió 0,6% mensual.
Maquinaria y equipo encabezó el derrumbe con una caída del 24% interanual. Dentro del sector, la maquinaria agropecuaria cayó 37,9% ante una menor demanda de tractores, sembradoras y pulverizadoras, y los aparatos de uso doméstico retrocedieron 28% por la menor fabricación de heladeras y lavarropas.
Los equipos de informática, televisión y comunicaciones se desplomaron 38,5%. La industria automotriz cayó 8,8%, con las ventas a concesionarios de utilitarios nacionales retrocediendo 32,9% y las exportaciones de automóviles bajando 43,8%.
El sector textil, que viene de perder más de 28.000 empleos desde diciembre de 2023, sufrió una nueva contracción del 9,4% y las prendas de vestir, cuero y calzado cayeron 14,7%, con el calzado derrumbándose 30,8%.
El sector metalúrgico, uno de los más golpeados, registró una caída del 6,1% interanual y opera con apenas el 39,6% de su capacidad instalada.
Según la Asociación de Industriales Metalúrgicos (ADIMRA), seis de cada diez máquinas permanecieron apagadas y ya hay un 10,3% de las empresas que registran atrasos en sus obligaciones. “La producción metalúrgica continúa sin mostrar una recuperación significativa”, declaró Elio Del Re, presidente de la entidad.
El impacto en el empleo es la cara más visible de este derrumbe. Según datos citados por la CGT, la industria manufacturera perdió 88.496 puestos de trabajo registrados desde noviembre de 2023, una caída del 7,4% que equivale a aproximadamente 93 empleos industriales perdidos por día.
La central obrera calificó el modelo económico como “un modelo de persianas bajas” y advirtió que “cada empresa que cierra, cada fábrica que reduce su producción y cada puesto de trabajo que se pierde tiene detrás un modelo económico que prioriza la especulación, el ajuste y la apertura indiscriminada”. “Mientras Milei y Caputo celebran sus números fiscales, la economía real se achica”, agregó.