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Primer mes de gestión de Sergio Massa

Treinta días, plazo no menor para perfilar parte de los elementos del nuevo modelo económico del Gobierno. Rupturas y continuidades con el Guzmanato. Algunos resultados parciales y muchos interrogantes. 

Domingo, 04 de septiembre de 2022 a las 11 16,

Por Sergio Chouza

Domingo, 04 de septiembre de 2022 a las 11 16,

Primer mes de gestión de Sergio Massa al frente del Ministerio de Economía. Luces y sombras en un contexto sumamente complejo, con restricciones múltiples para revertir la realidad solo por medio de la voluntad política. En estas semanas el foco de la opinión pública se corrió de lo económico y migró a la esfera de la política y el mundo judicial. Es sano. En este momento el silencio es salud, y dar tiempo para que decante el ‘Plan Massa’ ayuda a descomprimir. En cualquier caso, no son las narrativas disputadas en la opinión pública las que pueden dar vuelta la taba. Son los resultados concretos que mejoran la vida de las personas, y para eso falta mucho.

El inicio de la gestión Massa estuvo signado por un shock positivo de expectativas, producto de un perfil más afín a la voluntad del mercado. El antecedente de su perfil ‘racional’, en adición a la capacidad de unificar bajo su égida a todas las áreas de administración económica. No es poco en contraste con los dos antecedentes previos. Guzmán tuvo inmensos problemas de credibilidad después de perder el apoyo de la mayor parte de la coalición de Gobierno, mientas que Batakis no logró los apoyos políticos necesarios para poder desarrollar un programa propio en la improvisación de ser capitana de tormenta.

El valor agregado de Sergio Massa tiene que ver con sus redes de influencia y su peso específico. Ya su foto inicial en el momento de la asunción mostró invitados de peso del círculo rojo. El tigrense tampoco tiene vetos o impugnaciones de otros componentes del frente de Gobierno, lo cual es una condición necesaria para que el programa no naufrague rápidamente.

El efecto inicial se expresó en la dimensión financiera, con una normalización gradual tras el overshooting de la corrida. Los tipos de cambio paralelos en $350 y las paridades de los bonos en 19 centavos de dólares no eran más que cotizaciones de pánico. No resistían análisis en términos de fundamentos técnicos y factores estructurales objetivos. La economía argentina sin dudas transita años delicados, pero estamos lejos de la convulsión política y mega crisis compatible con esos precios irrisorios para los activos soberanos. La reversión por el momento fue módica, pero es un primer paso. Conforme se consigan resultados, la tendencia debería mantenerse al alza.

El pilar macroeconómico también mostró un comienzo promisorio. Más allá de los simbolismos, las primeras decisiones fueron consistentes y contribuyeron a dar señales de anclaje político. En el plano monetario se garantiza el cumplimiento del programa con el FMI y en materia fiscal se retoma (incluso sobreactuando) el sendero de convergencia. Las adecuaciones presupuestarias transfiriendo recursos desde áreas con subejecución hacia el Tesoro da cuenta que el Ejecutivo empieza a prever cierto impacto del menor ritmo de crecimiento sobre los niveles de recaudación. Una luz de alarma se encendió en agosto, cuando los ingresos públicos crecieron 72,2% interanual contra una inflación (proyectada) cinco puntos mayor para igual período. La variable de ajuste serán las erogaciones, lo cual va a requerir un grado de maniobra elevado para no agudizar tensiones políticas.

No todo fue idílico en este primer mes. Aún existen puntos grises y temas pendientes en un período de tiempo tan acotado. La dinámica de las reservas internacionales muestra que no alcanza solo con espalda política para remover los escollos estructurales de la economía argentina. Los parches se agudizaron en agosto y así el Gobierno logró comprar divisas en el mercado de cambios la mayoría de las rondas. No obstante, el mes cerró en zona negativa y el Banco Central mantiene en sus arcas un volumen de dólares muy módico.

Como último punto, la situación inflacionaria sigue siendo la principal preocupación de la ciudadanía. Es muy pronto para sacar conclusiones, pero este mes la trayectoria de precios siguió muy efervescente a pasar de la mayor estabilidad financiera y cambiaria. Es cierto que las decisiones empresarias de actualización de listas suelen determinarse a inicios de mes y en agosto el recambio de autoridades recién se estaba gestando. Fueron días de convulsión política. Pero en las semanas posteriores se esperaba una moderación más firma en el ritmo de aumentos, que finalmente dejó gusto a poco. La inercia del régimen de alta inflación es elevada, las subas de precios de regulados pone un piso mensual alto y los acuerdos de precios ya no surten ningún efecto. La posibilidad de profundizar el proceso de desinflación con una macro tan justa y sin un programa de estabilización tradicional luce complicada.

El primer cumple mes del nuevo Ministro deja un saldo positivo, mas no ideal. El contrafáctico es el abismo, que este Gobierno tuvo frente a sus ojos en plena corrida financiera y cambiaria. La vara estaba baja, y eso permite a Sergio Massa sumar oxígeno en el tubo para alejarse de escenarios disruptivos. No es poco, pero si en una segunda instancia no se retoma parte de la agenda del contrato electoral 2019, difícilmente alcance para revertir la percepción generalizada de desánimo. Y mucho menos alcance para tener competitividad en las urnas en 2023

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