El ataque de Trump a las elecciones de Brasil que Lula ganó con una remontada histórica: "Fueron muy corruptas”

El presidente de Estados Unidos calificó los comicios como “amañados” sin presentar pruebas, mientras el senador brasileño se negó a reconocer su derrota y la Justicia le prohibió salir del país.

Lunes, 26 de octubre de 2026 a las 19 46

Por Ezequiel Bucetto

Lunes, 26 de octubre de 2026 a las 19:46


La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil no solo significó una remontada histórica sobre Flávio Bolsonaro. También expuso, en tiempo real, la fragilidad de una derecha regional que no acepta los resultados que no le favorecen.

Apenas se confirmó el triunfo del líder del Partido de los Trabajadores, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, salió a calificar los comicios como “amañados” y “muy corruptos”, sin aportar una sola prueba.

“No tomé partido, pero francamente pareció otra elección manipulada... se veía tan corrupta, tan terrible”, declaró Trump a la prensa mientras se dirigía a un mitin de campaña.

Trump rechazó la victoria de Lula en Brasil y denunció un "amaño" en las elecciones

El mandatario estadounidense, que había recibido a Flávio Bolsonaro en el Despacho Oval meses antes, eligió avalar la narrativa del fraude lanzada por el propio candidato derrotado.

Dicha postura contrasta con la de la mayoría de los líderes de la región, incluyendo a varios de derecha, que reconocieron rápidamente el resultado.

Flávio Bolsonaro hizo honor a su apellido. Al igual que su padre en 2022, se negó a reconocer la derrota y anunció que pedirá la anulación de los comicios, argumentando una supuesta irregularidad por la extensión del horario de votación. “Es imposible reconocer las elecciones en esas condiciones”, dijo.

La respuesta de la Justicia brasileña fue inmediata: el juez Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal, le ordenó entregar sus pasaportes y le prohibió salir del país en el marco de una investigación por presunto blanqueo de capitales.

El contraste es brutal. Mientras Lula celebraba una victoria que lo consagra para un cuarto mandato con el 51,79% de los votos, la ultraderecha brasileña se hundía en la negación y el lawfare.

La remontada de Lula, que había perdido la primera vuelta, significó un freno al avance de la derecha en Sudamérica y un golpe para los planes de Trump de consolidar gobiernos alineados en la región.

En Argentina, el silencio fue ensordecedor. Javier Milei, que había celebrado la ventaja de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta y que había insultado a Lula optó por no pronunciarse sobre el triunfo del brasileño.

Mientras todos los presidentes de derecha de la región, desde Chile hasta Colombia, reconocían el resultado, el libertario se refugió en un mutismo que lo pinta de cuerpo entero: prefiere el aislamiento ideológico antes que aceptar la voluntad popular que no coincide con su agenda.

La jornada dejó varias certezas. La primera es que Lula sigue siendo un animal político capaz de revertir los pronósticos más adversos.

La segunda es que la derecha regional, cuando pierde, no duda en desconocer las reglas que dice defender.

Y la tercera es que Trump y Milei ya encontraron un nuevo punto de encuentro: avalar denuncias de fraude sin fundamento para no aceptar que la ciudadanía eligió un rumbo distinto al que ellos pretenden imponer.

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