Francia vivió este sábado una nueva jornada de tensión cuando la Policía reprimió a manifestantes en una movilización por el costo de vida que se realizó en París y a la que asistieron más de 200 mil personas. A lo largo y ancho del país se realizaron 150 concentraciones en distintas ciudades y las autoridades movilizaron 70 mil agentes de seguridad.
De acuerdo a lo que informaron diferentes organizaciones, cerca de 500 mil personas se movilizaron en toda Francia, de las cuales 200 mil salieron a las calles de la ciudad capital. Sindicatos universitarios llamaron a bloquear universidades durante la semana, según confirmó una estudiante en diálogo con France24.
"A partir de este martes, bloquearemos nuestras universidades e institutos; volveremos a hacerlo el jueves, antes de unirnos a la manifestación del 5 de noviembre convocada por los trabajadores y los sindicatos", expresó.
En algunas de las protestas, la Policía reprimió con gases lacrimógenos. "Las fuerzas de seguridad mostrarán la máxima firmeza hacia los responsables de la violencia y los daños", expresó el ministro del Interior francés, Laurent Nuñez.
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La convocatoria del sábado pasado registró un masivo acatamiento popular, con cifras de participación que oscilan entre 410 mil manifestantes -según registros oficiales- y cerca de 800 mil según la Confederación General del Trabajo (CGT) de Francia. En París, la marcha principal movilizó a entre 110 mil y 250 mil personas. Aunque las marchas se desarrollaron con relativa calma durante las primeras horas, la tensión estalló al término de las concentraciones con focos de conflicto en París, Lyon, Marsella, Burdeos, Toulouse, Estrasburgo, Nantes, Lille, Niza y Grenoble.
Para intentar contener los desórdenes, el gobierno del presidente Emmanuel Macron ejecutó un operativo de seguridad sin precedentes. El despliegue incluyó a 70 mil efectivos policiales, unidades de élite, tropas de la misión militar Sentinelle, vehículos blindados de la gendarmería, helicópteros y drones. Para dispersar a los manifestantes, que montaron barricadas e interpusieron objetos en las calles, los efectivos recurrieron al uso repetido de gases lacrimógenos y cañones de agua. Además, las autoridades fijaron toques de queda nocturnos parciales en zonas periféricas y restricciones para concentraciones públicas.
El clima de tensión también se sintió entre los comerciantes, que reforzaron la protección de sus locales, especialmente en zonas como el barrio de la Ópera. Decenas de estaciones de metro permanecieron cerradas y muchos negocios cubrieron sus escaparates con paneles de madera.
El Ayuntamiento de París movilizó a más de mil agentes municipales para garantizar la recuperación del espacio público y retiró objetos urbanos que pudieran ser utilizados para causar daños.
Además, se decretó un toque de queda en algunos sectores de la capital durante las noches del sábado al domingo y del domingo al lunes, entre las 23 y las 6. La medida también se aplicó en otras localidades francesas.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, advirtió que Halloween no sería una justificación para ocultar el rostro en las inmediaciones de las manifestaciones con el objetivo de alterar el orden público.