El Palacio Itamaraty convocó este jueves a la encargada de negocios de la Argentina en Brasilia, María Emilia Cortés, para solicitarle explicaciones formales sobre la presunta participación e involucramiento del gobierno argentino en la salida del senador brasileño Flávio Bolsonaro hacia los Estados Unidos.
El encuentro, calificado por fuentes diplomáticas como un procedimiento de rigor, se desarrolló de manera breve en la sede de la cancillería brasileña. Cortés fue recibida exclusivamente por el jefe del Departamento de Mercosur, el embajador João Marcelo Galvão de Queiroz, ante quien se comprometió en términos genéricos a aportar información sobre los episodios ocurridos en territorio nacional. Desde el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva optaron por mantener el hermetismo y evitar declaraciones públicas, destacando que el peso institucional recae sobre el gesto político de la citación.
El itinerario de la fuga y la sombra del asesor Santiago Caputo
Los registros oficiales señalan que Flávio Bolsonaro —derrotado en el balotaje presidencial frente a Lula— ingresó a la Argentina a las 22:50 del martes a través del puente internacional Tancredo Neves. Poco después, a las 0:21 del miércoles, despegó a bordo de un vuelo privado desde Puerto Iguazú con destino final en Estados Unidos, realizando una escala previa en Guayaquil, pese a que pesaba sobre él una orden judicial del magistrado del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, que le prohibía salir del país y le exigía la entrega de pasaportes.
En paralelo, un dato político clave sacudió la escena local: tal como informó la prensa, el asesor presidencial Santiago Caputo se encontraba en la provincia de Misiones durante la partida del senador. En plena madrugada del miércoles, un control policial interceptó a Caputo circulando en un convoy oficial perteneciente a la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) que se desplazaba desde Puerto Iguazú.
Ya instalado en suelo estadounidense, el legislador difundió una carta pública en la que agradeció explícitamente el respaldo logístico y político del presidente Javier Milei y de Donald Trump para concretar su salida. En el escrito inicial, el dirigente llegó a autoproclamarse como el "verdadero presidente electo" de Brasil y denunció presuntos fraudes electorales, desmarcándose incluso de la postura de su propio espacio político, el Partido Liberal (PL), que ya había reconocido la victoria de Lula.
Estrategia de bajo perfil en Planalto y deterioro bilateral
De acuerdo con fuentes del Palacio del Planalto, la convocatoria a la diplomática argentina forma parte de una primera respuesta prudente dentro de una estrategia de bajo perfil. Si bien en el entorno de Lula califican la presunta complicidad de funcionarios argentinos como un "hecho grave", la directriz oficial es no otorgarle una magnitud excesiva al conflicto ni brindarle al presidente argentino el escenario de confrontación política que presuntamente buscaría.
No obstante, el gobierno brasileño evalúa nuevos pasos a seguir en función de los avances que arroje la investigación oficial de la Policía Federal sobre la posible red de cooperación extranjera. Entre las alternativas en carpeta figuran la emisión de una nota a nivel ministerial y un eventual planteo formal que el canciller Mauro Vieira podría elevarle a su par argentino, Pablo Quirno, en el marco de la reunión de ministros de Relaciones Exteriores del G20. Por el momento, se descartó la intervención directa de Lula en esta etapa.
Este episodio profundiza aún más la crisis diplomática abierta el pasado 4 de agosto, cuando Brasil decidió rebajar el estatus de la relación bilateral debido a los reiterados cuestionamientos del mandatario argentino a autoridades del vecino país. Tras los recientes acontecimientos, desde Brasilia ratificaron que no existen "condiciones políticas" para el regreso del embajador Julio Bitelli a Buenos Aires, advirtiendo que la normalización plena de los vínculos diplomáticos demandará un largo plazo.